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martes, 5 de mayo de 2020

El Coronavirus, Stuart y una habitación de once metros


Hoy hace quince días que estoy aislada en mi habitación, dentro del confinamiento general, porque parece ser que me contagié del puñetero bichito. Y digo 'parece' porque los famosos test que iban a llegar a todo el mundo por aquí no han aparecido. Por suerte, he tenido casi toda la batería de síntomas, pero leves. Otra cosa será si esto me va a pasar factura en la fatiga crónica, pero bueno, intento ocuparme y no pre-ocuparme.

Oficialmente me han dado de alta por teléfono, “ya estás bien”, aunque el dolor de cabeza persiste como una mosca cojonera, o, mejor, como ese molesto mosquito que cuando te estás durmiendo pasa en vuelo rasante a dos milímetros de tu oreja. Y digo yo, ¿ya estoy bien? Bueno, peor no estoy, eso está claro. Podría haber sido peor, eso también está claro. ¿Pero bien? Vamos a pensarlo juntos.

Llevo 21.685 minutos en una habitación de unos once metros cuadrados (por suerte no es muy pequeña). Sé que tiene, exactamente, 63 baldosas en el suelo. Que mi cama mide ocho palmos de ancho y que se duerme estupendamente sola. Que hay un kilo de pelusa entre la cama y el cabecero, que supongo será el preludio de la tonelada que habrá bajo el canapé. Que las vistas de mi ventana son horrorosas y que el señor que vive en frente está haciendo el Ramadán, o por lo menos ora cada tarde a las seis. Que la televisión de mi cuarto no sirve para nada más que para hacer honor a la antiestética y para coger polvo. Que necesito un Satisfyer. Que un lateral de mi mesita de noche está roto y no sé cómo ha ocurrido. Que las bragas quedan más bonitas ordenadas por colores. Que tengo más ropa de la que necesito.

En estos días:
  • He dormido. Mucho.
  • He jugado al Scrabble en línea. Muchísimo.
  • He leído. Poco.
  • He visto series muy chulas y he empezado Bates Motel y no me ha enganchado.
  • He hecho un curso online para aprender a teletrabajar (no te jode!).
  • He pensado. Poco.
  • He limpiado el polvo, barrido y fregado como si la habitación fuese un quirófano.
  • He comido.
  • He vuelto a comer.
  • Y después he seguido comiendo.
  • Me he tomado muchas pastillas.
  • Me pasan la comida en una bandeja como a los presos, que sólo me falta hacer una rendija en la puerta.
  • He salido al baño como si fuese un científico nuclear. Y cada vez que lo uso lo limpio y desinfecto, que no he visto el baño de mi casa más limpio en mi vida, parece el de un museo.
  • He hablado mucho por teléfono y videoconferencia con familia y amigos.
  • He ayudado psicológicamente a otras personas desde un perfil de Facebook que abrí para ese fin.
  • Me he embarcado en un nuevo proyecto profesional que ya me rondaba por la cabeza y ahí estoy, dándolo todo.
  • Me he angustiado, he llorado, he reído, he estado súper triste y de subidón total.
  • He bailado y escuchado música.

Vamos, que sólo me falta ponerme a caminar por el techo a cuatro patas como la niña del Exorcista, que ganas no me faltaron cuando ayer la doctora me dijo que, precisamente porque “ya estás bien”, “debes quedarte 14 días más en aislamiento”. ¿¿Perdona?? Protocolo.

Así que, bien, lo que se dice bien, no estoy. Porque me muero de ganas de que me dé el aire, de ver la playa, de caminar largo, de tomarme una Coca-Cola en una terraza al sol, de quedar con amigos y echar unas risas sin una pantalla de por medio... Porque me metí en la habitación con calcetines y chaqueta de lana y cuando salga lo haré en bikini. Pero sobre todo, sobre todo, porque me muero de ganas de abrazar y besar a mis hijos y a Keaton. Que tenerlos al otro lado de la puerta y verlos de lejos y no poder tocarlos, sobre todo en estos momentos tan inciertos y angustiosos para todos, es una de las experiencias más duras que he vivido. Menos mal que tengo a Stuart, mi perro, que con las pelanas que se le han puesto me hago a la idea que es John Nieve y se está llevando una dosis extra ultra plus de mimos. Lo malo es que es blanco, y cuando abro los ojos estoy besando a Fujur, el de La Historia Interminable…😂😂

Aquí Stuart, cuando aún existían las peluquerías caninas :)
En fin, que no me queda otra que aguantar. Y ser feliz, que yo lo puedo contar. Eso sí, como me digan que mi aislamiento se alarga un solo día más, me tatúo los planos de mi piso, rollo Prison Break, y me hago una ganzúa con las hebras blancas de las naranjas.

martes, 7 de abril de 2020

Cosas positivas que nos está enseñando esta pandemia



Que la pandemia del COVID-19 (coronavirus) está teniendo y tendrá consecuencias devastadoras en todas las áreas de nuestra vida no es algo desconocido. Estamos viviendo un horror sin precedentes a nivel mundial y tardaremos tiempo en recuperar por completo la normalidad. 

Sin embargo, hoy más que nunca quiero que fijarme también en las cosas positivas que tiene esta crisis y el confinamiento:

1. Supone un parón vital que nos va a permitir resetearnos a todos los niveles. Cuando estábamos en la vorágine del día a día lo anhelábamos.

2. Nos está enseñando lo que de verdad es importante en la vida, así como a valorar esas pequeñas cosas que nos hacen felices cada día y que nos empeñamos en ignorar para desear otras cosas superfluas e innecesarias.

3. Aún con la limitación de no poder salir de casa, tenemos tiempo para hacer lo que nos gusta y siempre vamos relegando.

4. Nos estamos conociendo más a nosotros mismos y de lo que somos capaces en situaciones límite.

5. Nos hemos vuelto más cuidadosos con nuestra higiene y la de nuestro hogar.

6. Nos permite pasar más tiempo de calidad con nuestra familia, algo que también pedíamos siempre.

7. Los niños nos están dando una gran lección de adaptación a las normas, positivismo y resiliencia.

8. Estamos mucho más conectados con nuestros seres queridos, aunque sea de forma virtual, y estamos expresando sentimientos y buenos deseos que habitualmente no hacíamos por vergüenza o dejadez.

9. En efecto, estamos valorando mucho más la importancia del contacto físico, de los besos, los abrazos, las caricias, y de decir "te quiero", "te necesito", "deseo que estés bien".

10. Descubrimos quién se preocupa y se interesa realmente por nosotros y, por desgracia, el mal fondo de algunas personas. Fuera de nuestra vida la gente tóxica.

11. Se está retomando la vida vecinal en los núcleos urbanos. Los balcones se llenan de gente, se respira buen rollo y las personas tratan de animarse unas a otras.

12. Están saliendo muchísimas iniciativas y gestos solidarios entre la gente que nos devuelven un poco la fe en la humanidad. Hasta los pueblos eternamente en guerra han hecho una tregua.

13. Se está generando empatía y simpatía por colectivos que habitualmente no la tienen, como la policía o el personal sanitario.

14. Estamos aprendiendo otras formas de trabajar y aplicando la creatividad al mundo laboral. Ojalá los empresarios y administraciones aprendan que, en muchos casos, se puede seguir produciendo y moviendo el mundo sin necesidad de trabajar presencialmente en jornadas de 8, 10 y 12 horas.

15. Igualmente, se ha disparado la creatividad entre las personas que buscamos cómo ocupar nuestro tiempo de una forma útil y/o divertida.

16. Se está potenciando el uso de la cultura con la distribución gratuita y virtual de libros, visitas a museos, conciertos, obras de teatro, clases de fotografía, etc. y posibilitando el acceso masivo, cosa que habitualmente no es posible por su elevado coste.

17. Se está destinando dinero a la investigación y a la ciencia. ¡Inaudito!

18. La mayoría de personas aparca las diferencias de ideología política para formar un frente unido frente a la crisis.

19. Ha bajado drásticamente la contaminación ambiental, lo que supone un respiro para nuestro maltratado planeta. También hay animales, como los deflfines, que han notado que tienen mayor libertad para moverse.

Ojalá y dentro de toda esta desgracia aprendamos bien la lección, como individuos y como sociedad, y podamos retomar la normalidad construyendo un mundo nuevo más amoroso, justo y solidario.

lunes, 30 de marzo de 2020

Que dicen los psicólogos...

Que dicen los psicólogos que para llevar mejor el confinamiento hay que mantener una rutina, estar ocupado y procurar estar con los niños. Dicen que hay que teletrabajar mientras ellos duermen, así que me levanto a las cuatro de la mañana para adelantar. He tenido que llamar tres días al servicio técnico porque el puto portátil no se abre, que me dicen que es porque no meto bien la contraseña, insinuando que igual es que estoy dormida. A lo mejor el que está dormido es el ordenador, que yo me sé de memoria la puta secuencia de letramayúsculaletraminúsculanúmerossímbolosperounosíyotrosnoyquenosealaqueusasparatodo. Que lo que no acabo de entender es lo que me dice el técnico que tengo que añadir, algo así como “cagonturutamadre” que yo ya pruebo a ponerlo, pero no sirve de nada, el portátil sigue bloqueado. 

Intento trabajar hasta más o menos las ocho de la mañana, aunque a veces me sorprendo con la cabeza en el teclado babeando como un bóxer. Desayuno, me visto y saco al perro, que al principio molaba y me sentía envidiada, pero ahora ya no me hace ni puta gracia, y al perro menos. Que ayer cuando fui a ponerle la correa me lo encontré con un letrero entre las patas que decía “cagonturutamadre”, que digo, ¡hostia! ¡La misma contraseña que me dice el técnico! ¡Qué listo es este perro, coño! 

Cuando vuelvo despierto a los niños y me meto en la cocina. Con una mano les hago un zumo de naranja (que los veo muy amarillos o muy blancos, no sé bien, pero nada saludables), mientras con la otra mano me depilo las piernas y las ingles, que a las diez hay quedada vecinal en el balcón para tomar el sol. Me pongo un bikinitanga fosforito, que es el único que he encontrado perdido por los cajones, y salgo a la terraza con una pamela, gafas de sol y un mojito. Que me acabo de tomar una magdalena, pero leí en algún sitio que los batidos verdes son supersaludables y desintoxican, así que digo yo, que ya que no puedo ir a comprar verdura, la menta del mojito será lo mismo, ¿no? Por lo de compensar la magdalena.

Fuente: cuidateplus.marca.com
Cuando más a gustito estoy, impregnándome de Lorenzo, se me enciende un clic en el cerebro: ¡a las diez y media tengo un meeting con mi jefe! Me meto rápidamente en casa y tengo el tiempo justo de ponerme una camiseta y medio peinarme. Intento entenderme con él entre los bailes del Wifi, que va más lento que un caballo de mármol, y mis hijos, que pasan como 537 veces por detrás de mí, tirándose de los pelos, sacándose mocos, depilando al perro, haciendo un Tik-Tok… yo, dientes, dientes, como la Pantoja. Cuando acabo, me levanto y le regalo a mi jefe un primerísimo plano de mi toto rosafosforito, adornado con algún pelo rebelde que ha quedado por ahí… ¡hostia, pensaba que ya había colgado! ¡¡Perdón, perdón!! Que para arreglarlo me doy la vuelta, enseñándole un zoom de mi culo en tanga, por si le había quedado alguna duda viciosa. Por fin atino a apagar el portátil. Espero que esta pandemia dure hasta el 2.537, porque a la oficina no puedo volver.

Los niños me reclaman, es la hora del cole. Se conectan a las plataformas esas del mudel, dudel o cómo se llame mientras se supone que yo voy a seguir trabajando. Me quedo muerta cuando veo todo lo que tienen que hacer, que van a acabar los deberes cuando Heidi sea mayor de edad. Mamá, mamá, cómo se hace una ecuación de segundo grado… mamá, mamá, qué tienen en común un sistema piramidal y una economía androgénica… mamá, mamá, yo no sé dibujar, esto no me sale… mamá, mamá, que tengo que hacer una presentación, editarla, comprimirla y enviarla por Wetransfer… ¡Me cago en mi puta vida! A ver niños, vosotros poned a todo que sí. Es momento de levantarse a por un Bacardí con Cola.

Mientras los niños acaban sus deberes y yo mi cubata, reviso el móvil. Tengo como tres billones de wasaps, videos, audios y presentaciones por WeTransfer sobre el puñetero Coronavirus. Que dicen los psicólogos que hay que saber distinguir entre la información veraz y los bulos. Comprobar todos esos mensajes me llevaría más que a mis hijos los deberes. Así que me quedo con lo que más me mola y acabo antes.

Es mediodía y por tanto la hora de la cervecita mientras preparo la comida. Empieza a sonar música a toda hostia en la calle, mi vecino del cuarto, que a las doce y media hace festival infantil. Bailo el Chuchua Chuchua, el Joan Petit quan Balla y el Baby Shark, en tanga y sin mis hijos, que dicen que ya están mayores para esto, cuando me doy cuenta que el vecino de en frente me está grabando con el móvil. Cae otra cerveza. Menos mal que no tengo que salir de casa, porque empiezo a estar mareada y se me cierran los ojos.

Después de comer me tumbo un rato en el sofá… oye, que como no tenemos nada que hacer… qué sueñito tan rico… Me despierto exactamente tres minutos después, con los gritos de mis hijos peleándose por a quién le toca jugar al Fortnite. Me recuerdan que es la hora del juego o la actividad en familia, ¡¡¡mamaaaaaaaa, lo pone en el horario de la neveraaaaa!!! ¡¡Putos psicólogos!! Jugamos al Monopoly, un juego rapidito. Me pegan una paliza que no veas, casi tengo que hipotecar hasta el perro. Hablando del perro, ¡coño, que lo tengo que volver a sacar!

Me visto, que aún estoy en tanga. Saco al perro después de sobornarlo con tres galletas y aprovecho para ir al súper a comprar algo de pescado para la cena. Una cola que ya la quisiera el cuponazo de la ONCE, tres metros y medio entre cada persona, y la encargada del súper que va dejando entrar cuatro personas cuando salen otras cuatro. Estoy por preguntarle si tiene langostinos, porque nos va a dar Nochebuena aquí. Me sudan las manos por los guantes, me agobia un montón la mascarilla y estoy criando pollos en los sobacos con el plumas, que hace más calor que en el despacho donde interrogaron a Sharon Stone en Instinto Básico.

Que dicen los psicólogos que mejor que no estemos en pijama y con el moño mal hecho, que eso afecta el estado de ánimo. Así que cuando por fin llego de la compra, me ducho, me redepilo entera, me quito pelos de las cejas con las pinzas, me pongo una mascarilla antigranos, me aliso el pelo, me maquillo, me perfumo y me visto como una persona medio decente. Oye, pues es verdad que esto anima, ¡mira qué mona estoy! ¡¡¡Mamá, mamaaaaaaa, que es la hora del ejercicioooo!!! Creo que me he equivocado en el orden de algo. Mamá, no se puede beber cerveza mientras haces bicicleta… Tampoco se puede hacer con tacones y lo estoy haciendo, cállate niño.

Son las ocho. Salimos al balcón, a aplaudir por los sanitarios, por los bolicías, por los del shúperr, bor las señiiorasss de la limpieza, por lossshh bomberos, bor los niñiiosssh, bor losssh aguuelosssh, bor lossshh que ssshhe quedannn en casaaaa!! ¡¡Oshh quiero, vecinossshh, coñiiio!!! ¡Mamá, por favor! Mi vecino del cuarto pone otra vez la música, es hora de la disco: resistiré, la vida es un carnaval, vivir la vida, color esperanza, la canción del coronavirus y otras mierdas de esas, que dicen los psicólogos que hay que dar mensajes positivos. ¡Estoy que me salgo con tanta positividad! ¡¡Reboso positividad!! Puta vida.

Las nueve: hora del telediario, que hay que estar informada. Es más triste que Enrique y Ana cantándole a Calimero. Me pongo a llorar como si no hubiese un mañana… tranquila mamá, todo irá bien… si mamá, tutto andrá bene… Que dicen los psicólogos que nosotros somos los fuertes y tenemos que dar ejemplo para que los niños se sientan seguros. Apago la tele, me repongo como puedo y ¡mierda! Si no he preparado la cena… Preparo porquerías rápidas varias, mis hijos encantados. Mientras cenamos: mamá, mañana quiero que hagamos cup cakes, ¿vale?... ¡pues yo quiero que hagamos plastelina!... vale, y luego vamos un rato al parque… niños, sabéis que no se puede ir al parque… mamá, tienes los ojos rojos… venga, ¡todo el mundo a la ducha y a dormir! 
Dos horas después consigo que estén dormidos o, al menos, metidos en la cama sin dar por culo. Vuelvo a sacar al puto perro (ambos nos miramos con la misma cara de odio). Al volver me siento en el sofá. Estoy derrotada. Y las pintas ni os las explico. Sigo viendo el telediario desde dónde lo había dejado mientras reviso el wasap y lucho contra mis párpados. No puedo más y me tengo que levantar en cuatro horas a trabajar. En el grupo de Las Chupipandis:

Laura: chicas, ya me he acabado Vivir sin Permiso, ¡me ha encantado! ¿Qué serie me recomendáis ahora? Pero una que sea de maratón, eh?
Sonia: pues yo estoy enganchadísima a La Reina Roja. ¡Desde que empezó el confinamiento ya me he leído 13 libros!
Merchi: mírate Bates Motel, ¡está genial! Pues a mí me ha dado por la limpieza a fondo. Estoy dejando la casa como la patena!
Laura: ya, es que mola tener tanto tiempo libre eh?
Sonia: oye, qué estáis haciendo para colaborar? Yo me he apuntado a la bolsa de voluntarios del Ayuntamiento. Que dicen los psicólogos que hay que ser solidario, que eso nos hace sentirnos útiles y nos ocupa el tiempo.
Merchi: a mí es que me da miedo salir… igual me pongo a hacer mascarillas.

Pedro Sánchez está moviendo los labios en la tele… ¿qué dice?

“(…) el estado de alarma se alargará al menos hasta el 13 de abril (…)”

Yo: chicas, es cierto que se alarga esto hasta el 13 de abriiiiillll???
Sonia: sssiiii (emoticono de llanto) y dicen que igual hasta el 26 de abril
Merchi: uy, yo he oído que hasta verano!!

Mecagonmirutavida.


(esta no soy yo, pero podría serlo perfectamente 😂😂)


domingo, 15 de marzo de 2020

Sobrevivir al confinamiento sin morir en el intento


Ante las circunstancias extraordinarias que estamos viviendo por la pandemia del Coronavirus, hoy os escribo de forma seria y desde mi profesión como psicóloga. En España se ha decretado el Estado de Alarma y se nos obliga al confinamiento en casa para frenar el contagio del virus y en consecuencia el número de muertes y el colapso del sistema sanitario. Eso obliga a reorganizar dinámicas y rutinas en las familias y a una convivencia forzosa durante 24/7 a la que no estamos acostumbrados. Por eso me permito daros una serie de recomendaciones para sobrevivir al confinamiento y no morir en el intento.

Asume que no estás de vacaciones. 

Las vacaciones son un periodo de cierto libertinaje, en el que “vagueamos” voluntariamente y aprovechamos para descansar y parar la estresante rutina del día a día. Así, es muy fácil pensar en pasar este confinamiento forzoso como si fuesen unas vacaciones, durmiendo hasta tarde y alargando la madrugada viendo series, en pijama y comiendo mal y a deshoras, total, “no tenemos nada mejor que hacer”. Pero es muy probable que al tercer o cuarto día te hayas agobiado, se cambiarán tus ritmos circadianos y puedes tener sensación de tedio, además de que, cuando la situación se normalice, te costará mucho más volver a la rutina. Eso por no hablar de que, a diferencia de cuando estás de vacaciones, no tienes plena libertad para entrar y salir de casa ni para hacer muchas actividades.

Por eso es importante intentar llevar una vida, dentro de lo posible, que te garantice rutinas y ocupación. Levantarse a una hora prudente, mantener ciertas rutinas en horarios y comidas, y distribuir el día en diferentes actividades, que deberían incluir: tareas domésticas, higiene personal, ejercicio físico, estimulación cognitiva (leer, escribir, estudiar, hacer sudokus…) y ocio personal y familiar. Si teletrabajas, delimita un horario para hacerlo como si estuvieses en la oficina. De lo contrario, corres el riesgo de trabajar demasiadas horas o no estar haciendo al cien por cien ni unas cosas ni otras. Igualmente, es importante diferenciar las rutinas del fin de semana de las de entre semana.


Con niños pequeños.

Si tienes niños pequeños, el confinamiento puede convertirse en una auténtica tortura, y salir “un momento” al parque, la montaña o la playa, algo muy tentador pero que no debes hacer. Vas a tener que dedicarles tiempo y poner a prueba tu creatividad ¡y tu paciencia! Organiza su tiempo y sus rutinas, intenta mantener sus horarios, ponles tareas de tipo intelectual (leer, dibujar, deberes…), juega con ellos, mirad películas juntos, haz manualidades, baila, etc. Es importante limitar el tiempo que pasan delante de una pantalla y estimularlos a hacer actividades en familia. Hazles participar de las tareas domésticas, cocina con ellos e incluso deja espacios para el aburrimiento que estimulará su creatividad. Elaborad juntos un horario y colgadlo en la nevera. Internet es una fuente inagotable de recursos para hacer más llevaderos estos días, tanto a los mayores como a los pequeños. Si teletrabajas, intenta adelantar cuánto puedas mientras ellos duermen o ven alguna película y haz turnos con tu pareja.

Por otra parte, si tus hijos son muy pequeños seguramente les va a costar entender lo que está pasando. No les mientas pero tampoco los alarmes y no esperes a que pregunten para hablar sobre ello, aunque tampoco los satures. Habla con ellos sobre sus emociones, dales mensajes claros, adecuados a su edad y sus conocimientos, que les hagan sentir seguros y vivir el encierro como algo divertido y una oportunidad para pasar tiempo en familia, un bien escaso en nuestros tiempos. Te recomiendo leer estas pautas que ha elaborado el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.


Cuida tu estado de ánimo.

Esta situación genera incertidumbre y preocupación en general, pero algunas personas pueden sufrir estrés y ansiedad, especialmente por el hecho de tener que estar encerrado en casa o por el miedo al contagio. Además, la convivencia ininterrumpida con nuestra pareja e hijos puede generar tensiones y conflictos. Por otra parte, permanecer en entornos cerrados durante mucho tiempo tiende a afectar nuestro estado de ánimo, haciéndolo variable sin ningún motivo concreto o magnificando nuestras emociones, haciendo que vivamos todo de forma más intensa.

Por eso este no es un buen momento para tomar decisiones importantes en ningún ámbito ni para continuar las discusiones que puedan surgir en casa. Diréis cosas de las que os arrepentiréis. Intenta ser flexible y adaptarte a la situación, dejando para momentos de posterior normalidad aquellas cosas que creas importante hablar.

Ocupa tu tiempo en actividades que te hagan sentir bien y, aunque puede ser complicado, procura encontrar un espacio diario para estar contigo a solas, haciendo lo que te apetezca, meditación, escuchar música, leer, tomar un baño… En definitiva, el tiempo de desconexión familiar y social que en circunstancias normales te tomarías o, como mínimo, te lo daría el simple hecho de ir a trabajar o a la compra.

Aunque los desplazamientos están muy limitados, se puede salir de casa a comprar, sacar el perro o tirar la basura. Haced turnos en la familia para que todos aquellos que puedan salir solos lo hagan y puedan tomar aire fresco. Si dispones de jardín, terraza o balcón, es una buena opción para tomar el sol y el aire.

Igualmente, es vital mantener contacto con amigos y familiares por teléfono o videollamada, especialmente si vives solo, así como para mantener y reforzar las relaciones entre los niños y sus amigos, abuelos y nietos, en caso de padres separados, etc.

Procura vestirte y arreglarte prácticamente como si fueses a salir a la calle. Verte todo el día sin peinar y en pijama te dará sensación de dejadez y puede afectar tu estado de ánimo y el de los demás. Prepara con mimo alguna comida o cena que pueda sustituir la salida al restaurante. En definitiva, cuida los detalles.

Respecto al Coronavirus, intenta mantener la calma y mantente informado tanto de la evolución de la pandemia como de las medidas que vayan tomando las autoridades. Para evitar caer en el alarmismo y la histeria colectiva, busca fuentes fiables de información como los organismos oficiales y deja los memes, vídeos y opiniones de las redes sociales para el sentido del humor, que también es muy necesario para sobrellevar esta crisis. Ten en cuenta que informarse no es lo mismo que obsesionarse. Dosifica el tiempo que dedicas a saber o hablar del virus y procura ocupar tu mente con otros temas totalmente distintos y que te sean gratificantes.

Si aun así sientes que te desbordas emocionalmente, pide ayuda a tu pareja u otras personas de tu confianza y habla sobre tus miedos y sentimientos. Por último, recuerda que siempre puedes recurrir a la ayuda de un profesional de la psicología que podrá atenderte online o por teléfono.


Y por último, raciona el papel higiénico!!  😂😂😂

viernes, 24 de enero de 2020

A pesar de mí

Reviso el diseño del Blog y las estadísticas, que últimamente lo he tenido un poco abandonado. Me quedo perpleja, completamente alucinada, al ver que me está leyendo gente de todas partes del mundo, incluso desde países tan insólitos para mí como Ucrania, Indonesia, Rusia, Singapur... De hecho, ¡Rusia es el segundo país que más me lee después de España! Alucinante. Me invade un sentimiento de tremenda responsabilidad, a la vez que se infla mi ego en idéntica proporción. Es increíble lo que Internet le ha hecho al mundo. Y pienso, ¿será gente española que vive en esos países? ¿o traducirán el blog a su idioma? ¿y cómo lo habrán conocido? ¿Y por qué ahora todo el mundo está leyendo la entrada sobre la cena de exalumnos? ¿¿Será que hay una convención internacional sobre exalumnos de EGB y están pillando ideas?? Siento una enorme curiosidad.

Y ver que el Blog sigue vivo a pesar de que yo estoy un poco muerta, me devuelve las ganas de escribir. Me hace pensar que lo que escribo no es sólo para mí, que hay gente a la que le puede gustar. A pesar de mí. A pesar de mi tendencia a menospreciarme, bah, no es tan bueno... lo dices porque me aprecias... yo no lo veo tan bien... Doña Perfecta.

Pues bien, en este 2020, en el que cumpliré 50, he decidido que voy a cambiar muchas cosas de mi vida, porque a ver, admitámoslo, ya voy a entrar en tiempo de descuento, y no quiero llegar al fin de mis días arrepintiéndome de todo lo que tendría que haber hecho y no hice o todo lo que hice y no tendría que haber hecho. Ni tampoco quiero dar ese paseo sintiéndome básicamente infeliz. Últimamente estoy jodida, muy jodida. Pero eso va a cambiar. Al cabrón que reparte las cartas en el juego de la vida se le ha ido un poco la mano, pero estas son mis cartas. Y las voy a jugar lo mejor que sepa.

Y uno de mis propósitos de cambio es escribir, pero escribir de verdad. Y para eso os adelanto, como forma de comprometerme en público, que estoy escribiendo una novela. Que la empecé hace más de un año, pero la tengo abandonada. Y que la voy a retomar y la voy a publicar, aunque la tenga que pagar yo y la lea solo mi madre. Bueno, y Keaton*, que, para salvaguardar su integridad física y mental, la tendrá como lectura obligatoria 😂😂. Así que presionadme, preguntadme por mi novela continuamente, para que me muera de la vergüenza y me vea en el compromiso de cumplir con mi promesa. Porque sé que publicar una novela sería una de las cosas que me haría más feliz en la vida y porque sé que el viaje de escribirla valdrá la pena. Porque quiero escribir, a pesar de mí misma.



* A partir de este post, llamaré Keaton a mi marido, ya que es como le llaman unos amigos que se empeñan en decir que J se parece al actor Michael Keaton.



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