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lunes, 30 de marzo de 2020

Que dicen los psicólogos...

Que dicen los psicólogos que para llevar mejor el confinamiento hay que mantener una rutina, estar ocupado y procurar estar con los niños. Dicen que hay que teletrabajar mientras ellos duermen, así que me levanto a las cuatro de la mañana para adelantar. He tenido que llamar tres días al servicio técnico porque el puto portátil no se abre, que me dicen que es porque no meto bien la contraseña, insinuando que igual es que estoy dormida. A lo mejor el que está dormido es el ordenador, que yo me sé de memoria la puta secuencia de letramayúsculaletraminúsculanúmerossímbolosperounosíyotrosnoyquenosealaqueusasparatodo. Que lo que no acabo de entender es lo que me dice el técnico que tengo que añadir, algo así como “cagonturutamadre” que yo ya pruebo a ponerlo, pero no sirve de nada, el portátil sigue bloqueado. 

Intento trabajar hasta más o menos las ocho de la mañana, aunque a veces me sorprendo con la cabeza en el teclado babeando como un bóxer. Desayuno, me visto y saco al perro, que al principio molaba y me sentía envidiada, pero ahora ya no me hace ni puta gracia, y al perro menos. Que ayer cuando fui a ponerle la correa me lo encontré con un letrero entre las patas que decía “cagonturutamadre”, que digo, ¡hostia! ¡La misma contraseña que me dice el técnico! ¡Qué listo es este perro, coño! 

Cuando vuelvo despierto a los niños y me meto en la cocina. Con una mano les hago un zumo de naranja (que los veo muy amarillos o muy blancos, no sé bien, pero nada saludables), mientras con la otra mano me depilo las piernas y las ingles, que a las diez hay quedada vecinal en el balcón para tomar el sol. Me pongo un bikinitanga fosforito, que es el único que he encontrado perdido por los cajones, y salgo a la terraza con una pamela, gafas de sol y un mojito. Que me acabo de tomar una magdalena, pero leí en algún sitio que los batidos verdes son supersaludables y desintoxican, así que digo yo, que ya que no puedo ir a comprar verdura, la menta del mojito será lo mismo, ¿no? Por lo de compensar la magdalena.

Fuente: cuidateplus.marca.com
Cuando más a gustito estoy, impregnándome de Lorenzo, se me enciende un clic en el cerebro: ¡a las diez y media tengo un meeting con mi jefe! Me meto rápidamente en casa y tengo el tiempo justo de ponerme una camiseta y medio peinarme. Intento entenderme con él entre los bailes del Wifi, que va más lento que un caballo de mármol, y mis hijos, que pasan como 537 veces por detrás de mí, tirándose de los pelos, sacándose mocos, depilando al perro, haciendo un Tik-Tok… yo, dientes, dientes, como la Pantoja. Cuando acabo, me levanto y le regalo a mi jefe un primerísimo plano de mi toto rosafosforito, adornado con algún pelo rebelde que ha quedado por ahí… ¡hostia, pensaba que ya había colgado! ¡¡Perdón, perdón!! Que para arreglarlo me doy la vuelta, enseñándole un zoom de mi culo en tanga, por si le había quedado alguna duda viciosa. Por fin atino a apagar el portátil. Espero que esta pandemia dure hasta el 2.537, porque a la oficina no puedo volver.

Los niños me reclaman, es la hora del cole. Se conectan a las plataformas esas del mudel, dudel o cómo se llame mientras se supone que yo voy a seguir trabajando. Me quedo muerta cuando veo todo lo que tienen que hacer, que van a acabar los deberes cuando Heidi sea mayor de edad. Mamá, mamá, cómo se hace una ecuación de segundo grado… mamá, mamá, qué tienen en común un sistema piramidal y una economía androgénica… mamá, mamá, yo no sé dibujar, esto no me sale… mamá, mamá, que tengo que hacer una presentación, editarla, comprimirla y enviarla por Wetransfer… ¡Me cago en mi puta vida! A ver niños, vosotros poned a todo que sí. Es momento de levantarse a por un Bacardí con Cola.

Mientras los niños acaban sus deberes y yo mi cubata, reviso el móvil. Tengo como tres billones de wasaps, videos, audios y presentaciones por WeTransfer sobre el puñetero Coronavirus. Que dicen los psicólogos que hay que saber distinguir entre la información veraz y los bulos. Comprobar todos esos mensajes me llevaría más que a mis hijos los deberes. Así que me quedo con lo que más me mola y acabo antes.

Es mediodía y por tanto la hora de la cervecita mientras preparo la comida. Empieza a sonar música a toda hostia en la calle, mi vecino del cuarto, que a las doce y media hace festival infantil. Bailo el Chuchua Chuchua, el Joan Petit quan Balla y el Baby Shark, en tanga y sin mis hijos, que dicen que ya están mayores para esto, cuando me doy cuenta que el vecino de en frente me está grabando con el móvil. Cae otra cerveza. Menos mal que no tengo que salir de casa, porque empiezo a estar mareada y se me cierran los ojos.

Después de comer me tumbo un rato en el sofá… oye, que como no tenemos nada que hacer… qué sueñito tan rico… Me despierto exactamente tres minutos después, con los gritos de mis hijos peleándose por a quién le toca jugar al Fortnite. Me recuerdan que es la hora del juego o la actividad en familia, ¡¡¡mamaaaaaaaa, lo pone en el horario de la neveraaaaa!!! ¡¡Putos psicólogos!! Jugamos al Monopoly, un juego rapidito. Me pegan una paliza que no veas, casi tengo que hipotecar hasta el perro. Hablando del perro, ¡coño, que lo tengo que volver a sacar!

Me visto, que aún estoy en tanga. Saco al perro después de sobornarlo con tres galletas y aprovecho para ir al súper a comprar algo de pescado para la cena. Una cola que ya la quisiera el cuponazo de la ONCE, tres metros y medio entre cada persona, y la encargada del súper que va dejando entrar cuatro personas cuando salen otras cuatro. Estoy por preguntarle si tiene langostinos, porque nos va a dar Nochebuena aquí. Me sudan las manos por los guantes, me agobia un montón la mascarilla y estoy criando pollos en los sobacos con el plumas, que hace más calor que en el despacho donde interrogaron a Sharon Stone en Instinto Básico.

Que dicen los psicólogos que mejor que no estemos en pijama y con el moño mal hecho, que eso afecta el estado de ánimo. Así que cuando por fin llego de la compra, me ducho, me redepilo entera, me quito pelos de las cejas con las pinzas, me pongo una mascarilla antigranos, me aliso el pelo, me maquillo, me perfumo y me visto como una persona medio decente. Oye, pues es verdad que esto anima, ¡mira qué mona estoy! ¡¡¡Mamá, mamaaaaaaa, que es la hora del ejercicioooo!!! Creo que me he equivocado en el orden de algo. Mamá, no se puede beber cerveza mientras haces bicicleta… Tampoco se puede hacer con tacones y lo estoy haciendo, cállate niño.

Son las ocho. Salimos al balcón, a aplaudir por los sanitarios, por los bolicías, por los del shúperr, bor las señiiorasss de la limpieza, por lossshh bomberos, bor los niñiiosssh, bor losssh aguuelosssh, bor lossshh que ssshhe quedannn en casaaaa!! ¡¡Oshh quiero, vecinossshh, coñiiio!!! ¡Mamá, por favor! Mi vecino del cuarto pone otra vez la música, es hora de la disco: resistiré, la vida es un carnaval, vivir la vida, color esperanza, la canción del coronavirus y otras mierdas de esas, que dicen los psicólogos que hay que dar mensajes positivos. ¡Estoy que me salgo con tanta positividad! ¡¡Reboso positividad!! Puta vida.

Las nueve: hora del telediario, que hay que estar informada. Es más triste que Enrique y Ana cantándole a Calimero. Me pongo a llorar como si no hubiese un mañana… tranquila mamá, todo irá bien… si mamá, tutto andrá bene… Que dicen los psicólogos que nosotros somos los fuertes y tenemos que dar ejemplo para que los niños se sientan seguros. Apago la tele, me repongo como puedo y ¡mierda! Si no he preparado la cena… Preparo porquerías rápidas varias, mis hijos encantados. Mientras cenamos: mamá, mañana quiero que hagamos cup cakes, ¿vale?... ¡pues yo quiero que hagamos plastelina!... vale, y luego vamos un rato al parque… niños, sabéis que no se puede ir al parque… mamá, tienes los ojos rojos… venga, ¡todo el mundo a la ducha y a dormir! 
Dos horas después consigo que estén dormidos o, al menos, metidos en la cama sin dar por culo. Vuelvo a sacar al puto perro (ambos nos miramos con la misma cara de odio). Al volver me siento en el sofá. Estoy derrotada. Y las pintas ni os las explico. Sigo viendo el telediario desde dónde lo había dejado mientras reviso el wasap y lucho contra mis párpados. No puedo más y me tengo que levantar en cuatro horas a trabajar. En el grupo de Las Chupipandis:

Laura: chicas, ya me he acabado Vivir sin Permiso, ¡me ha encantado! ¿Qué serie me recomendáis ahora? Pero una que sea de maratón, eh?
Sonia: pues yo estoy enganchadísima a La Reina Roja. ¡Desde que empezó el confinamiento ya me he leído 13 libros!
Merchi: mírate Bates Motel, ¡está genial! Pues a mí me ha dado por la limpieza a fondo. Estoy dejando la casa como la patena!
Laura: ya, es que mola tener tanto tiempo libre eh?
Sonia: oye, qué estáis haciendo para colaborar? Yo me he apuntado a la bolsa de voluntarios del Ayuntamiento. Que dicen los psicólogos que hay que ser solidario, que eso nos hace sentirnos útiles y nos ocupa el tiempo.
Merchi: a mí es que me da miedo salir… igual me pongo a hacer mascarillas.

Pedro Sánchez está moviendo los labios en la tele… ¿qué dice?

“(…) el estado de alarma se alargará al menos hasta el 13 de abril (…)”

Yo: chicas, es cierto que se alarga esto hasta el 13 de abriiiiillll???
Sonia: sssiiii (emoticono de llanto) y dicen que igual hasta el 26 de abril
Merchi: uy, yo he oído que hasta verano!!

Mecagonmirutavida.


(esta no soy yo, pero podría serlo perfectamente 😂😂)


domingo, 15 de marzo de 2020

Sobrevivir al confinamiento sin morir en el intento


Ante las circunstancias extraordinarias que estamos viviendo por la pandemia del Coronavirus, hoy os escribo de forma seria y desde mi profesión como psicóloga. En España se ha decretado el Estado de Alarma y se nos obliga al confinamiento en casa para frenar el contagio del virus y en consecuencia el número de muertes y el colapso del sistema sanitario. Eso obliga a reorganizar dinámicas y rutinas en las familias y a una convivencia forzosa durante 24/7 a la que no estamos acostumbrados. Por eso me permito daros una serie de recomendaciones para sobrevivir al confinamiento y no morir en el intento.

Asume que no estás de vacaciones. 

Las vacaciones son un periodo de cierto libertinaje, en el que “vagueamos” voluntariamente y aprovechamos para descansar y parar la estresante rutina del día a día. Así, es muy fácil pensar en pasar este confinamiento forzoso como si fuesen unas vacaciones, durmiendo hasta tarde y alargando la madrugada viendo series, en pijama y comiendo mal y a deshoras, total, “no tenemos nada mejor que hacer”. Pero es muy probable que al tercer o cuarto día te hayas agobiado, se cambiarán tus ritmos circadianos y puedes tener sensación de tedio, además de que, cuando la situación se normalice, te costará mucho más volver a la rutina. Eso por no hablar de que, a diferencia de cuando estás de vacaciones, no tienes plena libertad para entrar y salir de casa ni para hacer muchas actividades.

Por eso es importante intentar llevar una vida, dentro de lo posible, que te garantice rutinas y ocupación. Levantarse a una hora prudente, mantener ciertas rutinas en horarios y comidas, y distribuir el día en diferentes actividades, que deberían incluir: tareas domésticas, higiene personal, ejercicio físico, estimulación cognitiva (leer, escribir, estudiar, hacer sudokus…) y ocio personal y familiar. Si teletrabajas, delimita un horario para hacerlo como si estuvieses en la oficina. De lo contrario, corres el riesgo de trabajar demasiadas horas o no estar haciendo al cien por cien ni unas cosas ni otras. Igualmente, es importante diferenciar las rutinas del fin de semana de las de entre semana.


Con niños pequeños.

Si tienes niños pequeños, el confinamiento puede convertirse en una auténtica tortura, y salir “un momento” al parque, la montaña o la playa, algo muy tentador pero que no debes hacer. Vas a tener que dedicarles tiempo y poner a prueba tu creatividad ¡y tu paciencia! Organiza su tiempo y sus rutinas, intenta mantener sus horarios, ponles tareas de tipo intelectual (leer, dibujar, deberes…), juega con ellos, mirad películas juntos, haz manualidades, baila, etc. Es importante limitar el tiempo que pasan delante de una pantalla y estimularlos a hacer actividades en familia. Hazles participar de las tareas domésticas, cocina con ellos e incluso deja espacios para el aburrimiento que estimulará su creatividad. Elaborad juntos un horario y colgadlo en la nevera. Internet es una fuente inagotable de recursos para hacer más llevaderos estos días, tanto a los mayores como a los pequeños. Si teletrabajas, intenta adelantar cuánto puedas mientras ellos duermen o ven alguna película y haz turnos con tu pareja.

Por otra parte, si tus hijos son muy pequeños seguramente les va a costar entender lo que está pasando. No les mientas pero tampoco los alarmes y no esperes a que pregunten para hablar sobre ello, aunque tampoco los satures. Habla con ellos sobre sus emociones, dales mensajes claros, adecuados a su edad y sus conocimientos, que les hagan sentir seguros y vivir el encierro como algo divertido y una oportunidad para pasar tiempo en familia, un bien escaso en nuestros tiempos. Te recomiendo leer estas pautas que ha elaborado el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.


Cuida tu estado de ánimo.

Esta situación genera incertidumbre y preocupación en general, pero algunas personas pueden sufrir estrés y ansiedad, especialmente por el hecho de tener que estar encerrado en casa o por el miedo al contagio. Además, la convivencia ininterrumpida con nuestra pareja e hijos puede generar tensiones y conflictos. Por otra parte, permanecer en entornos cerrados durante mucho tiempo tiende a afectar nuestro estado de ánimo, haciéndolo variable sin ningún motivo concreto o magnificando nuestras emociones, haciendo que vivamos todo de forma más intensa.

Por eso este no es un buen momento para tomar decisiones importantes en ningún ámbito ni para continuar las discusiones que puedan surgir en casa. Diréis cosas de las que os arrepentiréis. Intenta ser flexible y adaptarte a la situación, dejando para momentos de posterior normalidad aquellas cosas que creas importante hablar.

Ocupa tu tiempo en actividades que te hagan sentir bien y, aunque puede ser complicado, procura encontrar un espacio diario para estar contigo a solas, haciendo lo que te apetezca, meditación, escuchar música, leer, tomar un baño… En definitiva, el tiempo de desconexión familiar y social que en circunstancias normales te tomarías o, como mínimo, te lo daría el simple hecho de ir a trabajar o a la compra.

Aunque los desplazamientos están muy limitados, se puede salir de casa a comprar, sacar el perro o tirar la basura. Haced turnos en la familia para que todos aquellos que puedan salir solos lo hagan y puedan tomar aire fresco. Si dispones de jardín, terraza o balcón, es una buena opción para tomar el sol y el aire.

Igualmente, es vital mantener contacto con amigos y familiares por teléfono o videollamada, especialmente si vives solo, así como para mantener y reforzar las relaciones entre los niños y sus amigos, abuelos y nietos, en caso de padres separados, etc.

Procura vestirte y arreglarte prácticamente como si fueses a salir a la calle. Verte todo el día sin peinar y en pijama te dará sensación de dejadez y puede afectar tu estado de ánimo y el de los demás. Prepara con mimo alguna comida o cena que pueda sustituir la salida al restaurante. En definitiva, cuida los detalles.

Respecto al Coronavirus, intenta mantener la calma y mantente informado tanto de la evolución de la pandemia como de las medidas que vayan tomando las autoridades. Para evitar caer en el alarmismo y la histeria colectiva, busca fuentes fiables de información como los organismos oficiales y deja los memes, vídeos y opiniones de las redes sociales para el sentido del humor, que también es muy necesario para sobrellevar esta crisis. Ten en cuenta que informarse no es lo mismo que obsesionarse. Dosifica el tiempo que dedicas a saber o hablar del virus y procura ocupar tu mente con otros temas totalmente distintos y que te sean gratificantes.

Si aun así sientes que te desbordas emocionalmente, pide ayuda a tu pareja u otras personas de tu confianza y habla sobre tus miedos y sentimientos. Por último, recuerda que siempre puedes recurrir a la ayuda de un profesional de la psicología que podrá atenderte online o por teléfono.


Y por último, raciona el papel higiénico!!  😂😂😂

lunes, 21 de agosto de 2017

Cómo explicar un atentado terrorista a los niños


Hoy escribo estas líneas con el corazón roto después del atentado yihadista que ha sufrido mi querida Barcelona. Mi Barcelona, mi ciudad, parte de mi identidad. Cuando se acaba de conocer que la policía ha abatido a tiros al único terrorista que permanecía fugado y que, según parece, era el autor material del atropello mortal de Las Ramblas.

Las redes sociales, la televisión, la radio, las conversaciones entre familiares, amigos, en la calle... no versan sobre otro tema. Los niños están, inevitablemente, expuestos a conocer esa información; es prácticamente imposible preservarlos, sobre todo a partir de cierta edad en que el móvil con acceso a Internet es un apéndice casi indivisible de sus manos.

Cómo explicar a nuestros hijos algo que nosotros mismos no entendemos. Cómo explicarles algo que nos causa tanto miedo, tanto dolor, tanta rabia, incomprensión e impotencia. Es más, ¿es necesario explicárselo?

La respuesta es sí. En la amplia mayoría de los casos, es mejor hablar de ello que evitarlo.

Desde mi humilde experiencia como psicóloga y apoyándome en algunos textos sobre especialistas que he leído, me atrevo a daros algunas recomendaciones para hablar con vuestros hijos (u otros niños) sobre este tipo de experiencias (adaptándolas, también pueden servir para explicarles otros incidentes trágicos, como la muerte de un ser querido, accidentes, incendios, etc.).

1. Protege a los más pequeños

Si el niño es muy pequeño, menor de seis o siete años, es probable que no se haya enterado demasiado de lo que ocurre, así que, aprovecha esa oportunidad para mantenerlo en su bendita inocencia, ya que, a esa tierna edad, los niños son particularmente influenciables por experiencias que les causen miedo. Si pregunta o hace alguna referencia, contesta con términos generales y una comunicación no verbal que le infunda tranquilidad y seguridad, algo que transmita el mensaje de que "ha pasado algo muy malo" pero que "ya está todo controlado", que no tiene por qué preocuparse.

2. Con los mayores, habla sobre ello

Con los niños más mayores de esa edad, en general, es mejor abordar el tema que caer en los pactos de silencio. La creencia de que es mejor evitarles el sufrimiento o la preocupación y hacer como si nada hubiera pasado, convirtiendo el tema en algo tabú delante de los niños, puede ser contraproducente ya que, como he dicho, es prácticamente imposible que vivan ajenos a la noticia, y el hecho de no obtener una explicación sobre lo ocurrido de su entorno más inmediato les generará incertidumbre y angustia, así que buscarán una explicación en otras fuentes (no siempre fiables ni buenas para su bienestar psicológico) o, directamente, se la inventarán, con los riesgos psicológicos que eso comporta (por ejemplo, puede creer que estamos en guerra).

3.  Cuanto más vínculo afectivo, mejor


Para dar este tipo de noticias o explicaciones, lo más adecuado es que lo hagan personas muy cercanas al niño, que sean importantes y significativas para él (padres o cuidadores principales, abuelos, profesores...), ya que eso aumentará su sensación de seguridad. Aparte, las personas más cercanas son quienes mejor lo conocen, saben de su personalidad, las experiencias vividas, los miedos que tiene, su grado de madurez y comprensión... y, en consecuencia, sabrán cómo y cuándo es la mefjor forma de abordar el tema según el niño.

4. Explícale lo que ha pasado

Explícale con palabras adaptadas a su edad y capacidad de comprensión lo que ha ocurrido, intentando mantener un tono de voz calmado y tranquilo. Es muy fácil dejarse llevar por las emociones que nos producen este tipo de hechos, así que es preferible no hablar con los niños "en caliente", ya que lo que buscamos es transmitirles seguridad y tranquilidad. Con los niños más pequeños, ten en cuenta que es probable que repitan varias veces la misma pregunta, ante lo que se debe dar siempre la misma respuesta, ya que la repetición les genera seguridad. Es probable también que pregunten qué es el terrorismo o un terrorista. La explicación del fenómeno es muy compleja, incluso para los adultos, así que es mejor dar alguna respuesta del tipo "son personas muy muy malas", resaltando lo de "muy" y haciendo hincapié en que hay muy pocas. El niño debe entender que se trata de algo excepcional.

5. Parte de lo que sabe el niño y no des más información de la necesaria

A menudo caemos en el error de hablar mucho y escuchar poco. En estos casos, además, podemos equivocarnos al querer dar toda la información posible para eliminar todas sus dudas o angustias. Lo primero que debes hacer es observar hasta qué punto el niño tiene información y de qué tipo. Si está angustiado, preocupado, confuso... o por el contrario sigue con sus rutinas y emociones habituales. A partir de ahí, se puede empezar abordando el tema (si no lo hace el niño primero) con una pregunta genérica del tipo "¿Sabes lo que ha pasado en Barcelona?". La mayoría de los niños, sobre todo si, como hemos dicho, la interacción se hace con un adulto emocionalmente significativo, ofrecerá información espontánea y hará preguntas. Es mejor ir respondiendo sus preguntas que darle información nueva que el niño no tiene. Y ten cuidado con la información que proporcionas (detalles escabrosos, morbosos, información que les genere inseguridad -por ejemplo, "ha sido al lado del dentista dónde vamos siempre"-...).
  
6. Controla y gestiona la información que reciben

Al hilo del punto anterior, controla, en la medida de lo posible, qué información e imágenes reciben, tanto por tu parte, como del medio exterior. Controla el acceso que tienen los pequeños a los medios de comunicación y contextualiza y explica la información que reciben los más mayores, especialmente de las redes sociales, dónde la mayoría de lo que van a leer son opiniones y no informaciones objetivas. Mucho cuidado también con las imágenes y vídeos a los que tienen acceso.

7. No le mientas

Son situaciones muy dificiles, en las que, como especie humana, se agudiza nuestro instinto sobreprotector para con los niños y los más desfavorecidos. En consecuencia, es muy fácil caer en la tentación de ocultarles información, decirles que no ha pasado nada, que es mentira, etc. Es un error. Como hemos dicho, el niño, de un modo u otro, se va a enterar de lo que sucede y descubrir que le has mentido lo único que le va a generar es inseguridad, desconfianza y decepción respecto a ti. Gestiona la información que le das, pero no le mientas. Es muy probable que pregunte si va a volver a pasar o si nos puede pasar a nosotros. Ante la tentación de contestar que no, que esté tranquilo porque supermami o superpapi siempre le va a proteger y a evitar que le pase nada malo, es preferible contestar la verdad: que no lo sabemos, pero que estas cosas suceden muy, muy, muy pocas veces y que ahora la policía está poniendo todos los medios necesarios para que no vuelva a pasar. 


8. Facilita sus sentimientos y muestra los tuyos

Aunque hemos dicho que hay que mantener la calma para transmitirles seguridad, eso no quiere decir que haya que reprimir las emociones, ni las suyas ni las nuestras. Se trata de reconocerlas y expresarlas de manera controlada y adaptativa. Por lo que respecta a las suyas, hay que animarles a que expresen lo que sienten y no reprimirles con frases del estilo "no llores", "tienes que ser fuerte", "no te preocupes tanto, no nos ha pasado a nosotros", etc. Acepta la expresión de sus emociones y consuélalo si llora, con afecto y contacto físico. En cuanto a las nuestras, hay que identificarlas y etiquetarlas: "estoy enfadada", "estoy triste"... Asímismo, no pasa nada por reconocer que nosotros también tenemos miedo o que no entendemos por qué ocurren estas cosas. Al contrario de lo que podría parecer, eso generará en los niños una corriente de empatía y un sentimiento de unidad emocional. 

9. No des mensajes xenófobos

Ante el fenómeno del yihadismo, es muy fácil caer en discursos y mensajes xenófobos en contra del Islam, los musulmanes, personas de origen marroquí o magrebí, etc. Es muy importante no generalizar (se trata de MUY pocas personas que son MUY malas) y transmitir a los niños el mensaje de que los terroristas pueden ser de cualquier etnia, nacionalidad o religión y que sus actos nada tienen que ver con eso, aunque lo utilicen como excusa o justificación.

10. Visualiza lo positivo

Dentro del horror y la barbarie, procura que el niño pueda ver los aspectos positivos, como las vidas que se han podido salvar, las muestras de solidaridad, la unidad de las personas, los actos altruistas...

11. Genera rutina y normalidad

Está sobradamente demostrado que, cuando ocurre un suceso extraordinario, lo mejor para la readaptación psicológica es retornar a la normalidad lo antes posible. Las rutinas ofrecen sensación de control y seguridad, especialmente a los niños. Así que haz que el niño siga con su vida y rutinas habituales, saliendo a la calle, yendo al cole, al parque, a la compra, etc. Sin embargo, será positivo que, durante un período, le dediques más tiempo y una mayor atención: procura pasar más rato con él, escuchas sus preguntas y opiniones y aumenta las muestras de cariño como besos y abrazos.

12. Cierra la situación

Para la readaptación psicológica, es necesario cerrar la situación y resolver el duelo. Para ello, procura, después de los momentos iniciales, no estar continuamente hablando o viendo o escuchando noticias sobre el tema. Dale mensajes que le transmitan que todo está controlado, que las fuerzas y cuerpos de seguridad están haciendo un buen trabajo para protegernos y que todo vuelve a la normalidad. Algunos niños pueden necesitar expresar externamente su duelo y su acercamiento a las víctimas. Para ello puedes ofrecerles distintas alternativas que también deberán ser adecuadas a la edad y características del niño: hacer un dibujo, escribir una carta o un mensaje, poner una vela, participar en una manifestación, colaborar con asociaciones de voluntariado, etc.

sábado, 19 de agosto de 2017

Sí, los muertos de Barcelona me duelen más

Hoy escribo estas líneas con el corazón roto después del atentado yihadista que ha sufrido mi querida Barcelona. Mi Barcelona, mi ciudad, parte de mi identidad.

Porque sí, porque estas muertes me duelen más.

Antes de que me lapidéis, dejad que me explique.

Estos días las redes sociales y los medios de comunicación están que arden, con información y opiniones de todo tipo: verídicas y bulos, objetivas y parciales o partidistas, lo que añade más confusión y más desazón al tema. Además, con el anonimato que da estar detrás de la pantalla, hay gente que escribe gilipolleces o verdaderas atrocidades, como desear o celebrar las muertes por ideas políticas o relacionadas con el fútbol.

Y algunos de esos, dicen que somos unos hipócritas por lamentarnos de los muertos y heridos de Barcelona y Cambrils cuando no nos preocupamos por los cientos de muertos que se producen a diario en otras guerras, atentados, hambre, enfermedades, etc. alrededor del mundo.

A todos esos que habláis sin saber, sólo porque queda muy guay y muy políticamente correcto decir esas cosas, os cuento: una muerte es una muerte; un asesinato, es un asesinato. Pero no todos nos producen las mismas reacciones o sentimientos. Y no es que no nos importen las otras muertes, o que haya muertes de primera y de segunda, ni que seamos hipócritas, egoístas, insensibles o de doble moral. Te lo explica la psicología.

Verás:

  • La identificación es un proceso psicológico que hace que me sienta más cercana y empática con la comunidad a la que pertenezco, a las personas a las que me parezco y veo cada día, que a personas que pertenecen a otras culturas, con las que comparto pocas características, y que viven a miles de kilómetros de mis círculos vitales. Por eso me toca más de pleno un atentado que se ha cometido a 20 km. de mi casa que uno que se produzca a 5.000.  Por eso me afectan más algunas muertes, aquellas que sacuden mi identidad, sea esta social, psicológica, cultural, geográfica, política, de género, sexual... por ejemplo, las desgracias que les ocurren a los niños me afectan más desde que soy madre. Eso es así ¿Me hace eso menos humana?

  • Los seres humanos vivimos diariamente con la ilusión de la invulnerabilidad, una creencia o esquema mental de "a mí/aquí nunca me va a pasar nada" que permite que, la mayoría de nosotros, podamos salir de casa, tomar el metro, subir a un barco o a un avión, conducir, subirnos a una atracción de feria, etc. sin estar pensando continuamente que estamos en peligro. Es absolutamente imprescindible para vivir sin angustia o sin volverse loco. Pero cuando sucede una tragedia en mis círculos más cercanos, esa ilusión se quiebra, nos damos cuenta de que sí que puede pasar "a mí/aquí", en las calles que conozco y frecuento, a las personas que conozco y que quiero. A mí. Y eso hace estallar una de las necesidades más básicas, primarias y universales del ser humano: la necesidad de sentirse seguro. Afortunadamente, esa ruptura, si la elaboramos bien, es temporal, y, poco a poco, se vuelve a restablecer esa mentira de invencibilidad que nos decimos cada día para seguir viviendo en paz. Y ha de ser así. Sería inviable vivir continuamente sufriendo por lo que les ocurre a otros o lo que nos podría ocurrir. Nuestra psique no lo soportaría. De hecho, hay algunas personas a las que le sucede.

  • Cuando, día sí y día también, en los medios de comunicación se nos expone a imágenes e información sobre atentados, muertes, guerras... se acaba produciendo una desensibilización sistemática, es decir, el horror, dolor, miedo... que te produce inicialmente, va disminuyendo por el efecto de repetición. Es como que "te acostumbras" a verlo y "deja de importarte" (nótese bien el entrecomillado), así que sigues cenando y comentando con tu familia cómo te ha ido el día. No eres insensible. Eres humano. Tu cerebro te protege de vivir permanentemente en el horror. De hecho, es la técnica psicológica por excelencia para tratar las fobias, por ejemplo. Si a un paciente le da miedo algo, lo expones repetidamente a eso que le da miedo hasta que se le pasa. Y se le pasa, te lo aseguro.

Y eso por citar sólo algunos. Así que, no es que sea insensible (de hecho, cualquiera que me conozca un poco sabe que, precisamente, de lo que peco, es de hipersensibilidad), sino que soy humana y operan en mí esos y otros procesos psicológicos. Los mismos que explican (no justifican ni disculpan, pero sí ayudan a comprender) cómo alguien de 17 años es capaz de subirse a una furgoneta y embestir a personas ¡a niños! para acabar con su vida. La mente humana es muy compleja.


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martes, 7 de febrero de 2017

Se nos ha ido de las manos


Lo de ser padres. Se nos ha ido de las manos.

Hace poco me encargaron dar una charla sobre hiperpaternidad, una "nueva" tendencia en los estilos parentales y, al documentarme, constaté la impresión que ya tenía desde hace un tiempo: los padres nos hemos vuelto gilipollas. Me basé sobre todo en la lectura del libro de Eva Millet, dónde explica este modelo de crianza de manera muy completa y distendida. Según ella, los hiperpadres son aquellos que están constantemente encima de sus hijos, dándoles, incluso anticipando, todo lo que desean, estructurándoles de forma interminable sus jornadas (ocio incluido), solucionándoles cada problema que les surge y protegiéndolos de cualquier mal. Su intención es buena. Lo que quiere un hiperpadre es, por un lado, que su hijo esté sobradamente preparado para un futuro brillante en una competencia feroz y, por otro, que, bajo ningún concepto, sufra, que tenga una infancia mágica y feliz.

Para lecturas serias sobre el tema os recomiendo ese libro o una búsqueda por Internet sobre "hiperpaternidad" o "padres helicóptero". Yo os lo voy a explicar a mi manera, comparando la generación de lo que podrían ser, por ejemplo, mis padres, con la generación de padres de hoy en día, clase media, mismo estatus, más o menos...



Un anochecer cualquiera...

- Paco, estoy embarazada.
- ¿¿Embarazada?? ¡Coño Mari! ¿otra veeez? ¡¡Me dijiste que si me ponía yo debajo no había problema!!
- Ya Paco... ¿pues qué le vamos a hacer? Anda, ve sacando la cuna y el cochecito del altillo... 

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- Manuuuu, ¡¡¡estoy embarazada!!!
- ¿¿Embarazada?? ¿¿Embarazada??... Plof... -Manu se desmaya-
- Manu, Manu... plaf, plaf -golpecitos en la cara-
- ay, Sonia... que no sé qué ma pasao... ay... ¡qué ilusión!  Es que ya no me lo esperaba, después de veintisiete días intentándolo...
- ay sí, Manu... ¿¿no es maravilloso?? ¿Ves como han servido de algo las algas, las semillas de chía, ayunar los viernes, hacerlo en los días múltiplos de tres, usar ropa interior de microfibrabacteriologirelajante y hacer la sarvangasana después de cada polvo?
- sí, cariño, tenías razón... voy a activar la lista de nacimiento del Palacio del Bebé...
- vale, yo, mientras, nos suscribo a "Ser padres hoy", "Bebés y Más" y "Mi bebé", encargo todos los libros que teníamos mirados sobre educación de los 0 a los 56 años y hago una búsqueda por Internet de los hastags #laaventuradeserpadres y #miniñoelmasbonito 



En el ginecólogo...

- ¿Viene usted sola, Mari?
- Sí, mi Paco está trabajando, doctor.
- Bueno, muy bien... hoy le vamos a hacer la segunda ecografía, la más importante de todas, la de las 20 semanas. En esta eco podremos ver si hay alguna malformación y, si se deja, el sexo del bebé.
- Ay, doctor, ¡qué adelantos! Si le hubieran dicho a mi abuela que se podía meter una cámara por... por... por ahí...
- Mari, no es una cámara, es... bueno, es igual, déjelo...

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- hola, buenas tardes Sres. Martínez, pasen, pasen...
- gracias doctor.
- Bueno, muy bien... ya saben que hoy toca la ecografía más importante, la de las 20 semanas. En esta ecografía podremos ver si hay alguna malformación y, si se deja, el sexo del bebé.
- bueno, doctor, ya sabemos que es una niña... nos lo dijo en la ecografía de hace dos semanas...
- ¿ah sí? No recordaba...
- sí doctor -los dos sonríen con cara de pánfilo-
- bueno, de todas formas es importante, porque hay que medir todo bien y ver que no haya ningún problema...
- claro, doctor... en las 15 ecografías que nos hemos hecho hasta ahora no ha habido ninguno, pero hay que asegurarse, ¿verdad, cariño?
- claro, amor... doctor, ¿esta será en 4D, en realidad virtual o en viaje astral? nos la pondrá en el pen como siempre ¿no?
- ¿¿qué es eso que lleva usted en el diente?? ¿¿y por qué se acerca a Sonia con la boca tan abierta?? - pregunta el doctor asombrado
- ah, jajaja... - se rie Manu - la compramos hace poco por Amazon, es una webcam integrada, doctor, estoy tomando primeros planos de la vulva de Sonia, al fin y al cabo será la puerta por dónde saldrá Martina, ¡queremos que la recuerde siempre!



En el hospital...

- ay qué bonita es, Paco...
- bueno, Mari, a ver, bonita, bonitaaa, lo que se dice bonitaaa...
- ¡Paco!... por fin vino la niña...
- sí, pues menos mal... después de cuatro...
- ay Paco... es una bendición de Dios... ¡qué ganas tenía de tener una niña! Hay que pensar cómo la llamamos...
- ¡pues está claro! Como mi madre...
- Paco... ¿¿crees que Eustaquia es un nombre bonito para una nena de hoy en día?? ¡Ni hablar! Tenemos que ponerle un nombre más moderno... María de los Ángeles, Mónica, Cristina... o si no, como esta de la novela que tanto me gusta, ¿cómo se llama? ah sí, ¡Cristal!
- bueno Mari, lo que tú digas... me tengo que ir a trabajar... le digo a tu madre que venga para quedarse contigo, ¿vale?
- vale, cariño. Habría que comprarle algún conjuntillo de niña, ¿no? Toda la ropita que tengo es la de los nenes, azul o blanca...
- Mari no empieces... ¿le tapa? pues ya está.

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Los dos padres embobados mirando a Martina... llega la enfermera...
- eh, ¡¿a dónde se la lleva?!
- tengo que tomarle la temperatura y hacer algunas comprobaciones, señor, sólo serán diez minutos...
- con disgusto - bueno, espere que le haga una foto...
- Manu, cariño, mientras tanto podías ordenar el armarito... comprueba que estén todas las mudas... a ver, tiene que haber la amarillita primavera, la rosa palo, la verde pastel, la nude, la blue champagne, la blanca rota, la blanca sauvage, la tostado suave, la de florecitas silvestres y... me parece que ya está... para tres días iremos un poco justos, pero creo que nos apañaremos... pon a mano también los seis chupetes, el sonajero, el peine, los pañales, la colonia, el aspirador de mocos, el dalsy, el Gusiluz, las cremitas (las nueve, ¿eh?) y...
- espera un momento, que estoy subiendo la foto a Instagram... ya tenemos ochenta y tres "me gusta" en la que he subido hace cinco minutos... por cierto, que tengo que comprarme una tarjeta de memoria nueva, esta de 65GB del Iphone ya la tengo llena...
- ¿¿pero no la vaciaste antes de venir??
- sí...
- bueno, siempre puedes usar el diente... por cierto, mi madre ha dicho que quería venir a quedarse esta noche...
- de eso ni hablar, ya lo habíamos hablado... la niña tiene que vernos a nosotros en todo momento, acuérdate que lo dijo la psicóloga prenatal, que es importantísimo que nos huela, nos vea, nos perciba... a ti y a mí... además, no sea caso que de tanto ver a tu madre se confunda y se piense que es hija de Gollum...
- ¡Manu! por cierto... en casa, ¿está todo comprobado para cuando volvamos, no?
- sí
- ¿la temperatura de la habitación?
- sí

- ¿la humedad relativa?
- sí
- ¿los sistemas de seguridad?
- sí
- ¿los muebles forrados?
- sí
- ¿el plan de prevención nuclear?
- sí
- vale, me quedo más tranquila...




Eligiendo guardería...

- Paco, esta niña necesita estar con otros niños... se pasa el día entre mayores, aquí con los abuelos...
- ¿y?
- hombre, no sé, el otro día la pillé tomándose una copita de anís... he pensado que podíamos llevarla a la guardería... me ha dicho mi hermana que la de aquí del barrio está muy bien... así yo podría ir también más descansada...
- ¿qué dices? ¿te piensas que somos millonarios? Ya irá al colegio cuando le toque...
- pero es que...
- ¡ni pero ni pera, Mari! Además, los críos tan pequeños con quién tienen que estar es con su madre.
- bueno, vale... pero el año que viene ya tiene que ir al colegio...
- vale
- al mismo que van los chicos, ¿no?
- pues claro... ¿es que no está bien? lo tienes aquí al lado, es público, les enseñan a leer y escribir, ¿no? pues ya está
- ay Paco, a veces eres un cromañón, hijo... yo te lo decía porque me han hablado de uno de monjas, que se ve que sólo hay una clase por curso, y que está muy bien para señoritas... que están más por los niños y eso... y también creo que les enseñan inglés... dicen que es el futuro, que lo tienen que saber...
- ni monjas ni pollas, Mari... ¿¿inglés?? la niña va dónde sus hermanos y se acabó, con que sepa lo que tiene que saber, es suficiente... total, ¡a los 14 años a trabajar!
- pero Paco, ¿y si la niña quiere seguir estudiando?
- ya veremos...


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- ay Marta, estamos de un estresado... Manu y yo estamos buscando guardería y no veas... ¡qué decisión tan dificil!
- ya, me imagino...
- es que es un marrón, nena... se oyen tantas cosas... imagínate que no la tratan bien, que le hacen algo... bufff... me muero... hasta hemos pensado en ponerle una cámara espía en el pañal...
- oye, pues es una buena idea...
- hemos mirado catorce guarderías... la que más nos gusta es una que hay en Barcelona. Nos han asegurado que les enseñan inglés desde el minuto uno, además de chino y alemán. Además es una de esas escuelas libres, ¿sabes? que no hay currículo académico, sino que va en función de los intereses de los niños. Aparte, los estimulan mogollón, con Baby Einstein, bits y cosas por el estilo... Y lo mejor es que luego se puede quedar ya ahí hasta Bachillerato...
- pero tía, ¿y si a los niños les interesan cosas raras? ¿no tendrían que tener una preparación mínima básica?
-  mira, yo lo único que quiero es que Martina sea feliz, y no hay que frustrarla, que haga lo que quiera y aprenda lo que quiera...
- no, si eso sí... pero es que Andrés y yo lo vemos de otra forma... nosotros con Alexia siempre hemos buscado que saque notas brillantes, que la competencia está muy dura, hoy en día todo el mundo estudia, y ella tiene que ser la mejor entre los mejores. En nuestro cole llevan a los niños a rajatabla, y nosotros en casa también. Alexia le dedica cada día tres horas a los deberes y a repasar... es que si no... ya está en segundo de primaria, ¡tiene que espabilar!
- no, si cada uno... pues, lo que te decía, nena, ¡¡estamos de un nervioso!! A ver si nos admiten... y es un rollo, porque nos queda lejísimos, y nos vamos a tener que levantar una hora antes y hacer ingeniería para recogerla... menos mal que tres días a la semana podemos alargar... Un día va a ir a inglés para bebés, otro día a estimulación precoz y el otro a yoga y piscina.
- ¡qué guay, nena! A ver si tienes suerte...
- bueno, pasado mañana tenemos una audición con la directora de la guarde. Menos mal que la hemos llevado a la academia, ¡seguro que lo hace súper!
- ¿a la academia?
- sí, es una tendencia que viene de Hong Kong, lo último, tú, preparan a los bebés para hacer la entrevista de admisión en la guardería... le han enseñado a saludar, a decir buenos días y su nombre y a recoger los juguetes...
- hombre, igual eso se lo tenías que haber enseñado tú, ¿no?
- ya, pero es que ellos lo hacen con más glamour... además, sabe un poema muy cortito en español y en japonés...
- pues nada, a ver si hay suerte... ¿y de pasta, qué?
- ¡buf! ¡no me hables! 850 euros al mes... que tendremos que sacar un préstamo y todo, porque ya ves tú, con nuestros sueldos... pero, para mi niña, lo mejor.



Cualquier tarde...

- Cristaaaaaaaaaaaaaaaal - grita la madre desde la ventana de casa - Cristaaaaaaaaaaal, ¡a merendaaaaaar!
- vooooy, mamaaaa - la madre le tira el bocadillo de chocolate por la ventana 
- Cristal, cuando yo te llame te subes en seguida pa' cenar ¿eh?  No quiero tener que estar llamándote cuarenta veces, ¡que la zapatilla va que vuela!
- que síííííí, mamaaaaaa
- ¿qué estás haciendo?
- jugar a las gomas... pero ¡Cristina hace trampas! ¡y no para de meterse conmigo!
- pues no le hagas ni caso...
- ¡pero siempre me quita el bocadillo, mama! me dice que como no se lo dé, me pega... - dice la niña angustiada
- ¿ah sí? pues como me entere yo que te quita el bocadillo, ¡cobras! Tú verás.

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- Martina, cariño, vengaaa... muerde - dice la madre mientras sujeta el bocadillo de jamón dulce libre de aditivos. Martina está sube que te baja del tobogán y, cada veinte veces, aproximadamente, se acerca a dar un bocado - ¡esta niña! Toda la tarde me dura el bocadillo, oye... ¡Martina! ¡Baja de ahí! ¡Que te vas a hacer daño!
- Mami, ¡no pasa nada! ¡Mira! - se columpia frenéticamente en uno de esos balancines con forma de animal, cuya altura es de 30 cm desde el suelo, un suelo, por cierto, acolchado
- ¡Martina! ¡Ven aquí! ¡Ni hablar! Ahora vas a pensar en lo que acabas de hacer... La mami te ha explicado muchas veces que no puedes columpiarte más de cinco veces por minuto. Además, hoy nos hemos olvidado en casa el casco y las rodilleras - ay qué culpable se siente la mamá... - Cuando lleguemos a casa, apuntarás en el libro de las emociones cómo te sientes y cómo has hecho sentir a la mama haciendo estas cosas... ¡estos columpios son muy peligrosos cariño! No sé cómo no se matan más niños...
- ¡buaaaaaaaaaa! - la niña berrea de tal manera que se la oye desde la estación espacial internacional
- ¡Martina! ¿qué pasa cariño?
- esta niñaaaa, que está primero que yo en el tobogaaaan... mamiiiiiiii,  yo quiero ser la primeraaaaaa - pulmones ensanchaos
- claro que sí, cielo... ¿verdad que la dejas pasar, bonita?
- no, perdona, está ella primero - interviene la mamá de la otra niña
- de eso nada, ¡Martina estaba primero!
- no, guapa... Ona estaba primero... tiene que respetar la cola
- mira, ¿sabes qué? que no tengo ganas de discutir con la chusma... Martina, vamos, cariño
- ¿chusma? ¡¿me has llamado chusma?!
- sí, ¡chusma! Que cada vez está peor el barrio...
- ¡¡¿Será posible la tía guarra esta, pija de mierda?!! - y las mamas continuan su civilizada conversación con unos tirones de pelos, arañazos, empujones, rotura de blusas... mientras las dos niñas lloran abrazadas.



Celebrando el cumple...

- mama, quiero celebrar mi cumple con las amigas del cole.
- bueno, ya veremos
- porfaaaaaa... todas lo celebran...
- bueeeeno, pero sólo puedes invitar a cinco o seis amiguitas
- ¡vale! ¿y puedo llevar sugus al cole para toda la clase?
- sí
- ¡¡bieeeenn!! ¿y qué vamos a hacer para la fiesta?
- pues como hacemos con tus hermanos... bocadillos de nocilla y jamón dulce y ganchitos... que vengan a casa el sábado por la tarde, ya se lo digo yo a las madres
- ¡gracias mama!

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- A veeerrr... ya está - la madre de Martina acaba de mandar un mensaje al grupo de Whats App "mamatugas", que son las mamás de las tortugas, el nombre de la clase - ya está, cariño, ya he puesto lo del cumple, ahora a esperar que contesten...

Sucesión de mensajes de Whats App:

- qué guay! Martina ya cumple cinco!!
- siiii, ¡felicidades Martina!
- Jan no sé si podrá ir... es que el viernes hace esgrima
- y María ballet
- Pol sí que irá, además le encanta el chiqui park!!!
- Adriana también, pero cuando salga de hípica... no hay problema, no, Sonia?
- no, no, ningún problema... es que es muy difícil hacer coincidir que podamos todos... Martina los viernes hace Kumon y basquet, pero ese día no irá
- por cierto, que los niños tienen que venir disfrazados, es una fiesta temática sobre Eurodisney... Los papás también podéis disfrazaros, jajajaja....
- cómo mola! Alex también vendrá
- ya veréis, lo pasaremos muy bien! Hay un brunch también para los papis eh??
y Martina llevará el mismo viernes al cole unos detalles muy chulos para los niños, os van a encantar! Nos los hemos currado, eh? Llevamos haciéndolos tres semanas con scrap...
- divinos!

- holaaaa, soy Sandraaaa, he hecho este grupo paralelo para hablar del regalo para Martina, yujuuuu!!!
- hola!
- hola! jajajaja
- hola!
- hi!
- perfecto!
y así dieciocho más...
- qué os parece si ponemos 10 euros por familia?? podemos comprarle algo bien chulo
- por mí bien
- por mí también...
- hombre, a mí me parece un poco excesivo, no?  pensad que somos 24 familias, si van todos, se recogerán 240 euros... vamos, ni mi regalo de los 40!! jajajajaja
- sí, yo también pienso como Ana... quizá es demasiado, no? y 5 €?
- sí, es que yo aunque María no vaya, participo eh? qué vergüenza si no....
- pues yo creo que qué menos de 10 euros en un regalo... pffff
- sí, normalmente participa todo el mundo, vaya o no vaya
- si ponemos 5, siguen siendo unos 120... me parece una barbaridad!
- a ver... que queréis poner, dos euros?!?!?
- jo, pues es que con 2 euros ya sale un regalo de 50... es que no es el dinero que pone cada familia, sino el dinero total... creo que es suficiente para un niño de cinco años, sinceramente...
- pues a mí me parece ridículo poner 2 euros, me niego...
- yo tampoco lo veo bien
- qué quieres comprarle? un neceser de los chinos?
- pero es que luego se compran cosas por comprar, para acabar el dinero... y al final el niño sale con un montón de cosas que ni aprecia...
- pues yo como digáis, pero a mí no me parece bien... como mínimo, mínimo, cinco euros, y de ahí no bajo...
- hombre, qué mínimo que comprarle una tablet...
- o un forfait para esquiar, qué os parece?

Mensajes privados entre algunas de las mamas:
- ya están las raritas de turno
- cómo no? siempre igual
- ya te digo
- será que no tienen para ponerlo...
- pues ya verás cuando digamos lo del regalo para las tutoras...
- jajajajaja... se infartan!
- este año había pensado que podemos comprarles un jamón... es que lo de las Smart Box ya está muy visto no?
- bueno, pero un jamón del bueno eh?
- hombre, ¡la duda ofende!



Calibrando logros...

- Paco, la niña ha traído las notas...
- ¿y qué tal?
- bueno, más o menos... un poco justas... está enfadada porque dice que la de mates le tiene manía y que le ha puesto menos nota de la que de verdad ha sacado... y ha suspendido sociales...
- ¿¡cómo!? ¡pues castigada sin salir tres meses!
- Paco, tranquilo... yo la he visto estudiar... además le pidió ayuda a Pablo... creo que se ha esforzado todo lo que ha podido
- ¡y una leche! ¡si se hubiera esforzado todo lo que puede no hubiera suspendido!
- no sé, Paco... últimamente está un poco decaída, ¿no te has dado cuenta? Está disgustada también porque no la entrenadora hace tres partidos que no la convoca...
- ¡algo habrá hecho! y el decaímiento se lo quito yo a hostias... decaído estoy yo que vengo eslomao de trabajar de sol a sol, ¡no te jode! ¡venga, hombre!

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- Manu, mañana tienes que pedirte fiesta: hay que ir a hablar con la tutora, ¡esto no puede ser!
- ¿qué pasa?
- ¿te acuerdas el otro día que le mandé un mail?
- no
- sí... que habíamos estado revisando el examen de sociales y se había equivocado al puntuar una pregunta y en vez de un 8,25 teníamos un 8,27, ¿te acuerdas?
- ah, sí
- ¡pues me contesta que no piensa modificarlo! ¡Tendrá morro!
- ah no, de ninguna manera... mañana vamos a ver qué pasa, y si no nos hace caso, a la directora... ¡esta no sabe con quién está hablando! Acuérdate que ya conseguimos que despidieran al profe de gimnasia...
- ¡hombre! con lo que nos ha costado, que estuvimos estudiando toda una semana... las puñeteras capitales... si es que ya te lo dije... no tendríamos que haberla cambiado de colegio... en el otro era más libre, encontraría su propio yo... aquí la veo perdida, Manu, me preocupa... ¿y si no encuentra su esencia? ¿y si se le desequilibran los chacras para siempre?
- a ver, Sonia, no puede entrar en Esade sabiendo de pajaritos, de tortugas marinas y de cienpiés... este colegio es el mejor de la ciudad y lo sabes. Que por cierto, ¿sólo un 8,27? Eso tiene que estar mal...
- a ver qué nos dice mañana... ¿quieres decir que no tendrá TDA? ¿no la ves dispersa últimamente?
- no creo... pero bueno, se pide hora con el psiquiatra y ya está...
- no sé, Manu, estoy preocupada... el otro día fui a espiarla a la hora del patio... a ver cómo está... hay una niña, Carla, ¿sabes quién te digo? que no quiso jugar con ella... mira que si le están haciendo bullying... es como el entrenador de basquet, Manu, que le ha cogido una tirria a la niña... que dice que no podemos jugar todos los partidos, que tenemos que aprender, ¿será posible?
- ¡a ese crusanito le parto yo la cara el sábado!
- pues no va y me dice que es que la niña tiene los humos muy subidos y que se porta mal en el vestuario, que es una egoísta y no sabe jugar en equipo y no sé cuántas cosas más me dijo, Manu... ¡qué disgusto!
- eso te lo dice porque estabas tú sola, verás como conmigo no se atreve, el musculman... ¡la niña juega los partidos como que me llamo Manuel!


Hogar, dulce hogar...

- a ver, Cristal, a lavarse las manos
- voy, mama...
- venga, ayúdame a poner la mesa
- mamiiii, estoy muy cansada
- ¡y yo! venga, te digo... ¿has recogido tu cuarto? ¿y la ropa?
- siiii
- traéle una cerveza a tu hermano
- ¡sí hombre! ¡que se la traiga él! ¿es que no tiene dos piernas?
- Cristal, ¡que te doy un guantazo! - interviene el padre - ¿qué te ha dicho tu madre?
- ¡aquí tienes! - Cristal protesta - ¡¿por qué tengo que hacer yo todo y mis hermanos no?! ¡no es justo!
- como te coja el culo, vas a ver lo que es justo... siéntate y cómete la sopa
- no me gusta la sopa de verduras...
- pues como las lentejas, si las quieres las tomas, y si no, las dejas... más hambre tendrás mañana.

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- Martina, cariño, ¿has acabado los deberes?
- no
- ¿y eso?
- es que estoy cansada, mama... acabo reventada de piscina... además, ¡no me entra lo de sociales!
- ¿pero estos deberes no son los que ya tenías el fin de semana?
- sí... ¡pero es que no he tenido tiempo!
- venga, ven... - mama se pone con Martina, primero intenta que los haga ella, finalmente se pone a hacerlos ella misma.
- mamaaa, es que estoy muy cansadaaa....
- bueno cariño, pues déjalo por hoy, no pasa nada
- pero me pondrá una nota en la agenda...
- no te preocupes, ahora le pongo yo una nota diciendo que no has podido hacerlos... y si no te encuentras bien, mañana no vas al cole y te quedas en casa descansando... hemos hecho todo lo que hemos podido ¿no?
- gracias, mami
- de nada, cariño... ahora venga, que vamos a cenar... ¿qué te apetece?
- buf... no sé... es que ya me aburre la comida, mama...
- bueno, dime, ¿qué te apetece? hay verdura y pescado
- no quiero verdura
- ¿te hago una tortilla?
- he comido hoy en el cole
- ¿una sopita?
- no
- ¿quieres un puré?
- no me gustan los purés, mama
- ¿unas patatas fritas?
- ¡engordan!
- pues ¿qué quieres cariño?
- no sé... ¿puedo pedir pizza?
- vale, ahora te llamo... ¿de qué la quieres?
- de cuatro quesos, mama, ¡ya tendrías que saberlo! - Martina se contraria - por cierto, ¿dónde está mi chándal de basquet?
- pues no sé, ¿no está en el armario?
- ¡no! ¡y lo necesito para mañana!
- pues estará para lavar, Martina... no he tenido tiempo esta semana, cariño...
- ¡¿y ahora qué?! ¿qué me pongo yo mañana, eh?
- a ver, cariño, tranquila... ¿no puedes ponerte el azul marino?
- ¡¡¡no!!! ¡Yo quiero el de basquet!
- bueno, no te enfades, cielo... ahora después de cenar te lo lavo a mano y para mañana ya lo tienes seco... venga, ve a lavarte las manos, que mientras recojo tu cuarto... mira cómo lo tienes, hecho una porquería...


Que digo yo, que un punto medio entre los dos... ¿no?



lunes, 7 de noviembre de 2016

Los psicólogos no damos en cámara

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Hay un tema que siempre me ha llamado la atención, y es cómo aparecemos los psicólogos en las películas o series de televisión. Con honrosas y escasísimas excepciones, acostumbra a ser un personaje ridículo y, por supuesto, incompetente. Me pregunto si es la pequeña venganza de guionistas con muchos problemas personales que llegaron a odiar a sus terapeutas.

No sé... no os voy a hacer aquí una revisión exhaustiva, pero, por ejemplo, el personaje de Judith Becker, en la popular serie La que se avecina. Esta psicóloga no sólo incumple todos y cada uno de los códigos éticos y deontológicos de la profesión, sino que ¡¡yo creo que transgrede hasta los que no se nos ha ocurrido prohibir!! Atiende a vecinos, amigos y conocidos en el salón de su casa, se acuesta con los pacientes, se salta constantemente el secreto profesional, miente, manipula o da consejos en beneficio propio o de terceros, a veces no cobra las visitas... eso por no hablar de su personalidad: altamente inestable, dependiente, inmadura, con baja autoestima, voluble, promiscua (eso, en realidad, daría igual :-) )... Si os apetece ver un interesante reportaje en el que la propia Cristina Castaño analiza su personaje, aquí os dejo el enlace. Y que conste que, como espectadora, tanto la serie como el personaje  me encantan, me parecen muy divertidas.

Pero, como psicóloga, es algo que me molesta. Porque proyecta una imagen muy distorsionada y negativa de la profesión. La gente, en general, tiene mucha "culturilla" psicológica y mucha incultura del psicólogo. Voy a tratar de explicarme.

En cuanto al primer aspecto, lo que quiero decir es que, la psicología, al tratar de comprender al ser humano, se humaniza, se generaliza, se diluye y se vulgariza. Todo el mundo "entiende de psicología": a ti lo que te pasa es que... lo que deberías hacer es... este está deprimido... esta está loca...  Se habla con ligereza y sin conocimiento de los problemas psicológicos, ya ni decir de algunos profesionales que trabajan de cara al público, léase peluqueros, esteticistas, camareros... que te sueltan aquello de: es que yo, por mi trabajo, tengo mucha psicología... que no dudo, ni por un momento, que han desarrollado al máximo sus competencias en habilidades sociales, que saben cómo tratar a la gente y que aprenden a identificar determinados rasgos de personalidad y cómo gestionarlos... que además, estoy segurísima de que ayudan a muchos y muchas clientes, hasta el punto de mejorar su estado de ánimo o darles buenos (o bienintencionados) consejos... pero, de ahí, a decir que saben mucho de psicología, hay un abismo. Y entiendo que esto pase, vuelvo a reiterar, porque tratamos de entender al ser humano, y como, en definitiva, el que habla también lo es, se identifica. Sólo hay que fijarse que también hablamos muy a la ligera, por ejemplo, de medicina (de la general), cuando nunca se nos ocurriría darle a nadie un consejo u orientación sobre cómo construir un puente, sacar una muela o diseñar un coche, a menos que seas especialista en esos campos.

Y sin embargo, la gente sabe muy poco de lo que es en realidad la psicología o lo que hace un psicólogo. Mucha gente desconoce, por ejemplo, que es una ciencia. Aunque no exacta como las matemáticas, obviamente, sus postulados se basan en estudios científicos realizados con el máximo rigor que permite la variabilidad humana, que no somos máquinas, y por eso en psicología siempre se habla de porcentajes, probabilidades y estadísticas: ha quedado demostrado que el 95 % de las personas que piensan x, tienen este trastorno o problema. Ah, ¿y si yo soy del otro 5%, te equivocas en el diagnóstico? Pues puede que sí. Como la medicina. Así mismo, mucha gente piensa que ir al psicólogo es ir a contarle a un desconocido todos tus problemas y preocupaciones, y que éste te va a escuchar y te va a dar consejos o te va a decir cómo tienes que resolverlos o qué decisión debes tomar. Total, como un amigo, pero cobrando. Y no barato, precisamente. Pues no. Tampoco llevamos bata blanca (salvo algunos a los que los obligan en hospitales) ni recetamos medicación. Y tampoco sabemos cómo eres o lo que te va a pasar con sólo mirarte a los ojos o mantener una conversación contigo.

Y luego hay otro factor que afecta a ambas cosas y que nos hace un flaco favor: charlatanes e incompetentes, haberlos, hay los. Los primeros, los intrusistas, son gente que se hace pasar por psicólogo, de manera directa o indirecta: los autollamados terapeutas (no se sabe bien de qué), tarotistas, maestros, orientadores, sanadores y un largo etcétera. Que hay mucha gente a la que le funciona, sí. Que utilizan algunas técnicas psicológicas, sí. Pero que hay muchos de ellos que carecen de formación, y a veces, de escrúpulos, y que muchas veces hacen más bien que mal, también, también. Los segundos, son licenciados en psicología, pero que, por diversos motivos, no ejercen correctamente la profesión. A veces por falta de formación y experiencia combinados con un excesivo ímpetu a la hora de aceptar casos. Otras veces, por incompetencia manifiesta. Tanto unos como otros, hacen un daño irreparable a la imagen del psicólogo.

Así que, desde este pequeño espacio en el mundo, quiero reivindicar mi profesión. El psicólogo es una persona en constante formación, y no sólo académico-teórica, sino en la esfera personal; es difícil ayudar  a otras personas si eres una persona emocionalmente desequilibrada o inestable. Nuestro objetivo principal es ayudar a que las personas conozcan, primero, y comprendan, después, qué dificultades tienen (sean trastornos o no) para desarrollarse en el mundo, consigo mismo y en la relación con otras personas, para, posteriormente, acompañarlas y guiarlas, con técnicas y estrategias de las cuáles se ha demostrado su eficacia (que no consejos), para que mejoren esas competencias, cambien su comportamiento, solucionen sus problemas o remitan o estabilicen sus síntomas. Es una profesión de gran responsabilidad y, como todas las que reúnen esta característica, suele estar mal pagada.

Por último deciros que, más allá de la imagen del psicólogo sentado detrás del diván, tomando notas en silencio, y de las láminas del Test de Rorschach, podéis encontrar profesionales de la psicología en multitud de ámbitos diferentes a la obvia práctica clínica: por ejemplo, la evaluación forense (periciales) para determinar si un detenido estaba en sus facultades mentales cuando cometió un delito, qué secuelas psicológicas presenta una víctima, la fiabilidad de un testimonio, la mejor opción de guarda y custodia para unos menores, si hay que incapacitar civilmente a una persona, si un empleado es víctima de acoso laboral...; el psicólogo de prisiones, que evalúa a los internos, valora si están preparados para salir de permiso, les aplican tratamientos de rehabilitación, etc.; el psicólogo en la policía, que selecciona y forma a los miembros del cuerpo, contribuye a resolver casos complejos, mejora la organización...; el psicólogo deportivo, que evalúa y potencia los factores y competencias psicológicas asociados al rendimiento en el deporte, la cohesión de equipo...; el psicólogo en una escuela, que detecta y trata las dificultades que pueden presentar los niños para aprender, a nivel emocional, familiar, social...; el psicólogo en el ámbito de servicios sociales, que se encarga de detectar dificultades y situaciones de riesgo en las familias y trabajar con ellas para mejorarlas, y sus compañeros, los psicólogos de protección de menores, quiénes evalúan hasta que punto está un menor en riesgo y, si es necesario, decretan su desamparo y retirada de la familia; el neuropsicólogo, encargado de estudiar qué funciones hace cada parte de nuestro cerebro, tratar las disfunciones cerebrales...; el psicólogo de las organizaciones, que se encarga de trabajar en las empresas, para seleccionar candidatos, formarlos, mejorar los procesos...; el psicólogo de la publicidad, que hace estudios de mercado, colabora en el diseño de campañas de producto...; el psicólogo que hace reconocimientos de aptitud psicológica para obtener o renovar el carnet de conducir, una licencia de armas o para tener un perro de raza peligrosa; planeando sobre todos ellos, el psicólogo que se dedica a la investigación y el psicólogo docente, que enseña los resultados que halla el primero. Y otros ámbitos que seguro que me he olvidado.

Somos muchos y (en general) estamos sobradamente preparados. Respect.