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martes, 23 de agosto de 2016

Una cascada seca, un pueblo medieval y caca por todas partes

Estos días tengo a mi prima de invitada en casa, así que, intentando ser una buena anfitriona, la llevo de aquí para allá a conocer una pequeña porción de esta comunidad maravillosa en la que vivo, Cataluña. Como guía turística soy nefasta, así que le cuento lo poco que sé y le digo que el resto, lo busque en Internet :-) Además, voy a sitios que yo tampoco conozco, así que... ¡a la aventura!

Ayer visitamos La Roca Foradada (agujereada) de Cantonigrós, un enclave en medio del bosque en la comarca de Osona. Es precioso, os lo recomiendo. Primero hay que llegar al pueblo de Cantonigrós, y una vez allí, pasar del GPS como de tu suegra, porque te lleva por un camino en el que el propietario, supongo que harto de que le toquen las narices, ha puesto este cartel:


"La Foradada, El GPS os engaña, Campo de Futbol"

Así que, directamente, busca el campo de fútbol del pueblo. Verás que hay un párquing dónde dejar el coche y a partir de ahí, empieza un sendero descendente por lo que antiguamente debía ser el mismo lecho del río. No es muy difícil, pero es pedregoso, asi que debes llevar calzado adecuado. Hacia el final, cuando te acercas a la poza, es más escarposo, pero hay unas barandillas de madera para ayudarte. Créeme, si lo pude hacer yo, lo harás tú sin problemas. La ruta corta son apenas 30 minutos; para los que están en forma, hay otro sendero circular que dura unas 3 horas.

Tramo final del sendero hacia La Roca Foradada

El sitio es muy bonito, lo que pasa es que como apenas ha llovido, la cascada estaba seca y la poza tenía poca agua. Sin embargo, estaba helada pero no gélida, así que me pude dar unos buenos baños, eso sí, con calzado de río, ya que el fondo está lleno de piedras.

Lo mejor de todo es que apenas había gente, en total menos de 20 personas, y se respiraba una paz y una tranquilidad ideales para relajarte. Eso si no vas con mis hijos, claro. Todo el mundo supo cómo se llamaban. También el nombre de mi perro, Stuart, que quería venir conmigo al agua pero no se atrevía. Además, como hay una semicircunferencia de paredes rocosas, hace eco, así que, si te tiras un pedo, se entera tu madre, que está haciendo ganchillo en su casa.






La Roca Foradada, con la cascada sin agua



La mañana transcurrió plácidamente y sin nada a destacar que no fuera descansar, gozar de la naturaleza, del agua, del sol y de un paseo por el río aprovechando que apenas llevaba agua. Como anécdotas, os puedo contar que, después de comer, estaba tumbada (hay toda una zona de piedras lisas perfectas para eso) intentando hacer una siesta, cuando un muchacho que debe hacer primero de solfeo empezó a "tocar" la flauta, y su amiga, que se debe creer por lo menos Adele, empezó a "cantar". Como os digo, se oye todo y amplificado, así que ni siquiera los podíamos criticar. Aparte de eso, mi hijo creyó reconocer a un chaval rapero al que sigue en YouTube, pero, con la vergüenza propia de los 14 años, no se atrevía a ir a preguntarle, así que, literalmente, lo arrastré y abordamos al grupo de chavales para averiguarlo. No era. Mi hijo no me habla.

Agujero en la pared, que da nombre al lugar
 
Perspectiva de la poza
 
Perspectiva de la poza  





  
Cauce del río

Sobre las 5 de la tarde decidimos marcharnos, porque queríamos ir a Rupit, un pueblecito medieval que hay muy cerca. El camino de vuelta es mucho más duro, porque es todo subida, así que yo acabé muerta. Además, llevo unos días que me duele una rodilla, con lo cuál, iba también medio coja. Hice el camino con considerable esfuerzo.

Ya en Rupit, que está apenas a 5 km, tienes que aparcar el coche en el párquing que hay a la entrada, porque la circulación por el pueblo está restringida. De todos modos, son 2 € todo el día, así que es totalmente asumible. Tenía alquilada una scooter eléctrica del día anterior, que estuvimos pateando Barcelona (bueno, yo "pateando" no :-) ), y menos mal, porque estaba ya sin fuerzas. Rupit es muy pequeño y se puede hacer perfectamente a pie, pero tiene cuestas y suelos empedrados, así que es dificil para las personas mayores, con movilidad reducida o con fatiga crónica como yo.

Panorámica de Rupit

Al lado mismo del párquing hay un bar-panadería, que se llama Forn de l'Era, ideal para hacer una parada y merendar. Tienen pan y pastas artesanos, todo buenísimo. También venden embutidos, que, para los que no sepáis, son típicos de la comarca de Osona y de excelente calidad, como el bull blanc o negre, la botifarra catalana, la botifarra d'ou, la llonganissa o el fuet. Después de eso, iniciamos el paseo por el pueblo, accesible con la silla, aunque un poco complicado por la irregularidad del terreno. Además, con ella no se puede acceder al punto de mayor interés, que es su puente colgante. El pueblo es precioso, parece que te teletransportas a otra época, conserva totalmente su encanto medieval en medio de un paisaje verde de ensueño. Fresquito, eso sí.

Puente medieval, Rupit

Rupit

Rupit


Casi no nos dimos cuenta y se nos hizo de noche. Tras fotografiar una puesta de sol espectacular, de vuelta a casa.

Puesta de sol en Rupit


Llegué sobre las diez y media, realmente agotada tras el sobreesfuerzo, coja, sofocada y necesitando una ducha igualito que mi hijo necesita el móvil. Me meto en la bañera, con Stuart, y empiezo a lavarlo. Mi hijo se sienta en el inodoro, Nintendo en mano, a hacer sus necesidades. No sé en vuestra casa, pero en la mía, el lavabo es comunitario y el concepto de intimidad, muy relativo. Cuando tengo al perro enjabonado, me doy cuenta de que la bañera no se traga el agua...

- J, ¿por qué no traga agua la bañera?
- No sé, qué raro... Tira de la cadena (a mi hijo)
- Pero papa, estoy haciendo caca...
- Ya, no pasa nada, tira...

Y tira. Y empieza a subir el nivel del agua del inodoro, con sus cacas incluidas, que el pobre tuvo que salir corriendo, con los calzoncillos en los tobillos y la Nintendo en la mano, que eso sí que fue la partida de su vida... le atacaban los marcianitos con armas de destrucción masiva... ¡ríete tú del Call of Duty! Yo, en la bañera, en bolas, con el agua por los tobillos, el perro enjabonado, mi hijo medio desnudo saliendo corriendo, J con la paleta de cocinar en la mano, agitándola que parecía que estuviera matando mosquitos... Situación Marca Yolanda total, vamos...

- ¿y ahora qué?
- Pues no sé...

J empieza a mirar por todas partes, a revisar qué pasa. Llamamos a los vecinos, a las once y pico de la noche... al de arriba: ¡tira de la cadena a ver qué pasa! ¡Mierda! y nunca mejor dicho... empezó a salir otra vez toda la caca por el inodoro, que no sólo salía por arriba, sino también por la junta del suelo... J concluye que no podemos utilizar el baño y tampoco lo pueden hacer los vecinos, así que hay que llamar a la cuba (desatascos, fosas sépticas, etc.) porque el atasco está en la tubería general, a la altura de mi piso. Mientras llega la cuba, recogiendo agua con la fregona sin parar, con una peste a mierda que tiraba para atrás... ¡qué asco por Dios!

No recuerdo nada más. Me tumbé en el sofá, sin duchar, y me despertó J a las dos de la mañana para que me fuera a la cama. Él había recogido y perfumado todo el baño y pagado casi 400 euros a los operarios. Supongo que que te saquen de la cama o de tus vacaciones para limpiar mierda ajena, tiene que cobrarse, pero, a ese precio, ni que la hubieran sacado aspirando con una pajita de la de los mojitos...

En fin, que si no me pasan este tipo de cosas, mi vida no sería mi vida.


viernes, 22 de julio de 2016

Cuestión de belleza

A mí, que soy una chica muy poco presumida, a veces me dan arrebatos como el de hoy: he ido a un salón de belleza a hacerme la pedicura y la manicura. Venga va, que es veranito y llevas los pies que parecen alforjas.

Llamo para pedir hora y, ya por teléfono, me sueltan una retahíla que no entiendo:

- ¿qué te quieres hacer?
- pedicura y manicura
- ¿la pedicura completa o sólo esmalte?
- completa
- ¿duricias incluidas?
- las duricias tendrían que ser excluidas, en todo caso... (risa floja)
- me refiero si quieres que te hagamos los pies completos... (tontadelculo)
- (yo creía que tenía los pies hechos) sí, sí, completo... bueno, ¿cuánto vale?
- ¿quieres esmalte normal o semipermanente?
- mmm ¿normal?
- entonces son 20 €... y ¿la manicura cómo la quieres? ¿de porcelana, de gel, normal, semipermanente? ¿de parafina? ¿francesa, americana?
- estooo... ¿pintadas?
- pffff... son 12 €... esta tarde a las cinco (madredelamorhermoso)
- vale
cling


Llego. Es una habitación aprovechada al máximo, dónde están trabajando a la vez cinco esteticistas. Por cierto, ninguna china. Llevan un uniforme cuco: mallas fucsia y camiseta negra con el nombre de cada una bordado en fucsia. Lástima de la mascarilla. El local también está decorado con gusto, con fotos de Marilyn Monroe tamaño póster. Todo es armónico, en tonos fucsia alegres, tonos que te incitan a ponerte guapa.

Me hacen sentarme en un sillón de la reina: empezamos mal. Es muy alto, a diferencia del que tengo al lado, que parece normal (dónde está sentada una adolescente monísimadelamuerte), por lo que me cuelgan las pantorrillas como butifarras. Aparte, no me cabe el culo. Me levanto varias veces, a ver qué es lo que pasa, y lo único que consigo identificar es que el sillón es estrecho y mi culo, gordo. Me embuto como puedo en el cuero negro, por cierto, ideal para el verano.

Viene Vero.

- ¿Hola qué tal? ¿Te doy los colores?
- ¿Ein?
- Los colores... para que elijas el color que quieres...
- ah...

Me da tres juegos de barillas con uñas de plástico, que debe haber por lo menos 100 colores distintos, ríete tú del Pantone, y se pone a trabajar en mis pies. A diferencia de todos los sitios dónde me he hecho la pedicura alguna vez, primero lima y arregla mis uñas, y me las pinta, y después, me quita las duricias para acabar con la crema y el masaje. Ella sabrá.

En el proceso, yo lucho para que no se me caigan las varillas Pantone de los cojones, que no sé qué color elegir, el móvil, que hace equilibrios en una pierna, el culo se me va para abajo, me resbalo, ¿puedes doblar la pierna?, sonrisaprofident, me entra una rampa, ay ay, espera, las varillas para el otro lado, se cuelan en el asiento, ¿puedes estirar la pierna?, hago fuerza para no empujarla y mandarla a tomar por culo de una patada en toooo eeeeel... que es lo que me queda a la altura del pie... que ¡¿a quién se le ocurre ponerle ruedas al chisme dónde tienes que apoyar los pies?! Me subo, me recuesto en el asiento, ¿puedes doblar la pierna?, jodeeeeerrrrrrrrrr, parezco el pequeño Buda... me levanta el talón y lo mantiene a pulso, mientras hurga en los socavones de mis talones... yo hago fuerza para que no sostenga el peso... ya sé, ¡es para que haga abdominales!, el culo se me vuelve a resbalar, ¡¡¡¡si es que no me cabe!!!!, ¿puedes poner el pie en agua? ¡la cabeza, te metía yo!

Miro a mi izquierda. La monísimadelamuerte está finamente recostada en su sillón, del que le sobra la mitad, por supuesto, y tiene su pie, al final de una pierna sexyquetecagas, elegantemente apoyado en el puf de los cojones, que parece una actriz de cine, la hijaputa. Su esteticista:

- ay, ¿te has hecho algo en las pestañas?
- no... es el rimmel
- ay nena, pues las tienes divinas... se te ven preciosas hoy...
- sí, es que cuando encuentras el rimmel que te va bien... (Sonrisa de satisfacción y pestañeo a cámara lenta. Mirada de reojo a su derecha: nocomotú).

Consigo rescatar las varillas y le digo a Vero ¡este!, el primero que he cogido. Para quitarme las pieles y duricias utiliza un artefacto que me recuerda a uno de los dentistas, un cilindro eléctrico que arranca polvo de mis pies, cuando lo notes caliente, me lo dices... ¿¿Cómo?? Vero sigue trabajando. Pone cara de notehashecholapedicuraentuputavida, pero aguanta estoica, sin decir ni mu. Cazo a Silvia, la esteticista de Miss Rimmel, mirando de reojo cómo trabaja Vero, y veo cómo se le escapa una sonrisita de jodernenavayamarrón. Pues sí, tiene trabajo, ¿y qué?

El ritual sigue: sube un pie, baja otro, vuelve a subir el otro, mételo en el agua, sácalo, mételo en la lámpara (de rayos violeta, supongo que para secar, nadie me lo explica), encoge la pierna, estira la pierna... culo p'arriba, culo p'abajo, que me dan ganas de decirle, ¡oye! ¡que tengo fatiga crónica! Ni que hubiera venido a un gimnasio... Y va poniendo capas y capas de esmalte: de color, transparente, de purpurina, una crema, un líquido... que cuando acabe no voy a poder caminar del peso extra.

Luego pasamos a las manos. Me lleva a uno de los mostradores, dónde se repite una operación similar a la de los pies: dame una mano, ponla en la lámpara, ahora la otra, quítala, vuélvela a poner, dame este dedo, no, así no, gira...  ¡Por Dios! Qué cansinismo. Al menos no me da conversación fútil o de marujeo, como suelen hacer muchas peluqueras y esteticistas. Se limita a trabajar en silencio y darme órdenes como una autómata, cosa que agradezco.

En un momento dado, entra en el salón la que realmente es monísimadelamuerte, desbancando a Miss Rimmel: una mujer de unos cincuenta y tantos, vestida con una especie de chilaba-pareo-batín estampado, con escote en uve hasta la ceñidísima cintura, dos tetas perfectas y morenas que se juntan peligrosamente, y falda con raja en uve invertida hasta casi la misma cintura perniciosa; abalorios, bolso y zapatos a juego, porsupuestísimo. Se sienta a mi izquierda. Lleva unas uñas de metro, de esas cuadradas, con manicura francesa, a mi entender, impecables: ¡fíjate cómo tengo las uñas! Si es que no tengo tiempo de nada... y se pone a contarle a la esteticista, Fanny, que dentro de tres semanas se opera de las tetas, que ya ha ido al anestesista y que se ha comprado los sujetadores nuevos, que está muy nerviosa, vete tú a saber si pasa algo, pero ¿qué va a pasar mujer?, no sé, ¿y si luego no me gusto?, ¿y tu marido qué dice?, nada... Ah. Tiene unas tetas talla 100, por lo menos, y dudo que lo que vaya a hacerse sea una reducción.

Vero sigue con sus capas y capas sobre mis manos.

Llega otra divine, aunque menos que Miss Tetas en Promesa, a esa no hay quién la gane. Viene con su hija (unos 6 o 7 años) y las dos parecen sacadas de un anuncio de Timotei... hoolaaa Ámbaaaar, saludan empalagosamente las esteticistas a la niña... ¿¿quién le pone a su hija de nombre Ámbar?? Sólo falta que cuando sea mayor se enrolle con un moscón (chiste fácil, lo siento)... Miss Timotei empieza a explicarles que ay, que está fatal, que lo hemos pasado psicológicamente muy muy mal, no te imaginas, porque es que mi Ámbar cogió piojos, por primera vez en su vida, y oye, qué mal... que menos mal que me hablaron de una peluquería dónde te quitan los piojos, y le han hecho un tratamiento natural y todo eso, y oye, me ha costado 110 euros, pero bueno... es que un poco más y me muero...

Miss Rimmel, por su parte, le está contando a Silvia que en su trabajo obligan a todas las chicas a ir peinadas con moño bajo y que los labios forman parte del uniforme, ya que tienen que ir todas con pintalabios rojo...

Y a mí me viene a la cabeza la canción de Burning, ¿qué hace una chica como tú, en un sitio como este? ¡¡¡¿A ver qué pinto yo aquíííí?!!!

Ya está, dice Vero. Mis uñas han quedado monísimas, la verdad.

Son 50 euros. ¿Cómo? Eso no es lo que me habían dicho por teléfono. Haciendo gala de mis mejores habilidades sociales, no digo nada, pago y me voy. Pero cuando la puerta se cierra tras de mí, me digo ¡qué cojones! ¡hay 18 euros de diferencia!

Así que vuelvo a picar al timbre. Abre Silvia:

- ¿te has olvidado algo? (sonrisaprofident)
- no, ¿puedo hablar con Vero?
- sí, claro... ¡Vero!
- hola... (caradesorpresa)
- una cosa... ¿me puedes decir cuánto vale cada cosa? Es que por teléfono me habíais dicho otro precio...

Y resulta que es que me ha puesto esmalte semipermanente, y no normal como yo había pedido, es que no lo he mirado, ah, pues es problema tuyo, tendría que haberle dicho yo, pero, dónde antes había un gallinero, ahora hay un silencio sepulcral; todas las divinas me están mirando con cara de nopuedeser, québochornoporDios... así que lo que le digo es tranquila, no pasa nada, es sólo por saberlo...  y pienso, bueno, si es semipermanente ¡será la hostia!, pregunto:

- y entonces este ¿cuánto dura?
- depende de la persona, pero entre 15 días y tres semanas...

¿¿¿Cómo??? uy sí, permanente de cojones. En dos semanas otros cincuenta euracos.

Que ya me has visto.

Que no es cuestión de belleza, ni de llevar las uñas perfectas en unos imperfectos dedos como morcillas. 

Que es cuestión de que, vosotras y yo, vivimos en un mundo paralelo.



martes, 14 de junio de 2016

Vivir en un cuerpo de segunda mano

Cierra los ojos. Imagina que acabas de terminar una mudanza. Has sacado, elegido lo que tiras y lo que guardas, protegido, envuelto y empaquetado todos tus enseres, objetos, muebles y electrodomésticos. Los has cargado, caja por caja, y los has metido en un camión. Luego, has llegado a tu nuevo domicilio y has repetido la operación, pero al revés: has descargado caja por caja, has desempaquetado, limpiado y colocado todas y cada una de los millones de cosas que guardamos en una casa. Todo el proceso te puede haber llevado tranquilamente de dos a tres días enteros (o semanas, o meses). ¿Puedes imaginar cómo te sientes? ¿Puedes notar cada uno de tus músculos y huesos, como si tuvieras agujas? ¿Puedes sentir un enorme peso que tira hacia abajo de tu cuerpo? ¿Como si te hubiesen atado una piedra al cuello o a los tobillos? ¿Puedes visualizar cómo, aunque estés muy ilusionado/a por estrenar casa nueva, y lo que más te apetece en el mundo es saltar y bailar, no puedes mover ni las pestañas? ¿Puedes? ¿Lo tienes?

Así es cómo me siento yo todos y cada uno de los días de mi vida.

Sin haber hecho ninguna mudanza.

Yo y millones de personas en el mundo.

Padezco una enfermedad que se llama Encefalomielitis Miálgica, Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) para los amigos. Es trilliza de otras dos: la Fibromialgia (FM) y la Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Las tres, junto con otras, pertenecen al grupo de Síndromes de Sensibilidad Central (SSC). Hay personas que padecen sólo una y otras que desarrollan las dos o las tres. Yo, por ejemplo, tengo SFC y FM, mucho más la primera que la segunda. Empecé a escribir este post al día siguiente de la celebración mundial de estos síndromes, esto es, el pasado 12 de mayo, ¡pero ya véis el ritmo que llevo! Mi objetivo es contaros en qué consisten y lo que supone para las personas que las sufrimos. A mí manera, claro, jajajaja... Si queréis leer algo serio, pinchad en este artículo, gracias al cuál he descubierto una cuarta enfermedad que pertenece al mismo grupo: la Electro Hipersensibilidad (EHS).

Bien. Para empezar, tenéis que saber que los SSC son todavía menos conocidos que los alumnos de Hufflepuff. Son "enfermedades raras"; de hecho ni siquiera tienen la categoría de enfermedad, por eso las llaman "síndromes". Es como cuando tienes un follamigo que pretende ir más allá. Y eso que, sólo hablando de SFC, hay unos 36 millones de personas afectadas en todo el mundo. Eso significa unas 234.000 en España y unas 38.000, en Catalunya. Si las ponemos todas juntas, llenamos dos Palaus Sant Jordi.

El caso es que se sabe muy poco. Parece ser que algo va mal en el sistema nervioso central, de manera que, sobre todo en mujeres que se creen superwomans, esto es, hiperresponsables, perfeccionistas, activas, que no delegan... (o sea, yo) y que han estado durante mucho tiempo forzando la máquina, esto es, trabajando demasiado, sometidas a estrés... (o sea, yo), el cuerpo, que va dando señales a las que no le hacemos ni puto caso, llega un día que dice "hasta aquí: si no me paras tú, te paro yo". Es como la frenada de emergencia, antes de que te pegues la hostia, tu coche supermolón se para. Además, parece bastante probable que ese botón se active a raíz de coger un virus chungo, en mi caso, el Parvovirus B19, que, ya sólo por el nombre, queda clarísimo que es un gran hijo de puta.

Y lo que parece ocurrir (todo está todavía en investigación) es que se jode tu sistema immunológico para, literalmente, evitar que te muevas. Acaban de publicar un estudio (consulta aquí y aquí) que demuestra que se produce una mutación genética (¡¡no me digáis que no suena chungo de cojones!!) (estoy notando que uso muchos tacos... jajaja.. perdonad... será que el tema saca lo peor de mí). En el caso de la FM, lo que ocurre es que el umbral del dolor cae por los suelos, de manera que te duele hasta el roce de los besos. En el SFC, es el umbral del cansancio, así que estás agotado todo el día. La SQM, la más rara de las tres, hace que seas intolerante a toda sustancia química, la verdad, no sé con qué diabólico objetivo, a no ser el de recluirte en una casa que parezca un laboratorio de investigación biológica. Es la más psicópata de las tres, sin duda. Sin embargo, esto es lo que pensaba hasta conocer a la cuarta, la EHS, que parece que lo que hace es que no toleres la radiación electromagnética. Si piensas que en lo único en que te puede afectar es en que no puedes usar el móvil y que tienes que calentarte el café con leche en un cazo, después de echar un vistazo a esta página y comprobar que estamos sitiados por campos electromagnéticos, coincidirás conmigo que sí, que la EHS es el Annibal Lecter de los SSC.

Cuando hace unos años empecé a notarme muy cansada y sin ganas de nada, lo achaqué al estrés, el trabajo, los niños... sin embargo, la fatiga que notaba iba más allá de sentirme estresada y, como era primavera, lo primero que pensé es que tenía astenia primaveral. Así que me tomé un chute de esos de vitaminas que llevan de todo y la verdad es que, casualidad o no, mejoré. Pasaron los meses, y volví a notarme muy cansada. En agosto del año siguiente me fui unos días a Roma y los 40 grados a la sombra que hicieron no me ayudaron a disfrutar precisamente de la ciudad. A pesar de que me enamoré de ella, me sentí literalmente exhausta. En septiembre, cuando vi que no podía lavarme el pelo ni los dientes sin hacer pausas, empecé a pensar que algo iba realmente mal. Consulté con la doctora de cabecera y empezó el largo peregrinaje por el que pasamos estos enfermos.

Estos síndromes no tienen pruebas ni analíticas que los detecten, así que se llega a su diagnóstico por descarte: que no tengas artritis, que no tengas un cáncer, que no tengas anemia, que no tengas depresión, que no te lo estés inventando. Para eso es necesario visitar muchos especialistas y realizar muchas pruebas y esto, como en todo, es una lotería. Yo me siento afortunada, creo que caí en buenas manos y el diagnóstico acertado "sólo" tardó en llegar un año y medio y la consecuencia más grave del proceso fue estar sometida a un tratamiento con corticoides que me hizo aumentar 15 kilos de peso en un mes y medio. Sin embargo, hay muchas personas que tienen la desgracia de ser atendidas por profesionales que desconocen estas enfermedades, o, peor aún, que no se las creen, por lo que, después de tenerlas dando vueltas por diferentes servicios durante años, se concluye que todo lo que tienen es "psicológico". Y no digo que no haya afectación psicológica, por supuesto que la hay. Pero no es la causa, sino la consecuencia.

Y es que, lo peor de estos síndromes, sin dudarlo, es la incomprensión. ¿Que estás cansada? Claro, yo también. Venga, va, déjate de rollos. O te critican por la espalda, qué vaga, qué caradura, dice que no viene a trabajar porque está cansada... O, en el mejor de los casos, venga, mujer, tú lo que tienes que hacer es animarte, ponte guapa, sal, vete a pasear, al gimnasio...

Que no. Que no os enteráis. De nuevo, yo me siento super afortunada en ese sentido. Tanto J, como mis hijos, ¡mis padres! que seguro que no entienden una mierda de lo que me pasa, como el resto de mi familia, amigos, compañeros de trabajo, jefes... todo el mundo a mi alrededor parece entenderme o, al menos, no me juzga. ¡O al menos, no a la cara! :) Qué difícil tiene que ser para esas personas que no tengan lo mismo que yo.

Pues no, señores. No somos vagas, ni locas, ni jetas. Estamos enfermas.

Enteraos bien: tener fatiga crónica es vivir en un cuerpo de segunda mano.

Tengo 45 años, pero me siento como si tuviera 80.

A menudo las piernas no me sostienen, como si fuesen de Blandiblú. El cuerpo me pesa y me siento débil, sin fuerzas. Si además le añadimos el problema del sobrepeso que tengo, evidentemente no ayuda.

No puedo dar largos paseos; a veces, ni cortos. No puedo hacer ejercicio, de ningún tipo, salvo Tai Chi, Yoga, Pilates y mariconadas de esas, dicho sea con cariño. No puedo correr si se me escapa el autobús, o caminar más deprisa si voy tarde. No puedo ir en bici con mis hijos, ni jugar a según qué. No puedo ir de excursión con mi familia. No puedo estar todo un día de compras en un centro comercial. No puedo bailar. Cuando voy de viaje, no puedo patear la ciudad como si nada, tengo que ir a ritmo Imserso. Si hago un exceso, tardo más de tres días en recuperarme y me salen herpes labiales a causa de la febrícula.

No puedo hacer las tareas domésticas. No puedo hacer ni grandes ni pequeñas limpiezas. A veces tengo que usar una silla para cocinar.

Me duele todo. Si me abrazan o besan con fuerza, me duele. Si me aprietan el brazo o la mano, me duele. No puedo tener relaciones sexuales con normalidad: me fatigo, me duele.

No puedo sostener el teléfono de la ducha, ni lavarme el pelo, ni los dientes, ni peinarme o maquillarme sin hacer pausas. Además, teóricamente, para prevenir no desarrollar la SQC, no debería usar perfume, ni desodorante, ni maquillaje, ni cremas, ni hacerme mechas en el pelo, ni usar lejía, insecticidas, lavavajillas, etc etc etc. No hago nada de todo eso, y a lo mejor un día tengo que arrepentirme.

Cuando me levanto por la mañana, ya estoy cansada, sin haber hecho otra cosa más que dormir. A lo largo del día no mejora. Si acaso, empeora. Si hago una siesta porque ya no puedo más, algunas veces me levanto mucho peor de lo que me acosté, con esa sensación de resaca chunga, yo, que no pruebo el alcohol. De verdad, creedme: el descanso no sólo no mejora el cansancio, sino que muchas veces lo empeora. Así de hijaputa es esta enfermedad.

Duermo fatal, me despierto muchas veces a lo largo de la noche, así que el sueño no es nada reparador. Vamos, lo ideal para recuperar fuerzas. El otro día leí que podemos despertarnos hasta 100 veces en una noche, ¿os lo imagináis?

Tengo el termostato roto, así que siempre voy un par o tres de grados desfasada respecto a los demás: cuando hace calor, tengo más calor; cuando hace frío, más frío. Esto va de coña cuando trabajas en una sala común con más personas. Y muchas veces tengo fiebre (poca), dolor de cabeza o se me inflaman los ganglios linfáticos.

Por si todo esto fuera poco, la fatiga también es mental. Me cuesta concentrarme. Me cuesta razonar, poner en orden mis ideas, analizar, sintetizar, resolver, planificar. Me olvido de las cosas. Dependo total y absolutamente de la agenda. En los días peores, hablo de manera torpe, no me salen las frases ni las palabras, quiero nombrar un objeto, un lugar, y su nombre no acude a mis labios, o digo un nombre por otro. A veces estoy leyendo y no soy capaz de retener o entender lo que leo, tengo que releer las líneas una y otra vez. Sé que estaréis pensando, sobre todo si ya tenéis cierta edad, oye, ¡eso también me pasa a mí! No. No se trata de simples olvidos o lapsus. No se trata de falta de atención. Se trata de una incapacidad mental significativa y creciente. Yo, que trabajo básicamente con mi mente. Yo, que me paso el día recogiendo información, analizándola, relacionándola, sintetizándola y plasmándola por escrito. En mi trabajo, donde el volumen es tan asfixiante, que hay que trabajar bien, pero deprisa. A mí, que me gusta tanto escribir. ¿Os imagináis lo que significa eso para una perfeccionista patológica?

Por otra parte, las perspectivas no son buenas. Por el momento no se conoce tratamiento efectivo. Calmantes para el dolor y un jarabe concentrado de paciencia. Porque no hay nada que pueda hacer para estar menos cansada. Te jodes y punto. Como he dicho, ni siquiera el descanso es reparador. Apoyo psicológico si lo necesitas. Ejercicio muy suave si lo toleras. Como mucho, se pueden hacer cosas para no aumentar el cansancio, como seguir unas buenas rutinas de sueño y alimentación, no hacer esfuerzos... Tengo una pequeña esperanza puesta en el desarrollo de la investigación. Si han identificado una alteración genética, es de esperar que puedan encontrar alguna vacuna, medicación, operación o qué sé yo. ¡Que me den una descarga eléctrica y me frían los genes!

Me afecta al estado de ánimo. A menudo me siento muy irritable, ¿no os pasa cuando estáis cansados? Triste, impotente. ¿Cómo no? Es dificil aceptar las limitaciones. Que ya no puedes hacer lo que hacías. Es difícil vivir con un dolor continuo, continuamente cansada. Es dificil responder las preguntas de tu hija, aceptar sus sentimientos de frustración, lidiar con su angustia (errónea) de que te vas a morir por esta enfermedad. Es dificil aceptar que no eres eficiente en tu trabajo y que cada vez lo serás menos. ¿Cómo afronto el proceso de oposición en ciernes? Se me hace un mundo. ¿Cómo será mi vejez, si ahora ya me siento una anciana?

Pero, eh, ¡hay tantas cosas que puedo hacer! Puedo tomármelo, la mayoría de las veces, con humor. Puedo reir, puedo amar. Puedo soñar, puedo imaginar. Puedo acariciar, puedo besar. Puedo nadar, un rato. Bailar suave. Puedo compartir con amigas, salir a cenar. ¡Puedo seguir trabajando, a pesar de las dificultades y las limitaciones! Puedo cantar, puedo escribir, puedo leer. Puedo emocionarme e ilusionarme como cuando era niña. Puedo mirar a mis hijos ¡sin cansarme nunca! Puedo hacer pequeñas cosas, como pasear sentándome a cada poco, barrer, cocinar, hacer la cama. En los días buenos, puedo hacer pequeñas excursiones. Hace poco he probado a utilizar una silla de ruedas eléctrica, un fin de semana que he estado en Port Aventura. Aunque mi primera reacción fue llorar de tristeza e impotencia, sé que es mi futuro y una buena solución.

Así que, bueno, puede que viva en un cuerpo gastado, con una mente gastada, pero, en todo caso, ¡soy y seré una abuela marchosa! Porque lo importante es la actitud y de eso, a mí me sobra (casi siempre). Y no menos importante es tener al lado a una persona maravillosa que te cuide y te comprenda, sin reservas. Como J. Lo siento, fatigadas y fibromiálgicas del mundo: es mío. Y no lo comparto (el egoísmo viene de serie, jajajajaja).

jueves, 19 de mayo de 2016

¿Me permites?

- ¿Me permites?
 
Me miras. Stop! Dale al pause, ¡congela esa imagen!

Maaaal. Has empezado mal, chaval. Me has mirado con cara de ¿en serio te vas a sentar a mi lado, vacaburra?

Tú, con tu camisa de Pedro del Hierro, tu reloj de esos modernos de ahora, que no sé cómo se llaman, pero que seguro que te avisa de cuándo tienes que ir a cagar y te dice el peso y la composición de la mierda, finalizando con un mensaje de Hi, Mr. Gilipollas! En el día de hoy deberías comer más semillas de chía. Cindy, tu entrenadora personal, who loves u so much.  

Tú, pequeño y delgado, con las uñas impolutas de manicura cara, tus cascos último modelo sobre la calva reluciente, (lo siento, chaval, ni el dinero puede evitar que se te caiga el pelo) y un cuerpo que dice: eh, mira, nena, que voy al gym!! 

Tú, me miras perdonándome la vida, como si te hubiera hecho una gran ofensa por pedirte que levantes tu culo de pijo de mierda para sentarme en el último asiento libre del bus. Suspiras. Cierras el periódico con parsimonia. Coges, despacio, la mochila negra que descansa en "mi" asiento, me vuelves a mirar como diciendo really? A lo mejor es eso, ¿será que lo que te fastidia es tener que poner la mochila en el maletero de arriba, sola y desangelada? ¿Qué llevas en esa mochila? ¿Miles de euros? Un Ipad seguro. ¿Documentos importantes en los que le jodes la vida a otros? Porque tienes cara de eso, de ser un jodedor. Si no quieres que te molesten, ve a trabajar en tu Audi, o, en el peor de los males, siéntate en el lado de la ventana, imbécil.

Por fin te levantas. Yo, digna, no digo ni mu, cuando debería sacarte los colores delante de todo el bus. Total, ya los tengo acostumbrados a hacer el ridículo. Pero hoy estoy muy cansada; sólo son las 7 de la mañana y ya me siento agotada. Así que me acurruco junto al cristal y pienso en estarme quieta, solamente en no moverme. Rozo tu pierna sin querer. Te remueves inquieto y... ¡ahora sí que la has cagao chaval! pero de verdad... Haces un ruidito de esos de chst, un chasquido de fastidio, de ¡joder con la vacaburra! Bufff... Acabas de despertar la bestia parda que hay en mí. Porque soy intolerante a la prepotencia. No alérgica, sino intolerante. Vamos, que puedo morir a tu contacto. ¿Quién mierda te has creído que eres? Para empezar, me he adelgazado 12 kilos ya, así que por fin ocupo un asiento sin rebosar; si quiero, ni te toco. Segundo, huelo bien. Me gustaría, de hecho, me-en-can-ta-rí-a, que te tocase al lado Mr. Pig. Tercero, mi ropa es tan digna como la tuya, aunque valga una quinceava parte; frase que podemos aplicar perfectamente a la inversa respecto de muestros cerebros.

Imbécil. Me has cabreado. Así que paso al ataque.

Podría no tocarte, pero te toco. Abro mis piernas, de manera que todo mi muslo roza el tuyo. Bajo el culo al borde del asiento, apoyo la cabeza en el respaldo, como si me dispusiera a dormir. 

Otro chst. Bien. 

Ay no, qué incómoda...  me vuelvo a mover, abro más las piernas para coger la bolsa de la comida, que tengo en el suelo. La pongo en mi regazo y empiezo a buscar algo imaginario dentro, abriendo todo lo que puedo el codo izquierdo. Te molesto y lo sé. 

Otro chst. 

Cierras el periódico. Vuelvo a dejar la bolsa en el suelo, abriendo otra vez las piernas todo lo que puedo, y empiezo la misma operación en el bolso, concienzuda, como si me fuera la vida en encontrar algo que no encuentro. Me quito el pañuelo del cuello y lo pongo encima del bolso, igual que un montón de cosas que empiezo a sacar y a colocar desordenadamente entre mi regazo y el tuyo. No te puedes imaginar todo lo que llevamos las mujeres en el bolso, cabrón. Mi codo, en ángulo de 90 grados, dándote en el brazo; el asiento, lleno de cosas; me muevo sin parar... me llevo la mano a la boca en un gesto de ¡oh Dios mío! que en realidad me sirve para ahogar una sonrisa de triunfo.

Tú sigues con tus chst, que se te va a hacer un nudo la lengua, pero eres incapaz de decir nada, porque eres un pasivo agresivo de mierda, lo que yo decía, un jodedor. Consultas tu Iphone, seguramente para saber cuántos minutos de tortura te quedan junto a la vacaburra. Empiezo a guardar las cosas, despacio, yo no tengo prisa. El móvil se me enreda en el pañuelo y se cae al suelo, entre tus pies. Te juro que se me ha caído, pero me alegro. 

- Uy, perdona... (sonrisa hipócrita, que también sé hacerlas). 

Me acuesto sobre ti, intentando cogerlo, aunque obviamente no puedo. Me fulminas con la mirada, pero te obligas a esbozar una mini y tirante sonrisa. Bien, aún te queda un resquicio de socialización. Te tienes que levantar al pasillo mientras yo me tumbo en tu asiento para alcanzar el móvil, contaminando todo tu espacio de mis gérmenes infectos. He despertado todas tus ansiedades. Te pasas el resto del trayecto sorbiendo por la nariz. Re-al-men-te-o-dio-e-so. 

Llegamos a la parada y, cuando ves que cojo la bolsa, por supuesto abriendo mucho las piernas y los codos, te levantas otra vez para dejarme salir. Paso por tu lado y puedo notar toda la energía negativa que desprendes. Estoy tentadísima de pisarte, como colofón a nuestro íntimo viaje. Pero soy más educada que tú. Bastante más.

Son las 7.30 h de la mañana y te he puesto de los nervios. Te jodes. La próxima vez, me permites y punto. Yo, en cambio, me voy con una sonrisa a trabajar.




miércoles, 16 de marzo de 2016

La silla en la cocina. Parte final.

Tiene los ojos cerrados. Piensa que tal vez así no pueda seguir entrando el dolor desde fuera, aunque tampoco se va el de dentro. Está sentada en el primer banco de la Iglesia, el reservado para los familiares más allegados del difunto. Por ley de vida, sabía que algún día estaría sentada ahí. Lo que no esperaba es que fuera tan pronto, ni en esas circunstancias.

Con las manos sobre el regazo, la cabeza le da vueltas. No sabe lo qué siente. ¿Pena? ¿Lástima? ¿Dolor? ¿Alivio? En uno de esos pensamientos absurdos que tenemos a veces las personas en situaciones críticas, visualiza a los personajes de la película Del Revés (Inside Out) en su cabeza... ¡menuda pelea deben estar teniendo! Y se le escapa una leve sonrisa. Inadecuado. Marta, contrólate. Quién quiera que sea el personaje encargado del control, va a tener que hacer horas extras. Porque de lo que verdad tiene ganas, es de levantarse, saltar, romper cosas, chillar hasta quedarse afónica... ¿Quién sabe? Quizá no estaría tan fuera de lugar... Pobrecilla, dirían, está loca de dolor... no es para menos...

La Iglesia está llena de gente. La mayoría han ido para acompañarla en estos terribles momentos. Otros muchos, como homenaje a su madre. Unos pocos, muy pocos, por su padre. El cura va soltando su letanía, una retahíla de palabras que no le llegan, que no escucha. ¿De verdad existe Dios? Quedan pocos argumentos que la convenzan de ello. Ninguno, de hecho. Cuando acaba el funeral, se pone en pie. Ve desfilar rostros y rostros por delante suyo sin reconocer a nadie. Le dan el pésame, lo siento... te acompaño en el sentimiento... cuánto lo siento, de verdad... tienes que ser fuerte... un beso en la mejilla, un apretón de manos... Se siente mareada. Sólo quiere salir corriendo de allí.

Y lo hace. Con la mente. Mientras sigue dando la mano como una autómata, sin saber a quién lo hace, recuerda una escena de su biografía. Es domingo. Su madre lleva puesto un vestido estampado de margaritas amarillas, muy desgastado, pero que la hace preciosa. Está sentada en la hierba, luce un sol espléndido y el viento hace bailar sus cabellos. Está sonriendo. Ella está tumbada en la áspera manta de cuadros, con la cabeza en su regazo. Le acaricia el cabello, con esas manos que sólo las madres tienen. Ambas contemplan a su padre intentando pescar truchas en el río. Está desenredando el sedal cuando se pincha con el anzuelo en el pulgar. ¡Au!  Se chupa el dedo instintivamente mientras les dedica una amplia sonrisa y se encoge de hombros: ¡qué torpe soy!  De vuelta a casa en el viejo 600, se tumba en el asiento de atrás y cuenta las farolas que ve pasar del revés por la ventanilla. En el coche suenan rancheras de Rocío Durcal o rumbas de Los Chunguitos. Eran tiempos felices.

¿En qué momento su familia bajó a los infiernos? Su padre siempre ha sido una persona machista, pero es que se ha transformado en un monstruo. ¡Tantas veces le dijo a su madre que denunciara! Si se hubiera ido a vivir con ella, nada de esto habría pasado. No puede entender cómo hay mujeres que lo aguantan cada día de su vida. No le cabe en la cabeza. Su madre es una persona humilde y sin estudios, pero inteligente. ¿Por qué se ha dejado tratar así?

Mario la coge de los hombros y la conduce suavemente a la salida. Se sube al coche de lujo que las funerarias ponen para estos casos. Todo un cortejo de buitres que hacen la danza del Euro... perdone, señorita, sé que son momentos muy duros, pero tendría que elegir qué tipo de ceremonia quiere... ¿cómo quiere los recordatorios?... ¿le parece bien este poema?... tendría que elegir también las flores, sólo le entran dos coronas pequeñas, el resto son extras... también el ataúd, ¿quiere mirar el catálogo? Le aconsejo este modelo, es el más confortable... ¿Confortable? Si no fuera por lo trágico de la situación, le daría la risa... Por suerte, todo ha acabado.

Por hoy.

En el trayecto a casa, apoya la cabeza en la ventanilla y mira las farolas de la autopista pasar. Como cuando era niña. Saca el móvil del bolso. 128 Whats App. No tengo fuerzas para leerlos. Seis correos electrónicos, uno de ellos, del abogado. Lo abre. Básicamente le dice que la cosa está difícil, pero no imposible. El fiscal, seguramente, pedirá la pena mínima por homicidio: diez años. Es su trabajo. Él, por su parte, solicitará la absolución. No en vano concurren varias eximentes: trastorno mental transitorio, defensa propia y miedo insuperable. Nadie puede culparla. Se cansó de tener miedo. Se defendió. Pero, de momento, su madre tiene que seguir preventiva en el centro penitenciario Alcalá de Guadaira. La maquinaria judicial sigue su curso.

Mañana irá a visitarla. Empieza para ella una nueva y difícil vida, en la que va a tener que vivir con el hecho de haber matado a su marido. No todas las mujeres maltratadas tienen la misma suerte.