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sábado, 26 de diciembre de 2020

Hoy cumplo 50

Hoy cumplo 50. Acabando este año de mieeeeeerda que ha sido el 2020.

Cuando me imaginaba cumpliendo 50 años, ¡desde luego no me lo imaginaba así! Bueno, en realidad nunca pensé en cómo sería cumplir 50 años, pero si lo hubiese pensado, no habría sido así, eso seguro.

Y es que, me lo están poniendo muy difícil para querer este puto cinco, eh??

Para empezar, quería hacer un fiestón. Pues va a ser que no. Ya me quedé sin fiesta sorpresa de los 40; sí, ¿qué pasa? A los 40 es preceptivo que te hagan una fiesta sorpresa de cumple, ¿no lo sabías? jajajaja. Bueno, pues por motivos que no viene al caso contar ahora y que-no-tienen-nada-que-ver-con-que-Keaton-sea-un-desastre-y-que-casi-nos-cueste-el-divorcio-no-te-vayas-tú-a-creer, no la tuve. Así que me dije, la de los 50 me la monto yo. Con toda mi gente, mi comida preferida, pastel de chocolate, música de los 80 y la bola de espejitos dando vueltas. Y me voy a tener que conformar con darle a tope al volumen de la minicadena de mi casa y bailar en pijama, sola, y como mucho con Keaton, porque los buenoshijos, de 19 y 15 años ya, como comprenderás, están metidos en su Batcueva...mamá, avísanos cuando estén los canelones!

Luego está la presión del 5. Que no sé porqué, pero me jode un montón pensar que me pongo ese número (y no sólo por la rima, que te veo…). Así que hace meses que estoy en plena crisis de los 50. A ver si mañana me levanto y se me pasa.

Empecé con los tutoriales de maquillaje. Yo, que lo máximo que me hacía era un sendero dificultad blanco y rojo encima del párpado, y con el muñón de Cervantes, me vi de repente comprándome cosas que ni sabía que existían ni, por supuesto, para qué servían. Un prime… ¿eso no es lo del Amazon? ¿o un primo que se considera no binario? Ah no, es que no lo digo bien 😁 es un “primer”, una cosa que te pones antes de empezar (primer) a maquillarte para acondicionar la piel y prepararla para aplicar los demás productos. Que digo yo, si mi piel ya estaba preparada… como buena psicóloga, primero le di una charla, con los pros y contras de maquillarse y recordándole las consecuencias de no hacerme caso. De buen rollo, eh? Estábamos de acuerdo. Una vez lo he usado.

Me compré también un set de 24 brochas. Que cuando lo recibí, con ayuda del librito de instrucciones de Lilliput y una lupa de gran aumento, lo primero que cutrehice fue enganchar una etiqueta en el mango de cada brocha para saber para lo que sirven. Muy glamouroso todo. Creo que he usado unas tres.

Y un fijador de maquillaje. Es como una laca, pero para la cara, pa’ que cuando te den un beso no se queden pegados a tus mofletes o no manches la camisa blanca de tu amante, que luego todo son líos. Cuando lo compré no sabía que iba a ser útil también para no manchar la mascarilla, mira tú por dónde.

Viendo tutoriales sobre cómo chicas se pintan maravillosamente los ojos, que se hacen el eyeliner que parece que usan regle y nivel… un pulso, una precisión, unos colores… Que sus párpados lucen cuál lienzo alborado en las manos de Monet… ¡Los cojones! Prueba a pintarte la raya de un ojo viendo sólo con el otro, cegato perdido, a la vez que estiras la piel del párpado (que, si no, parece que estás dibujando en papel corrugado), todo ello mientras coordinas el movimiento de la boca que, por si no te habías dado cuenta, siempre está en una perfecta “o” mientras hacemos eso… Con suerte, me vuelve a salir un sendero asturiano. Con menos suerte, puedo parecer un código de barras.

Y peor aún: ¡qué bonitas las sombras, qué combinación de colores!… maquilla sólo la parte móvil... Y lo haces. Y abres el ojo: ¿dónde coño están los colores? ¡Te juro que me he maquillado! Vuelta a Internet: Ay reina, es que tienes el párpado caído. Entonces, te tienes que maquillar así, y luego así, pero primero haces…. Valeeee, sólo me pongo rímel.

Hablando de cosas que se caen: luego me obsesioné con que se me están cayendo los pelillos de las cejas y las pestañas (Nota para todos los menores de 20: sí, con la edad todo, absolutamente todo, se cae). Así que me compré una cosa que parece betún, que tengo que mojar un pincelito e ir dibujándome los pelillos de las cejas, ¿no diréis que no es artístico-romántico? No es mal invento, pero la dependienta de Kiko (que debía ser sobrina de Rompetechos, o no veía bien del peso de los potingues que llevaba en el párpado), me asesoró un color marrón oscuro que, como se me vaya la mano, parezco la Cara Delevingne, pero en feo.

Y la compra estrella: unas pestañas postizas. Me vinieron cinco tamaños diferentes en el paquete, desde las más “discretas” hasta unas que reservo por si un día me quedo sin curro y pruebo cómo se me da lo de Drag Queen. Bueno, bueno, buenoooo… os he de decir que flipé mucho con las pestañas. Resulta que traen un eyeliner (a mí que se me da tan bien, como os he explicado) que tiene imán; sí, sí, has leído bien, es una pintura imantada. Tú te pintas la raya con eso y luego la pestaña, que tiene unos imanes chiquitines en el borde, se te queda pegada al párpado sin necesidad de usar cola. Monísimas de la muerte. Ahora, doy gracias de que ya no voy a trabajar en el metro porque me visualizaba quedándome enganchada por los ojos a la barra esa dónde te agarras; que a mí me pasa de todo 🙈.

Bueno, y ahora últimamente me ha dado por el método Curly. Toda la vida deseando tener el pelo liso, sedoso y brillante, usando planchas y probando a hacerme alisados que no funcionaron, y ahora voy, pa’ chula y rebelde yo: pos voy a querer a mis rizos. Y me meto en una página de Facebook dónde enseñan el Método Curly Girl, que es una forma de lavarte y cuidar el pelo para potenciar los rizos y tener el cabello sano e hidratado.

Lo primero que veo al entrar en el grupo es que hay más de 100.000 miembros, ¡coño, las rizadas somos legión! 😂 Digo yo que será un grupo interesante si tiene tanta peña. Chafardeo un poco y me voy a los archivos. Las administradoras se han currado un índice muy chulo dónde hay muchísima información. Para ingenieros cuánticos.

Leo algo así:

Para iniciar el método debes hacer un último lavado con un champú con sulfatos, pero sin siliconas ni parabenos, y posteriormente no volverás a usar productos con ninguno de esos compuestos. Después de ese lavado, debes hacer hidratación profunda aplicando una mascarilla durante 30 minutos a 2 horas con efecto invernadero, aclarar y aplicar un acondicionador con enjuague de medios a puntas, desenredando el cabello con las manos y haciendo squish to condish (STC) para que penetre bien el producto. El STC es el paso más importante de todo el método. Una vez enjuagado, puedes aplicar opcionalmente un leave-in con praying hands o con el Denman, y ya pasar a usar producto de fijación, al gusto de cada una. Para aplicar el producto de fijación puedes usar técnicas como el pulsing, scrunch, mulli-mulli o curly fingers. Es muy importante no peinar ni tocar demasiado los rizos para evitar la formación de frizz. Después puedes dejar secar al aire, hacer plopping o wet plopping, o secar con difusor (mejor si es iónico). Lo importante para que quede el rizo bonito es que te salga mucho cast, que luego puedes romper con algún sérum o aceite o con manos secas o pañuelo de seda. Después de ese último lavado, la rutina será igual pero la HP sólo una vez a la semana. Para lavar el pelo puedes elegir hacer cowash o low poo, aunque nosotras recomendamos el cowash, como en el método original. No te olvides de clarificar cuando tu pelo te lo pida, vigila con las proteínas y si te tiñes o llevas mechas, tu aliado será el Olaplex. Para el frizz, el Ouiad. En álbumes tienes toda la gama de productos aptos para seguir el método. Para dormir, puedes usar buff, piña o almohada de satén.

Leo otra vez. Y otra. Cuando ratifico que sólo he entendido la palabra “rizo” y que creo que le tengo que dar de comer un bistec a mi pelo, apago el ordenador y me voy a la nevera a comer chocolate, que ese entra por la boca y sé lo que hace. Pero le doy otra oportunidad. Y poco a poco se van aclarando conceptos. Y en eso estoy, gastándome el doble de dinero, tiempo y agua cada vez que me lavo el pelo. Efectivamente, lo tengo mucho más sano, suave, hidratado y bonito. Nos ha jodío, ¡sólo faltaría!

Pero lo peor de todo, con diferencia, ¡es que me despierto temprano! Señores, ese es un clarísimo indicador de que te haces vieja. Da igual lo tarde que me acueste, o lo poco que duerma... sobre las 7-8 de la mañana, ya no puedo dormir más. Yo, que siempre he sido la masa madre de las marmotas.

Y me han salido canas... 😰😰 Y me descubro diciendo cosas como "esta fachada está llena de mierda", "¿qué hago mañana para comer?", "uy, no, qué esto es muy caro y con esto compro dos de los otros..."....

Como dicen mis hijos, una Boomer en toda regla.

Así que, aquí estoy, en el día de mi cumple: gorda, sin cejas ni pestañas, con las tetas y los párpados caídos, despierta desde las 8h, con mi pijama favorito y la piña hecha, cagándome en to' lo que se menea por todo lo que el puto COVID nos está robando, esperando a ver si Keaton y los buenoshijos se lo curran un poco este cumple y retomando la escritura del Blog, que también la tenía caída.

Happy Birthday to me!! Os deseo a todos una muy Feliz Navidad, dentro de las circunstancias, y que le deis al Pause los que aún no habéis llegado al 5.

martes, 7 de abril de 2020

Cosas positivas que nos está enseñando esta pandemia



Que la pandemia del COVID-19 (coronavirus) está teniendo y tendrá consecuencias devastadoras en todas las áreas de nuestra vida no es algo desconocido. Estamos viviendo un horror sin precedentes a nivel mundial y tardaremos tiempo en recuperar por completo la normalidad. 

Sin embargo, hoy más que nunca quiero que fijarme también en las cosas positivas que tiene esta crisis y el confinamiento:

1. Supone un parón vital que nos va a permitir resetearnos a todos los niveles. Cuando estábamos en la vorágine del día a día lo anhelábamos.

2. Nos está enseñando lo que de verdad es importante en la vida, así como a valorar esas pequeñas cosas que nos hacen felices cada día y que nos empeñamos en ignorar para desear otras cosas superfluas e innecesarias.

3. Aún con la limitación de no poder salir de casa, tenemos tiempo para hacer lo que nos gusta y siempre vamos relegando.

4. Nos estamos conociendo más a nosotros mismos y de lo que somos capaces en situaciones límite.

5. Nos hemos vuelto más cuidadosos con nuestra higiene y la de nuestro hogar.

6. Nos permite pasar más tiempo de calidad con nuestra familia, algo que también pedíamos siempre.

7. Los niños nos están dando una gran lección de adaptación a las normas, positivismo y resiliencia.

8. Estamos mucho más conectados con nuestros seres queridos, aunque sea de forma virtual, y estamos expresando sentimientos y buenos deseos que habitualmente no hacíamos por vergüenza o dejadez.

9. En efecto, estamos valorando mucho más la importancia del contacto físico, de los besos, los abrazos, las caricias, y de decir "te quiero", "te necesito", "deseo que estés bien".

10. Descubrimos quién se preocupa y se interesa realmente por nosotros y, por desgracia, el mal fondo de algunas personas. Fuera de nuestra vida la gente tóxica.

11. Se está retomando la vida vecinal en los núcleos urbanos. Los balcones se llenan de gente, se respira buen rollo y las personas tratan de animarse unas a otras.

12. Están saliendo muchísimas iniciativas y gestos solidarios entre la gente que nos devuelven un poco la fe en la humanidad. Hasta los pueblos eternamente en guerra han hecho una tregua.

13. Se está generando empatía y simpatía por colectivos que habitualmente no la tienen, como la policía o el personal sanitario.

14. Estamos aprendiendo otras formas de trabajar y aplicando la creatividad al mundo laboral. Ojalá los empresarios y administraciones aprendan que, en muchos casos, se puede seguir produciendo y moviendo el mundo sin necesidad de trabajar presencialmente en jornadas de 8, 10 y 12 horas.

15. Igualmente, se ha disparado la creatividad entre las personas que buscamos cómo ocupar nuestro tiempo de una forma útil y/o divertida.

16. Se está potenciando el uso de la cultura con la distribución gratuita y virtual de libros, visitas a museos, conciertos, obras de teatro, clases de fotografía, etc. y posibilitando el acceso masivo, cosa que habitualmente no es posible por su elevado coste.

17. Se está destinando dinero a la investigación y a la ciencia. ¡Inaudito!

18. La mayoría de personas aparca las diferencias de ideología política para formar un frente unido frente a la crisis.

19. Ha bajado drásticamente la contaminación ambiental, lo que supone un respiro para nuestro maltratado planeta. También hay animales, como los deflfines, que han notado que tienen mayor libertad para moverse.

Ojalá y dentro de toda esta desgracia aprendamos bien la lección, como individuos y como sociedad, y podamos retomar la normalidad construyendo un mundo nuevo más amoroso, justo y solidario.

domingo, 15 de marzo de 2020

Sobrevivir al confinamiento sin morir en el intento


Ante las circunstancias extraordinarias que estamos viviendo por la pandemia del Coronavirus, hoy os escribo de forma seria y desde mi profesión como psicóloga. En España se ha decretado el Estado de Alarma y se nos obliga al confinamiento en casa para frenar el contagio del virus y en consecuencia el número de muertes y el colapso del sistema sanitario. Eso obliga a reorganizar dinámicas y rutinas en las familias y a una convivencia forzosa durante 24/7 a la que no estamos acostumbrados. Por eso me permito daros una serie de recomendaciones para sobrevivir al confinamiento y no morir en el intento.

Asume que no estás de vacaciones. 

Las vacaciones son un periodo de cierto libertinaje, en el que “vagueamos” voluntariamente y aprovechamos para descansar y parar la estresante rutina del día a día. Así, es muy fácil pensar en pasar este confinamiento forzoso como si fuesen unas vacaciones, durmiendo hasta tarde y alargando la madrugada viendo series, en pijama y comiendo mal y a deshoras, total, “no tenemos nada mejor que hacer”. Pero es muy probable que al tercer o cuarto día te hayas agobiado, se cambiarán tus ritmos circadianos y puedes tener sensación de tedio, además de que, cuando la situación se normalice, te costará mucho más volver a la rutina. Eso por no hablar de que, a diferencia de cuando estás de vacaciones, no tienes plena libertad para entrar y salir de casa ni para hacer muchas actividades.

Por eso es importante intentar llevar una vida, dentro de lo posible, que te garantice rutinas y ocupación. Levantarse a una hora prudente, mantener ciertas rutinas en horarios y comidas, y distribuir el día en diferentes actividades, que deberían incluir: tareas domésticas, higiene personal, ejercicio físico, estimulación cognitiva (leer, escribir, estudiar, hacer sudokus…) y ocio personal y familiar. Si teletrabajas, delimita un horario para hacerlo como si estuvieses en la oficina. De lo contrario, corres el riesgo de trabajar demasiadas horas o no estar haciendo al cien por cien ni unas cosas ni otras. Igualmente, es importante diferenciar las rutinas del fin de semana de las de entre semana.


Con niños pequeños.

Si tienes niños pequeños, el confinamiento puede convertirse en una auténtica tortura, y salir “un momento” al parque, la montaña o la playa, algo muy tentador pero que no debes hacer. Vas a tener que dedicarles tiempo y poner a prueba tu creatividad ¡y tu paciencia! Organiza su tiempo y sus rutinas, intenta mantener sus horarios, ponles tareas de tipo intelectual (leer, dibujar, deberes…), juega con ellos, mirad películas juntos, haz manualidades, baila, etc. Es importante limitar el tiempo que pasan delante de una pantalla y estimularlos a hacer actividades en familia. Hazles participar de las tareas domésticas, cocina con ellos e incluso deja espacios para el aburrimiento que estimulará su creatividad. Elaborad juntos un horario y colgadlo en la nevera. Internet es una fuente inagotable de recursos para hacer más llevaderos estos días, tanto a los mayores como a los pequeños. Si teletrabajas, intenta adelantar cuánto puedas mientras ellos duermen o ven alguna película y haz turnos con tu pareja.

Por otra parte, si tus hijos son muy pequeños seguramente les va a costar entender lo que está pasando. No les mientas pero tampoco los alarmes y no esperes a que pregunten para hablar sobre ello, aunque tampoco los satures. Habla con ellos sobre sus emociones, dales mensajes claros, adecuados a su edad y sus conocimientos, que les hagan sentir seguros y vivir el encierro como algo divertido y una oportunidad para pasar tiempo en familia, un bien escaso en nuestros tiempos. Te recomiendo leer estas pautas que ha elaborado el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.


Cuida tu estado de ánimo.

Esta situación genera incertidumbre y preocupación en general, pero algunas personas pueden sufrir estrés y ansiedad, especialmente por el hecho de tener que estar encerrado en casa o por el miedo al contagio. Además, la convivencia ininterrumpida con nuestra pareja e hijos puede generar tensiones y conflictos. Por otra parte, permanecer en entornos cerrados durante mucho tiempo tiende a afectar nuestro estado de ánimo, haciéndolo variable sin ningún motivo concreto o magnificando nuestras emociones, haciendo que vivamos todo de forma más intensa.

Por eso este no es un buen momento para tomar decisiones importantes en ningún ámbito ni para continuar las discusiones que puedan surgir en casa. Diréis cosas de las que os arrepentiréis. Intenta ser flexible y adaptarte a la situación, dejando para momentos de posterior normalidad aquellas cosas que creas importante hablar.

Ocupa tu tiempo en actividades que te hagan sentir bien y, aunque puede ser complicado, procura encontrar un espacio diario para estar contigo a solas, haciendo lo que te apetezca, meditación, escuchar música, leer, tomar un baño… En definitiva, el tiempo de desconexión familiar y social que en circunstancias normales te tomarías o, como mínimo, te lo daría el simple hecho de ir a trabajar o a la compra.

Aunque los desplazamientos están muy limitados, se puede salir de casa a comprar, sacar el perro o tirar la basura. Haced turnos en la familia para que todos aquellos que puedan salir solos lo hagan y puedan tomar aire fresco. Si dispones de jardín, terraza o balcón, es una buena opción para tomar el sol y el aire.

Igualmente, es vital mantener contacto con amigos y familiares por teléfono o videollamada, especialmente si vives solo, así como para mantener y reforzar las relaciones entre los niños y sus amigos, abuelos y nietos, en caso de padres separados, etc.

Procura vestirte y arreglarte prácticamente como si fueses a salir a la calle. Verte todo el día sin peinar y en pijama te dará sensación de dejadez y puede afectar tu estado de ánimo y el de los demás. Prepara con mimo alguna comida o cena que pueda sustituir la salida al restaurante. En definitiva, cuida los detalles.

Respecto al Coronavirus, intenta mantener la calma y mantente informado tanto de la evolución de la pandemia como de las medidas que vayan tomando las autoridades. Para evitar caer en el alarmismo y la histeria colectiva, busca fuentes fiables de información como los organismos oficiales y deja los memes, vídeos y opiniones de las redes sociales para el sentido del humor, que también es muy necesario para sobrellevar esta crisis. Ten en cuenta que informarse no es lo mismo que obsesionarse. Dosifica el tiempo que dedicas a saber o hablar del virus y procura ocupar tu mente con otros temas totalmente distintos y que te sean gratificantes.

Si aun así sientes que te desbordas emocionalmente, pide ayuda a tu pareja u otras personas de tu confianza y habla sobre tus miedos y sentimientos. Por último, recuerda que siempre puedes recurrir a la ayuda de un profesional de la psicología que podrá atenderte online o por teléfono.


Y por último, raciona el papel higiénico!!  😂😂😂

viernes, 24 de enero de 2020

A pesar de mí

Reviso el diseño del Blog y las estadísticas, que últimamente lo he tenido un poco abandonado. Me quedo perpleja, completamente alucinada, al ver que me está leyendo gente de todas partes del mundo, incluso desde países tan insólitos para mí como Ucrania, Indonesia, Rusia, Singapur... De hecho, ¡Rusia es el segundo país que más me lee después de España! Alucinante. Me invade un sentimiento de tremenda responsabilidad, a la vez que se infla mi ego en idéntica proporción. Es increíble lo que Internet le ha hecho al mundo. Y pienso, ¿será gente española que vive en esos países? ¿o traducirán el blog a su idioma? ¿y cómo lo habrán conocido? ¿Y por qué ahora todo el mundo está leyendo la entrada sobre la cena de exalumnos? ¿¿Será que hay una convención internacional sobre exalumnos de EGB y están pillando ideas?? Siento una enorme curiosidad.

Y ver que el Blog sigue vivo a pesar de que yo estoy un poco muerta, me devuelve las ganas de escribir. Me hace pensar que lo que escribo no es sólo para mí, que hay gente a la que le puede gustar. A pesar de mí. A pesar de mi tendencia a menospreciarme, bah, no es tan bueno... lo dices porque me aprecias... yo no lo veo tan bien... Doña Perfecta.

Pues bien, en este 2020, en el que cumpliré 50, he decidido que voy a cambiar muchas cosas de mi vida, porque a ver, admitámoslo, ya voy a entrar en tiempo de descuento, y no quiero llegar al fin de mis días arrepintiéndome de todo lo que tendría que haber hecho y no hice o todo lo que hice y no tendría que haber hecho. Ni tampoco quiero dar ese paseo sintiéndome básicamente infeliz. Últimamente estoy jodida, muy jodida. Pero eso va a cambiar. Al cabrón que reparte las cartas en el juego de la vida se le ha ido un poco la mano, pero estas son mis cartas. Y las voy a jugar lo mejor que sepa.

Y uno de mis propósitos de cambio es escribir, pero escribir de verdad. Y para eso os adelanto, como forma de comprometerme en público, que estoy escribiendo una novela. Que la empecé hace más de un año, pero la tengo abandonada. Y que la voy a retomar y la voy a publicar, aunque la tenga que pagar yo y la lea solo mi madre. Bueno, y Keaton*, que, para salvaguardar su integridad física y mental, la tendrá como lectura obligatoria 😂😂. Así que presionadme, preguntadme por mi novela continuamente, para que me muera de la vergüenza y me vea en el compromiso de cumplir con mi promesa. Porque sé que publicar una novela sería una de las cosas que me haría más feliz en la vida y porque sé que el viaje de escribirla valdrá la pena. Porque quiero escribir, a pesar de mí misma.



* A partir de este post, llamaré Keaton a mi marido, ya que es como le llaman unos amigos que se empeñan en decir que J se parece al actor Michael Keaton.



Resultado de imagen de escritor
Imagen tomada de culturacolectiva.com

viernes, 17 de enero de 2020

Slow time


Dos hermanas y una amiga, quince, dieciséis años. Van a ver la cabalgata de Reyes a un pueblo cercano, han quedado con colegas. ¡¡Corre, corre, qué viene el tren!! ¡Va, que nos da tiempo a cogerlo! El tren que circula en dirección contraria está parado en el andén. Ellas tienen que coger el que pasa por el andén de enfrente. ¡¡Va, tía, corre, cruzamos por detrás, que nos da tiempo!! A la primera le dio tiempo; a su hermana y a la amiga, no. Una, muerta; la otra, herida.

Esto sucedió la víspera de Reyes en mi pueblo y no me lo puedo sacar de la cabeza. ¿Por qué esas prisas? ¿Por qué perder la vida por coger un tren para ir a divertirse, cuando no hay un horario que cumplir y teniendo en cuenta que pasa un tren cada siete o diez minutos? Y es que vivimos en la cultura de las prisas. No se puede perder el tiempo.

Anuncios de antigripales: “que un resfriado no te pare”, no vaya a ser que nos tomemos el tiempo de ponernos enfermos, “con niños no se pueden tener días libres (para estar enferma)”, no vaya a ser que dejemos de ser las madres perfectas. Se premia lo rápido, lo primero, lo breve. Hay que ser el primer medio en dar la noticia, no importa cómo la des, si es veraz o no, ni a quién ofendas o hieras. Hay que sacar rápido otra canción, otro libro, otra película. Ser el primero en “dar a like”, el más rápido en subir la historia. Hasta en prácticas sexuales gilipollas como el juego de la galleta. Tenemos prisa para ir a trabajar y luego prisa para que pase la jornada de trabajo, aunque te guste lo que hagas. Prisa para que nos atiendan en un restaurante, para comprar, para cocinar, para depilarnos o en la peluquería. Prisa para recuperarnos cuando nos sentimos mal o cuando pasamos un duelo. Prisa para que llegue el tren, metro o autobús y prisa para que llegue a su destino. Prisa también para llegar al destino de vacaciones y prisa para entrar al museo. Prisa para tener relaciones sexuales, que tenemos cosas que hacer. Prisa para acabar un buen libro, y que no sea muy largo, que no tengo tiempo. ¿Una canción de ocho minutos? ¿Un audio de cuatro? Buff, ¡qué pereza!


Imagen tomada del Blog laquiles.com
Cualquier espera nos irrita, nos impacienta. Como tengamos delante de nuestro turno alguien que hace las cosas despacio, sobre todo si es un abuelito, cuando alguien es lento en adquirir una idea o entender algo… nos exasperamos. ¿Y cuántas veces nos decimos “no tengo tiempo”, “no me da la vida”? Queremos hacer mil cosas en el día, siempre corriendo a todas partes y haciendo correr a nuestros hijos desde bien pequeños “para llegar a todo”. Llenamos nuestra vida de tareas y obligaciones para exprimir al máximo la vida, y no nos damos cuenta de que, paradójicamente, cuánto más acelerados vamos, menos la disfrutamos. Y ante esa sensación de insatisfacción, ¿qué hacemos? Buscar nuevas actividades, nuevos retos, nuevos proyectos que nos estresan e insatisfacen aún más. Marchando una de círculo vicioso.

Y por supuestísimo, no tenemos tiempo de pensar. De pensar de verdad, de parar, de reflexionar, de aprender de nuestros errores, de mirarnos con atención y mirar a los que nos rodean de forma plena. Vivimos desconectados de nuestro propio yo, no hay tiempo para eso. La introspección nos da miedo, mirar hacia dentro y descubrirnos, con nuestras luces y nuestras sombras, asusta. Así que es mucho más sencillo quedarse enredado en el corre-corre diario. En palabras de Nietzsche: “la prisa es universal porque todo el mundo está huyendo de sí mismo”.

“En el mundo actual, 
la lentitud es subversiva”

Pues yo no sé si será la edad, o mi enfermedad que también ayuda a ralentizarlo todo, pero últimamente me estoy haciendo fan del slow time, de vivir las cosas despacio, saboreándolas en su tiempo justo. He leído por ahí que, en el mundo actual, la lentitud es subversiva. Estoy totalmente de acuerdo y me voy a hacer una revolucionaria, una Che Guevara del vivir despacito. Quiero disfrutar de esa charla con amigas, de una buena peli o un buen libro, de sentarme en el sofá a no hacer absolutamente nada. Quiero hacer el amor despacio, sentir un beso interminable, un abrazo de los que te resetean. Quiero tomarme el tiempo que necesite para recuperarme. Comer despacio, pasear, ser consciente del sol. Me voy a tatuar mentalmente palabras como contemplar, reflexionar, saborear, disfrutar, despacio, caricia, calma. 

Porque, total, cada siete minutos pasa un tren, y a dónde todos vamos a ir, no tengo prisa por llegar.


Imagen tomada del Blog laquiles.com



domingo, 2 de junio de 2019

Esta dieta es un puntazo

Ensalada de atún
Hace un tiempo os contaba 👉 en este post que estoy aprendiendo a comer. Porque, que comamos, no significa que sepamos comer. Empecé hace más tres años a seguir el método Weight Watchers, conocido en España como "En tu línea" o "La dieta de los puntos". En realidad no se trata de una dieta, aunque si tienes sobrepeso y la sigues, vas a adelgazar. ¿Por qué? Pues porque, como os decía, te enseña a comer de forma equilibrada y las calorías que tu cuerpo necesita (en lugar de calcularlas en calorías, te enseña a contarlas en puntos, que es más fácil). Así que, a la que empiezas a regular ingesta y gasto, pierdes peso. En realidad, es más simple que el mecanismo de un lápiz.

No os voy a aburrir explicando en qué consiste el método. Internet está llena de información. Lo que sí os digo es que es la mejor "dieta" que he conocido en mi vida, porque es sana, fácil de seguir, no tiene alimentos prohibidos (NINGUNO) y te permite tener vida social sin remordimientos y sin tener que estar dando explicaciones a cada momento. Desde este pequeño rincón del planeta os digo: NO a las dietas milagro y a las mil barbaridades que corren por ahí. No sirven a largo plazo, son una auténtica tortura y muy dañinas para la salud.

Pero bueno, a lo que vamos. Lo que os quiero explicar en este post es parte del mundo que rodea al método. Una de las claves de su éxito (si no LA CLAVE), es que cuenta con una gran red social de autoayuda. Por un lado, están las reuniones "profesionales", dónde una monitora formada en el método (a menudo, exgorda) te lo explica, te hace seguimiento y cada semana da trucos, consejos, recetas, etc. La primera vez que fui a una reunión, con mi amiga Ana, me moría de la risa. Es tipo Alcohólicos Anónimos, no nos presentamos como, hola, me llamo Yolanda y soy gorda, pero casi. Os cuento.

Kebab casero
Lo primero que hacía la monitora era pesarte, anotar tu peso y decirte los puntos diarios que tenías para esa semana. El momento del peso era delicado. En primer lugar, esperábamos haciendo fila, como quien va al matadero, mirándonos de reojo las unas a las otras y sacando lo peor de nosotras mismas, eso sí, pa nuestros adentros, que somos todas mu finas... uy, pues yo creo que esta no adelgaza... anda que esta, menos mal que ya te has puesto a dieta, mona... ¿y esta pa que viene? como no quiera perder las gafas... Luego, entrabas a un pequeño cuartito, done te pesaba, en privado, menos mal. Como sólo te dejaba quitar los zapatos, procurabas ir siempre con la misma ropa, aunque te murieras de frío o de calor. De hecho, la mayoría teníamos nuestra "ropa del día de la reunión", que cualquiera que nos viera diría, qué guarras, vienen siempre con la misma ropa... guarras no, estrategas. Cualquiera que haya ido a reunión, sabe de qué le hablo. Una cosa que te enseña este método es a hacer álgebra matemática para rescatar puntos y quitar gramos de donde no los hay, os lo aseguro. Una vez que te había pesado, salías por otra puerta a la sala donde se hacía la reunión. A menos que hubieras sido la primera, allí estaban las que habían pasado antes que tú, escudriñando tu cara, con dientes a lo Pantoja, intentando adivinar si salías contenta o cabreada.

Una vez todas pesadas, empezaba la reunión con la monitora diciendo, hoy felicitamos a nuestra amiga Mari, que ha perdido un kilo y medio!! y todas, ¡¡Felicidaaadeeees Mari!! y aplaudiendo 👏👏👏. Y a nuestra amiga Tere, que ha perdido 800 gramos!! ¡¡Felicidaaadeeeees Tere!! más aplausos. Y así con todas las que habían perdido. Así que, si no te decía, todas sabían que no lo habías conseguido... miradas de esas de condescendencia, de lástima, de "te jodes", en fin... miradas. Menos mal que no decía, y ahora vamos a tirarle tomates a nuestra amiga Juana, que ha engordado 400 gramos!! Lo siguiente era, venga, ¿¿quién ha hecho ejercicio al menos tres veces a la semana?? Y te daba una pegatina de una zapatilla que tenías que poner en tu cartilla de seguimiento. Había también coronas (sí, sí, coronas tipo Burger King) para las que conseguían perder peso en vacaciones y Navidades, obsequios para cuando llegabas a según que objetivos, y un momento especial cuando alcanzabas la fase de mantenimiento. En fin, todo un despliegue de psicología conductual. He de reconocer que me fueron bien, y que el tiempo que estuve, adelgazaba cada semana. Pero lo dejé . Porque para ser coach hay que tener unos mínimos de empatía, y mi monitora se ve que la perdió junto con los kilos.

Fajitas de pollo en barquitas
Luego encontré otro tipo de ayuda, más informal: los grupos de Facebook. En ellos, las administradoras suplen un poco ese papel de coach y los participantes publicamos nuestros menús, recetas, progresos y dificultades, para aprender y compartir entre todos. He de decir que estoy encantada con estos grupos, especialmente con uno, en el que decidí quedarme de forma más activa, porque además de serme muy útil, ¡es muy divertido! Al principio, cuando vi las publicaciones de la administradora, flipé mucho... ole tu chochooo... ofú, qué arte!!... así no, chochooo.... venga, chochete, que tú puedes!! que yo decía, me he metido en un grupo de dieta, en uno de obstetricia, o en la Feria de Abril???  Y luego, cómo escribe, la muchacha... 🙈🙈 que yo pensaba, esta chica pasa hambre: se come las vocales, las consonantes, el comodín del público y a Jorge Fernández (presentador de La Ruleta de la Fortuna). O eso, o es campeona mundial de morse. Pero bueno, cuando la conoces ves que es una malagueña con mucho arte y muy buena gente!

Luego está la administradora junior, una tía que ayuda continuamente, con sus consejos y sus chapas, sus recetas, sus ideas, sus correcciones... tan maravillosa, buena persona y generosa, como irreverente y subversiva, que, aunque ha dicho mil seiscientas treinta y tres veces voy a dejar de ser tan activa en el grupo porque no tengo tiempo, no se hace caso ni a sí misma!! 😂😂 Un gran descubrimiento para mí, alguien que se ha convertido en mi GRAN AMIGA.

¿Y qué decir de las participantes? 😂😂😂 El grupo lo forman unas 15 mil personas, que se dice pronto, pero al final, publicamos, con más o menos asiduidad, unas 30 o 40 personas, siendo generosa, pero damos taaaanto juego.... jajajajajaja...

Está el grupo de las empollonas, esas que lo hacen al dedillo, tan bien que dan asco, con platos perfectamente equilibrados, cálculo perfecto de los puntos, menús totalmente saludables... Bajan peso cada semana, salen y disfrutan, y siempre están contentas y positivas. Pa darles con la mano abierta, vamos.

Ensalada caprese
Luego están las hormigoneras, por lo del cerebro más duro que el hormigón. Por más que se le expliquen las cosas, no hay manera de que lo entiendan o lo corrijan. Y ojo, no me quejo de la falta de capacidad, que eso lo entiendo y lo respeto, sino de la falta de voluntad para aprender, de lo tocho, de los oídos cerrados... mira, que es que te faltan hidratos, tienes que meterlos en las comidas principales... ahhh, vale. Próxima publicación: le faltan hidratos.... mira, que es que te has vuelto a olvidar los hidratos... ah, pero es que el chuletón de kilo va empanado, ¿eso no cuenta?

También hay una liga de monjas cartujas. Son aquellas que hacen voto de silencio, nunca dicen ni mu, pero están ahí, al acecho, copiando todas las recetas y trucos desde las sombras. De repente, cuando alguien pone una publicación tipo "antes y después", con fotos del cambio de imagen, aparecen en los comentarios... pues yo llevo haciendo el método dos años, siguiéndoos, y he perdido 20 kgs... ¿hola? ¿¡dónde estabas?!. Muchas no publican por vergüenza, por falta de tiempo, o qué sé yo, pero es una pena, porque el saber comunitario se nutre de cuántas más aportaciones, mejor.

Sofiyogur con melocotón
Pero dentro de ese grupo, hay un subgrupo con más mala intención: las garrapatas. Son como las monjas, pero rompen su silencio únicamente para obtener información... oye, ¿y eso cómo lo haces?... ¿y eso dónde lo compras? sin ofrecer nada a cambio, o, lo que es peor, para criticar algo de tu publicación, que, cuando vas a ver su perfil, ves que es el primer comentario que hace en tres años... Y no publican porque no les da la gana, porque es mucho más cómodo que te lo den todo hecho. Y si las administradoras no les hacen el trabajo, o les dicen que busquen la información en archivos, encima se enfadan. En fin.

Luego están las biopejigueras: mira chiqui, es que ni las judías verdes son sanas... tienen un 3% de E-356, un 30% de clorofila, un 25% de fibra que NO, o sea, NO es integral, y un 6% de colágeno... ¿¿Te has comido esas galletas?? Ten cuidado, ¡son veneno!... Son caseras, las he hecho yo. Llevan harina y huevo.... Ah....  Tened cuidado con el aceite de palma, ¡está en todas partes! Lo mejor es no tomar nada que no provenga de la tierra... menos los gusanos, claro... Tienes razón, yo es que ya no tomo nunca azúcar, ni refinado, ni natural; de hecho, me alimento sólo de algas, y que no vengan del mar muerto, porque si no se traen hasta las malas vibraciones...

Las Marianas tampoco tienen desperdicio. Son esas que dicen no entiendo por qué no bajo de peso... el fin de semana me he pasado un poco, pero ¿¿para eso están los extras no???... (hay unos puntos extras semanales que puedes usar como te convenga, la mayoría los usamos los fines de semana. Son 49 puntos, el equivalente a unas 1.960 calorías aproximadamente). A ver, ¿qué has comido? ... mira, sólo dos jabalís, seis Dunkin Donuts, un costillar del Foster's Hollywood, una paella de marisco, un chuletón de buey con patatas fritas, manitas de cerdo en salsa y dos helados de chocolate, el último ya lo pedí sin nata porque me da que me estaba pasando un poco... ¿Por qué Marianas? Porque descienden de la orden de la Virgen María, que se quedó embarazada y no se enteró ni cómo.


Hojaldre relleno de pavo y queso
Luego estamos (yo me incluyo) las Big Bang Girls, esto es, las frikis que vamos a nuestro aire, hacemos el método un poco como nos sale de la pepitilla, (aunque siempre dentro de unos límites, no como las Marianas) y somos un auténtico misterio para la ciencia. Cuánto mejor lo hacemos, más engordamos y al revés, cuándo creemos que más nos hemos pasado, más adelgazamos. Perdemos peso con la regla y lo ganamos con una gastroenteritis. Bajamos cuando tomamos medicación y subimos cuando hacemos deporte. Queriendo perder peso, estamos en mantenimiento, siempre dando vueltas a un mismo peso. Y aunque intenten entendernos y ayudarnos, el funcionamiento de nuestro cuerpo es una gran incógnita. ¿Os imaginabais que yo podría estar en otro grupo? 😂😂😂

Ahora, con diferencia, mi preferida es la Reina Cuelgapellejos y su séquito de palmeras que le ríen las gracias. Una tía que ya está más que escurría, que de seca da asquito, y que, obviamente, tiene un serio problema psicológico con la alimentación y la autoimagen. Y la pobre, qué penita me da. Chicas, me he propuesto perder sí o sí los 300 gr que me faltan para llegar a mi peso... así que, aquí os dejo mi comida de hoy: ramilletes de brócoli (3) y 50 gr merluza al vapor... (Por supuesto, nunca come hidratos). Chicas, este domingo tengo barbacoa, madre mía, ¡qué miedo! Aunque puedo hacerlo, me como una buena ensalada antes de salir de casa y listo, es lo que hago siempre que voy a salir a comer fuera... Chicas, hoy ha sido el cumpleaños de mi hijo y he sido muy buena, le he hecho este pastel, que está buenísimoooo, pero yo no he probado ni un solo trocito... Chicas, me voy de vacaciones, intentaré controlar todo lo posible!!.....  Que dan ganas de decirle hija mía, pero para qué quieres estar tan delgada si no te cabe la sonrisa en la cara, que pareces una acelga... qué tristeza de platos, qué tristeza de rictus...  Cualquier día la invito a comer a casa. O a casa de mi madre 😂😂😂😂

En fin. Lo mejor de este grupo es que al final somos como una gran familia y yo, particularmente, he conocido a un grupo de chicas maravillosamente maravillosas, con las que se ha forjado una amistad auténtica que ya ha traspasado la barrera de los ceros y los unos. Lo que ha unido Internet, que no lo separe un punto!!!


Tortilla de espinacas rellena de queso de cabra

Nota: Las fotos son una muestra de platos reales que forman parte de mi alimentación cotidiana. Nada que ver con el Verdiplancha.

jueves, 23 de agosto de 2018

Soy cobarde

¿Qué haces cuándo todos tus sueños se rompen? Cuando tú quieres, pero tu cuerpo no. Cuando eres consciente de que todo aquello para lo que te has preparado toda la vida, ya no sirve para nada. Cuando, simplemente, eres incapaz de seguir haciendo lo que hacías hasta ahora. Cuando, sin que te haya pasado nada grave, sientes una tremenda incapacidad para ser feliz.

Así me siento yo. Como si el mundo se hubiera quebrado bajo mis pies.

Y entonces aparece, mi eterna compañera, la culpa. ¿Cómo puedes sentirte así, teniéndolo todo? Hay gente peor que tú. No te estás muriendo. No se te ha muerto nadie, ni tienes a nadie gravemente enfermo. Tus padres aún viven. Tu marido te adora. Tienes unos hijos preciosos, felices, sanos, fuertes y saludables. Hay personas que piensan y se preocupan por ti. Tienes un techo donde dormir, un plato en la mesa y dinero suficiente para darte muchos caprichos y comprar y hacer cosas que no necesitas. Puedes moverte, puedes hacer algunas cosas.

Imagen relacionadaY sin embargo siento que no puedo, a la vez que siento que no tengo derecho a sentirlo. Mi cabeza me repite constantemente, como una letanía: déjalo. Déjalo todo. Vete a tu casa. Dedícate a escribir. No sigas empeñándote en llevar un ritmo de vida que no puedes. Cambia de vida. Vete a vivir lejos, a un sitio más tranquilo, con otro clima más favorable. Busca la paz. Haz caso de una vez por todas a tu cuerpo, que mira dónde te ha llevado el no hacerle caso...

En el otro lado de la balanza, facturas que pagar, hijos a los que dar unos estudios y un futuro, creencias sobre lo que hay que hacer en la vida, sobre lo "correcto"... un cuento chino que hemos comprado con los ojos cerrados como la receta mágica de la felicidad y el bienestar: tener de todo, hacer cuantas más cosas mejor, trabajar mucho y bien, salir mucho, viajar y divertirte, hacer deporte y mantenerse eternamente joven...

Pero sobre todo hay miedo. Miedo a equivocarme, miedo a sufrir, miedo al miedo. Y así pasan los días, sin tomar una decisión, en la casilla de salida del tablero, sin mover un pie. ¿Es esto una prueba que me pone la vida? No es el fin del mundo, ni de tu mísera vida, simplemente tienes que tener cojones de afrontarlo. Pero soy una cobarde. Siempre lo he sido. No afronto los problemas, los meto debajo de la alfombra. Si no me gusta, dejo para mañana lo que puedo hacer hoy.  No enfrento mis sentimientos, ni tomo decisiones que sé que tendría que tomar. Quiero cambiar el mundo, me indigno con todo lo que ocurre a mi alrededor... pero no hago nada que no sea quejarme. No digo en qué me molestas o me dañas, simplemente desaparezco. No te digo que eres una maldita psicópata y que me estás maltratando. Hago como que no pasa nada, me pongo en modo tortuga, que pase el tiempo, y me engulla, me arrolle, me destroce... Que se apague la luz.

Pero sí pasa. Pasa la vida. Y aunque no somos felices, nos quedamos parapetados en la autocompasión, la queja y el inmobilismo. Sin arrestos para dar un golpe en la mesa, para decir, aquí estoy yo, y esto no es lo que quiero. El mundo es de los valientes. De los que se atreven a romper con todo y seguir su propio camino. Los cobardes, nos sentamos a esperar y ver la vida pasar.

jueves, 15 de marzo de 2018

Las nubes huelen a pescao

Se acerca la primavera. Me viene a la cabeza el sol, el polen, un prado verde, margaritas, los colores pasteles, una Coca-Cola en la terraza, las hormonas de mis hijos y el anuncio de compresas que decía ¿a qué huelen las nubes?

En qué momento a esos publicistas (hombres, por supuesto), se les ocurre hacer anuncios dónde las niñas, peripúberes, delgadas y preciosas (de todos es sabido que las mayores de treinta, gordas y feas no tenemos la regla), se visten con minifalditas, minishorts o pantalones ajustados y te dicen, con sonrisa Profident, que se pueden poner boca abajo en unas anillas olímpicas (lo que viene siendo nuestra rutina diaria, vamos), o que no se pierden un día de playa porque tienen el supertampón o la supercompresa que, por absorber, les absorbe hasta el cerebro. ¡Y tener la regla es happy! ¡Y las nubes huelen! ¡¡Y los unicornios trotan junto a mí!! Aunque en esto último puedo estar de acuerdo: con lo que se deben haber fumado para hacer esos anuncios, seguro que ven unicornios...



Para empezar, de cuatro semanas que tiene el mes, estás con molestias diversas tres: la de antes, la de durante y la de después. La semana previa a que te baje la regla, las tetas se te ponen como dos Zeppelines, que coges a un niño en brazos y se piensa que está en el parque de bolas. Y no sólo eso, sino que duelen que te cagas. Se te ponen los pezones como discos de cortar diamante, que el roce de las sábanas o del pijama te hace hablar en arameo. Otro signo equívoco de que te va a venir la regla son los granos. Te salen granos por toda la cara, lo que te da un aspecto de lo más atractivo, sobre todo si coincide con que no te has depilado el bigote. Después están los dolores de ovarios y lumbares, que piensas ¿a ver si es que tengo unos pequeños hijoputas ahí abajo y me están succionando el óvulo desde dentro? Eso por no mencionar el aumento de flujo, la retención de líquidos, los calambres en las piernas, el dolor de cabeza, el malestar general... y la mala hostia. Ay, sí, la mala hostia. La irritabilidad alcanza cuotas máximas, que si fueras el martillo de fuerza ese de las ferias, mandabas la bola al culo de Neil Armstrong... Ahí es cuando muchos lis-tos (y listas) te dicen ay, ya estás en esos días... ¡¡¡¡sí, qué pasa, estoy en esos días!!!!! En esos días en que me cago en tu puta madre cuando veo el anuncio de a qué huelen las nubes.

Y el hambre. La regla da hambre. Mucha hambre. Y, por supuesto, ¿hambre de coliflor? ¿o de kale, berros, quinoa y no sé qué otras mierdas que estoy descubriendo que existen? Noooo, amigo mío publicista fumeta, no. Tienes hambre de chocolate Nestlé, de Ferrero Rocher, de un sandwich de Nocilla, de fresas con fondue de chocolate, ¡¡de helado de chocolate!! Chocolate en cualquiera de sus formas. Y si no tienes chocolate, dulce. Y si no tienes dulce, matas. Así que, perdona, pero es imposible tener el tipo de tus niñas del columpio.

Después llega. Siempre llega. Y lo suele hacer a lo grande, venga, como si no hubiera un mañana... Al menos los dos primeros días, sale sangre ahí como si la fueras a donar para una guerra. Amigo amante de los unicornios, créeme: no hay nada idílico ni bucólico en que te salga sangre del coño. Huele. Y huele mal. Ya te puedes poner compresas odor-noséqué. Como si te pones bolitas de alcanfor. Apesta. Se te manchan las bragas y puede que hasta los pantalones. Sales de la puñetera ducha y, después de haberte frotado veinte minutos para eliminar cualquier resto, te secas con la toalla y ¡pam! ahí está otra vez. A veces hasta pasas el apuro de manchar la silla en la que estabas sentada, cosa que me ha pasado más de una vez.

Al hilo de esto, recuerdo que, estando yo en primero de Bachillerato, en uno de los descansos entre clases, una compañera se acercó a mí y discretamente me dijo: creo que te ha venido la regla, tienes la falda manchada. Por supuesto, como no podía ser de otra forma, cuando me lo dijo yo tenía los codos y la barriga apoyados en una mesa, con el culo en pompa. Si no me morí ese día de vergüenza, es que ya puedo afrontar cualquier cosa. Ya me veis saliendo de la clase hacia el lavabo, con una amiga delante y otra detrás, en plan trenecito de La Conga. El pasillo, flanqueado a izquierda y derecha por una hilera de chicos y chicas (aunque, obviamente, yo sólo veía chicos) de cursos más altos, que empezaron a cachondearse de nosotras. Una vez en el lavabo, vi que el desastre no tenía arreglo: la falda era de esas ochenteras, horrenda, de vuelo hasta la rodilla, a rayas naranjas, rosas y amarillo pálido, algo así. Y la mancha, la pedazo de mancha, estaba junto al borde inferior. No se nos ocurrió otra cosa que darle vueltas a la cinturilla hasta convertir la falda en una superminiminifalda, que si llego a llevar Tampax seguro que se me sale el cordelito por abajo, y después anudarme a la cintura un jersey que me prestaron. Cuando salí hacia la clase, otra vez por el pasillo de los horrores, todos los chicos empezaron a silbar, a decirme cosas y a partirse el culo a mi costa. En fin, otra de esas experiencias mías… Otra vez, ya de adulta, en el trabajo, se me mancharon unos pantalones blancos (¡cómo no!) justo en la convergencia triangular, ya me entendéis... Unas compañeras tuvieron que salir a comprarme unos pantalones y unas bragas. Y bueno, pijamas y sábanas manchadas para qué os cuento...

Y da igual que uses compresas maxi, con alas o tampones que parezcan un corcho de Codorniu... que no, que eso no hay quién lo pare... Que por cierto, el invento de las alas, se supone que es para no manchar las bragas, pero no funciona. No hay cosa menos práctica. Cuando despegas la compresa del envoltorio, se pegan las alas entre sí, o al cuerpo central de la compresa, y a ver quién es la guapa que las despega. ¿Y los tampones? Hay a quién le van muy bien; yo no puedo con ellos. Los uso in extremis, en verano y cuando es imprescindible. No sé por qué, se me abren dentro cuál linda mariposa y luego para sacarlos, no veas qué daño. Y asegúrate de que el hilito queda fuera. Y acuérdate de quitarte uno antes de ponerte otro, que eso también me ha pasado de jovencita. Y sobre todo, ¡qué higiénico! No te manchas las manos ni nada, y así no te tienes que ver en la situación de estar en un baño público, con el lavamanos fuera, las manos manchadas de sangre, en cuclillas, el abrigo colgando de un brazo, las bragas en los tobillos y aguantando la correa del bolso con la boca. No, no.

La semana que tienes la regla, sigues teniendo un hambre espantosa de dulce. La buena noticia es que se te han deshinchado las tetas. La mala, que ese aire ha bajado a tu barriga y pareces la nieta de la vieja de la Fabada Asturiana, más hinchada que el currículum de Tamara. Los riñones y los ovarios siguen doliendo. Para algunas, esos dolores son insoportables el primer y segundo día de regla, y pueden venir acompañados de vómitos, hasta el punto de tener que tomar medicación o incluso quedarse en la cama. Y luego, el estado de ánimo. Tal vez disminuya un poco la irritabilidad (he dicho tal vez), pero entonces empiezas a llorar por las esquinas, sin saber por qué. De repente te emociona ver una gota en el cristal, cómo bebe agua un pajarillo o que tu hijo resuelva una ecuación de segundo grado a la primera. Y cuando te preguntan qué te pasa, dices que nada, y empiezas a reírte de forma nerviosa, mientras sigues teniendo el rostro lleno de lágrimas. Qué, ¿cómo van los unicornios, colega?

Y después de cinco días en ese estado, en los que, por supuesto, tienes que seguir trabajando o estudiando, haciéndote cargo de la casa, los niños, yendo al gimnasio, quedando con los amigos, estando guapísima de la muerte, de buen humor y teniendo ganas de follar... cuando crees que ya ha pasado todo… pues no. La semana de después, aunque hay a quién le siguen doliendo un poco los ovarios u otros síntomas físicos, quedan sobre todo secuelas anímicas. Te sigues sintiendo triste sin saber por qué, o en una montaña rusa emocional, que se define con claridad, seguro, cuando te subes a la báscula y descubres que has engordado de uno a dos kilos. Entonces ya no tienes duda de la emoción que sientes y porqué.

Luego viene una semana de tranquilidad hasta volver a la carga. Todo esto con honrosas excepciones, porque hay chicas que, afortunadamente, no se enteran. Además, hay que tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, la regla no se comporta con la precisión de un reloj británico, sino más bien como una hijaputa psicópata, a la que no le importa adelantarse o retrasarse para acompañarte en una boda o evento importante, un puente o vacaciones, sobre todo si es en la playa, o cuando tienes hora para ir a un balneario o depilarte. Por otra parte, tengo más que comprobado que las mujeres nos podemos sincronizar y tener la menstruación al mismo tiempo. Me ha pasado varias veces con compañeras de trabajo, lo cual contribuye a crear un ambiente laboral de lo más distendido y amigable: varias tías en esos días…

Así que, ¿a qué huelen las nubes, cabrón? Las nubes huelen a pescao. Y del de ayer.