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domingo, 15 de marzo de 2020

Sobrevivir al confinamiento sin morir en el intento


Ante las circunstancias extraordinarias que estamos viviendo por la pandemia del Coronavirus, hoy os escribo de forma seria y desde mi profesión como psicóloga. En España se ha decretado el Estado de Alarma y se nos obliga al confinamiento en casa para frenar el contagio del virus y en consecuencia el número de muertes y el colapso del sistema sanitario. Eso obliga a reorganizar dinámicas y rutinas en las familias y a una convivencia forzosa durante 24/7 a la que no estamos acostumbrados. Por eso me permito daros una serie de recomendaciones para sobrevivir al confinamiento y no morir en el intento.

Asume que no estás de vacaciones. 

Las vacaciones son un periodo de cierto libertinaje, en el que “vagueamos” voluntariamente y aprovechamos para descansar y parar la estresante rutina del día a día. Así, es muy fácil pensar en pasar este confinamiento forzoso como si fuesen unas vacaciones, durmiendo hasta tarde y alargando la madrugada viendo series, en pijama y comiendo mal y a deshoras, total, “no tenemos nada mejor que hacer”. Pero es muy probable que al tercer o cuarto día te hayas agobiado, se cambiarán tus ritmos circadianos y puedes tener sensación de tedio, además de que, cuando la situación se normalice, te costará mucho más volver a la rutina. Eso por no hablar de que, a diferencia de cuando estás de vacaciones, no tienes plena libertad para entrar y salir de casa ni para hacer muchas actividades.

Por eso es importante intentar llevar una vida, dentro de lo posible, que te garantice rutinas y ocupación. Levantarse a una hora prudente, mantener ciertas rutinas en horarios y comidas, y distribuir el día en diferentes actividades, que deberían incluir: tareas domésticas, higiene personal, ejercicio físico, estimulación cognitiva (leer, escribir, estudiar, hacer sudokus…) y ocio personal y familiar. Si teletrabajas, delimita un horario para hacerlo como si estuvieses en la oficina. De lo contrario, corres el riesgo de trabajar demasiadas horas o no estar haciendo al cien por cien ni unas cosas ni otras. Igualmente, es importante diferenciar las rutinas del fin de semana de las de entre semana.


Con niños pequeños.

Si tienes niños pequeños, el confinamiento puede convertirse en una auténtica tortura, y salir “un momento” al parque, la montaña o la playa, algo muy tentador pero que no debes hacer. Vas a tener que dedicarles tiempo y poner a prueba tu creatividad ¡y tu paciencia! Organiza su tiempo y sus rutinas, intenta mantener sus horarios, ponles tareas de tipo intelectual (leer, dibujar, deberes…), juega con ellos, mirad películas juntos, haz manualidades, baila, etc. Es importante limitar el tiempo que pasan delante de una pantalla y estimularlos a hacer actividades en familia. Hazles participar de las tareas domésticas, cocina con ellos e incluso deja espacios para el aburrimiento que estimulará su creatividad. Elaborad juntos un horario y colgadlo en la nevera. Internet es una fuente inagotable de recursos para hacer más llevaderos estos días, tanto a los mayores como a los pequeños. Si teletrabajas, intenta adelantar cuánto puedas mientras ellos duermen o ven alguna película y haz turnos con tu pareja.

Por otra parte, si tus hijos son muy pequeños seguramente les va a costar entender lo que está pasando. No les mientas pero tampoco los alarmes y no esperes a que pregunten para hablar sobre ello, aunque tampoco los satures. Habla con ellos sobre sus emociones, dales mensajes claros, adecuados a su edad y sus conocimientos, que les hagan sentir seguros y vivir el encierro como algo divertido y una oportunidad para pasar tiempo en familia, un bien escaso en nuestros tiempos. Te recomiendo leer estas pautas que ha elaborado el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.


Cuida tu estado de ánimo.

Esta situación genera incertidumbre y preocupación en general, pero algunas personas pueden sufrir estrés y ansiedad, especialmente por el hecho de tener que estar encerrado en casa o por el miedo al contagio. Además, la convivencia ininterrumpida con nuestra pareja e hijos puede generar tensiones y conflictos. Por otra parte, permanecer en entornos cerrados durante mucho tiempo tiende a afectar nuestro estado de ánimo, haciéndolo variable sin ningún motivo concreto o magnificando nuestras emociones, haciendo que vivamos todo de forma más intensa.

Por eso este no es un buen momento para tomar decisiones importantes en ningún ámbito ni para continuar las discusiones que puedan surgir en casa. Diréis cosas de las que os arrepentiréis. Intenta ser flexible y adaptarte a la situación, dejando para momentos de posterior normalidad aquellas cosas que creas importante hablar.

Ocupa tu tiempo en actividades que te hagan sentir bien y, aunque puede ser complicado, procura encontrar un espacio diario para estar contigo a solas, haciendo lo que te apetezca, meditación, escuchar música, leer, tomar un baño… En definitiva, el tiempo de desconexión familiar y social que en circunstancias normales te tomarías o, como mínimo, te lo daría el simple hecho de ir a trabajar o a la compra.

Aunque los desplazamientos están muy limitados, se puede salir de casa a comprar, sacar el perro o tirar la basura. Haced turnos en la familia para que todos aquellos que puedan salir solos lo hagan y puedan tomar aire fresco. Si dispones de jardín, terraza o balcón, es una buena opción para tomar el sol y el aire.

Igualmente, es vital mantener contacto con amigos y familiares por teléfono o videollamada, especialmente si vives solo, así como para mantener y reforzar las relaciones entre los niños y sus amigos, abuelos y nietos, en caso de padres separados, etc.

Procura vestirte y arreglarte prácticamente como si fueses a salir a la calle. Verte todo el día sin peinar y en pijama te dará sensación de dejadez y puede afectar tu estado de ánimo y el de los demás. Prepara con mimo alguna comida o cena que pueda sustituir la salida al restaurante. En definitiva, cuida los detalles.

Respecto al Coronavirus, intenta mantener la calma y mantente informado tanto de la evolución de la pandemia como de las medidas que vayan tomando las autoridades. Para evitar caer en el alarmismo y la histeria colectiva, busca fuentes fiables de información como los organismos oficiales y deja los memes, vídeos y opiniones de las redes sociales para el sentido del humor, que también es muy necesario para sobrellevar esta crisis. Ten en cuenta que informarse no es lo mismo que obsesionarse. Dosifica el tiempo que dedicas a saber o hablar del virus y procura ocupar tu mente con otros temas totalmente distintos y que te sean gratificantes.

Si aun así sientes que te desbordas emocionalmente, pide ayuda a tu pareja u otras personas de tu confianza y habla sobre tus miedos y sentimientos. Por último, recuerda que siempre puedes recurrir a la ayuda de un profesional de la psicología que podrá atenderte online o por teléfono.


Y por último, raciona el papel higiénico!!  😂😂😂

viernes, 24 de enero de 2020

A pesar de mí

Reviso el diseño del Blog y las estadísticas, que últimamente lo he tenido un poco abandonado. Me quedo perpleja, completamente alucinada, al ver que me está leyendo gente de todas partes del mundo, incluso desde países tan insólitos para mí como Ucrania, Indonesia, Rusia, Singapur... De hecho, ¡Rusia es el segundo país que más me lee después de España! Alucinante. Me invade un sentimiento de tremenda responsabilidad, a la vez que se infla mi ego en idéntica proporción. Es increíble lo que Internet le ha hecho al mundo. Y pienso, ¿será gente española que vive en esos países? ¿o traducirán el blog a su idioma? ¿y cómo lo habrán conocido? ¿Y por qué ahora todo el mundo está leyendo la entrada sobre la cena de exalumnos? ¿¿Será que hay una convención internacional sobre exalumnos de EGB y están pillando ideas?? Siento una enorme curiosidad.

Y ver que el Blog sigue vivo a pesar de que yo estoy un poco muerta, me devuelve las ganas de escribir. Me hace pensar que lo que escribo no es sólo para mí, que hay gente a la que le puede gustar. A pesar de mí. A pesar de mi tendencia a menospreciarme, bah, no es tan bueno... lo dices porque me aprecias... yo no lo veo tan bien... Doña Perfecta.

Pues bien, en este 2020, en el que cumpliré 50, he decidido que voy a cambiar muchas cosas de mi vida, porque a ver, admitámoslo, ya voy a entrar en tiempo de descuento, y no quiero llegar al fin de mis días arrepintiéndome de todo lo que tendría que haber hecho y no hice o todo lo que hice y no tendría que haber hecho. Ni tampoco quiero dar ese paseo sintiéndome básicamente infeliz. Últimamente estoy jodida, muy jodida. Pero eso va a cambiar. Al cabrón que reparte las cartas en el juego de la vida se le ha ido un poco la mano, pero estas son mis cartas. Y las voy a jugar lo mejor que sepa.

Y uno de mis propósitos de cambio es escribir, pero escribir de verdad. Y para eso os adelanto, como forma de comprometerme en público, que estoy escribiendo una novela. Que la empecé hace más de un año, pero la tengo abandonada. Y que la voy a retomar y la voy a publicar, aunque la tenga que pagar yo y la lea solo mi madre. Bueno, y Keaton*, que, para salvaguardar su integridad física y mental, la tendrá como lectura obligatoria 😂😂. Así que presionadme, preguntadme por mi novela continuamente, para que me muera de la vergüenza y me vea en el compromiso de cumplir con mi promesa. Porque sé que publicar una novela sería una de las cosas que me haría más feliz en la vida y porque sé que el viaje de escribirla valdrá la pena. Porque quiero escribir, a pesar de mí misma.



* A partir de este post, llamaré Keaton a mi marido, ya que es como le llaman unos amigos que se empeñan en decir que J se parece al actor Michael Keaton.



Resultado de imagen de escritor
Imagen tomada de culturacolectiva.com

viernes, 17 de enero de 2020

Slow time


Dos hermanas y una amiga, quince, dieciséis años. Van a ver la cabalgata de Reyes a un pueblo cercano, han quedado con colegas. ¡¡Corre, corre, qué viene el tren!! ¡Va, que nos da tiempo a cogerlo! El tren que circula en dirección contraria está parado en el andén. Ellas tienen que coger el que pasa por el andén de enfrente. ¡¡Va, tía, corre, cruzamos por detrás, que nos da tiempo!! A la primera le dio tiempo; a su hermana y a la amiga, no. Una, muerta; la otra, herida.

Esto sucedió la víspera de Reyes en mi pueblo y no me lo puedo sacar de la cabeza. ¿Por qué esas prisas? ¿Por qué perder la vida por coger un tren para ir a divertirse, cuando no hay un horario que cumplir y teniendo en cuenta que pasa un tren cada siete o diez minutos? Y es que vivimos en la cultura de las prisas. No se puede perder el tiempo.

Anuncios de antigripales: “que un resfriado no te pare”, no vaya a ser que nos tomemos el tiempo de ponernos enfermos, “con niños no se pueden tener días libres (para estar enferma)”, no vaya a ser que dejemos de ser las madres perfectas. Se premia lo rápido, lo primero, lo breve. Hay que ser el primer medio en dar la noticia, no importa cómo la des, si es veraz o no, ni a quién ofendas o hieras. Hay que sacar rápido otra canción, otro libro, otra película. Ser el primero en “dar a like”, el más rápido en subir la historia. Hasta en prácticas sexuales gilipollas como el juego de la galleta. Tenemos prisa para ir a trabajar y luego prisa para que pase la jornada de trabajo, aunque te guste lo que hagas. Prisa para que nos atiendan en un restaurante, para comprar, para cocinar, para depilarnos o en la peluquería. Prisa para recuperarnos cuando nos sentimos mal o cuando pasamos un duelo. Prisa para que llegue el tren, metro o autobús y prisa para que llegue a su destino. Prisa también para llegar al destino de vacaciones y prisa para entrar al museo. Prisa para tener relaciones sexuales, que tenemos cosas que hacer. Prisa para acabar un buen libro, y que no sea muy largo, que no tengo tiempo. ¿Una canción de ocho minutos? ¿Un audio de cuatro? Buff, ¡qué pereza!


Imagen tomada del Blog laquiles.com
Cualquier espera nos irrita, nos impacienta. Como tengamos delante de nuestro turno alguien que hace las cosas despacio, sobre todo si es un abuelito, cuando alguien es lento en adquirir una idea o entender algo… nos exasperamos. ¿Y cuántas veces nos decimos “no tengo tiempo”, “no me da la vida”? Queremos hacer mil cosas en el día, siempre corriendo a todas partes y haciendo correr a nuestros hijos desde bien pequeños “para llegar a todo”. Llenamos nuestra vida de tareas y obligaciones para exprimir al máximo la vida, y no nos damos cuenta de que, paradójicamente, cuánto más acelerados vamos, menos la disfrutamos. Y ante esa sensación de insatisfacción, ¿qué hacemos? Buscar nuevas actividades, nuevos retos, nuevos proyectos que nos estresan e insatisfacen aún más. Marchando una de círculo vicioso.

Y por supuestísimo, no tenemos tiempo de pensar. De pensar de verdad, de parar, de reflexionar, de aprender de nuestros errores, de mirarnos con atención y mirar a los que nos rodean de forma plena. Vivimos desconectados de nuestro propio yo, no hay tiempo para eso. La introspección nos da miedo, mirar hacia dentro y descubrirnos, con nuestras luces y nuestras sombras, asusta. Así que es mucho más sencillo quedarse enredado en el corre-corre diario. En palabras de Nietzsche: “la prisa es universal porque todo el mundo está huyendo de sí mismo”.

“En el mundo actual, 
la lentitud es subversiva”

Pues yo no sé si será la edad, o mi enfermedad que también ayuda a ralentizarlo todo, pero últimamente me estoy haciendo fan del slow time, de vivir las cosas despacio, saboreándolas en su tiempo justo. He leído por ahí que, en el mundo actual, la lentitud es subversiva. Estoy totalmente de acuerdo y me voy a hacer una revolucionaria, una Che Guevara del vivir despacito. Quiero disfrutar de esa charla con amigas, de una buena peli o un buen libro, de sentarme en el sofá a no hacer absolutamente nada. Quiero hacer el amor despacio, sentir un beso interminable, un abrazo de los que te resetean. Quiero tomarme el tiempo que necesite para recuperarme. Comer despacio, pasear, ser consciente del sol. Me voy a tatuar mentalmente palabras como contemplar, reflexionar, saborear, disfrutar, despacio, caricia, calma. 

Porque, total, cada siete minutos pasa un tren, y a dónde todos vamos a ir, no tengo prisa por llegar.


Imagen tomada del Blog laquiles.com



domingo, 2 de junio de 2019

Esta dieta es un puntazo

Ensalada de atún
Hace un tiempo os contaba 👉 en este post que estoy aprendiendo a comer. Porque, que comamos, no significa que sepamos comer. Empecé hace más tres años a seguir el método Weight Watchers, conocido en España como "En tu línea" o "La dieta de los puntos". En realidad no se trata de una dieta, aunque si tienes sobrepeso y la sigues, vas a adelgazar. ¿Por qué? Pues porque, como os decía, te enseña a comer de forma equilibrada y las calorías que tu cuerpo necesita (en lugar de calcularlas en calorías, te enseña a contarlas en puntos, que es más fácil). Así que, a la que empiezas a regular ingesta y gasto, pierdes peso. En realidad, es más simple que el mecanismo de un lápiz.

No os voy a aburrir explicando en qué consiste el método. Internet está llena de información. Lo que sí os digo es que es la mejor "dieta" que he conocido en mi vida, porque es sana, fácil de seguir, no tiene alimentos prohibidos (NINGUNO) y te permite tener vida social sin remordimientos y sin tener que estar dando explicaciones a cada momento. Desde este pequeño rincón del planeta os digo: NO a las dietas milagro y a las mil barbaridades que corren por ahí. No sirven a largo plazo, son una auténtica tortura y muy dañinas para la salud.

Pero bueno, a lo que vamos. Lo que os quiero explicar en este post es parte del mundo que rodea al método. Una de las claves de su éxito (si no LA CLAVE), es que cuenta con una gran red social de autoayuda. Por un lado, están las reuniones "profesionales", dónde una monitora formada en el método (a menudo, exgorda) te lo explica, te hace seguimiento y cada semana da trucos, consejos, recetas, etc. La primera vez que fui a una reunión, con mi amiga Ana, me moría de la risa. Es tipo Alcohólicos Anónimos, no nos presentamos como, hola, me llamo Yolanda y soy gorda, pero casi. Os cuento.

Kebab casero
Lo primero que hacía la monitora era pesarte, anotar tu peso y decirte los puntos diarios que tenías para esa semana. El momento del peso era delicado. En primer lugar, esperábamos haciendo fila, como quien va al matadero, mirándonos de reojo las unas a las otras y sacando lo peor de nosotras mismas, eso sí, pa nuestros adentros, que somos todas mu finas... uy, pues yo creo que esta no adelgaza... anda que esta, menos mal que ya te has puesto a dieta, mona... ¿y esta pa que viene? como no quiera perder las gafas... Luego, entrabas a un pequeño cuartito, done te pesaba, en privado, menos mal. Como sólo te dejaba quitar los zapatos, procurabas ir siempre con la misma ropa, aunque te murieras de frío o de calor. De hecho, la mayoría teníamos nuestra "ropa del día de la reunión", que cualquiera que nos viera diría, qué guarras, vienen siempre con la misma ropa... guarras no, estrategas. Cualquiera que haya ido a reunión, sabe de qué le hablo. Una cosa que te enseña este método es a hacer álgebra matemática para rescatar puntos y quitar gramos de donde no los hay, os lo aseguro. Una vez que te había pesado, salías por otra puerta a la sala donde se hacía la reunión. A menos que hubieras sido la primera, allí estaban las que habían pasado antes que tú, escudriñando tu cara, con dientes a lo Pantoja, intentando adivinar si salías contenta o cabreada.

Una vez todas pesadas, empezaba la reunión con la monitora diciendo, hoy felicitamos a nuestra amiga Mari, que ha perdido un kilo y medio!! y todas, ¡¡Felicidaaadeeees Mari!! y aplaudiendo 👏👏👏. Y a nuestra amiga Tere, que ha perdido 800 gramos!! ¡¡Felicidaaadeeeees Tere!! más aplausos. Y así con todas las que habían perdido. Así que, si no te decía, todas sabían que no lo habías conseguido... miradas de esas de condescendencia, de lástima, de "te jodes", en fin... miradas. Menos mal que no decía, y ahora vamos a tirarle tomates a nuestra amiga Juana, que ha engordado 400 gramos!! Lo siguiente era, venga, ¿¿quién ha hecho ejercicio al menos tres veces a la semana?? Y te daba una pegatina de una zapatilla que tenías que poner en tu cartilla de seguimiento. Había también coronas (sí, sí, coronas tipo Burger King) para las que conseguían perder peso en vacaciones y Navidades, obsequios para cuando llegabas a según que objetivos, y un momento especial cuando alcanzabas la fase de mantenimiento. En fin, todo un despliegue de psicología conductual. He de reconocer que me fueron bien, y que el tiempo que estuve, adelgazaba cada semana. Pero lo dejé . Porque para ser coach hay que tener unos mínimos de empatía, y mi monitora se ve que la perdió junto con los kilos.

Fajitas de pollo en barquitas
Luego encontré otro tipo de ayuda, más informal: los grupos de Facebook. En ellos, las administradoras suplen un poco ese papel de coach y los participantes publicamos nuestros menús, recetas, progresos y dificultades, para aprender y compartir entre todos. He de decir que estoy encantada con estos grupos, especialmente con uno, en el que decidí quedarme de forma más activa, porque además de serme muy útil, ¡es muy divertido! Al principio, cuando vi las publicaciones de la administradora, flipé mucho... ole tu chochooo... ofú, qué arte!!... así no, chochooo.... venga, chochete, que tú puedes!! que yo decía, me he metido en un grupo de dieta, en uno de obstetricia, o en la Feria de Abril???  Y luego, cómo escribe, la muchacha... 🙈🙈 que yo pensaba, esta chica pasa hambre: se come las vocales, las consonantes, el comodín del público y a Jorge Fernández (presentador de La Ruleta de la Fortuna). O eso, o es campeona mundial de morse. Pero bueno, cuando la conoces ves que es una malagueña con mucho arte y muy buena gente!

Luego está la administradora junior, una tía que ayuda continuamente, con sus consejos y sus chapas, sus recetas, sus ideas, sus correcciones... tan maravillosa, buena persona y generosa, como irreverente y subversiva, que, aunque ha dicho mil seiscientas treinta y tres veces voy a dejar de ser tan activa en el grupo porque no tengo tiempo, no se hace caso ni a sí misma!! 😂😂 Un gran descubrimiento para mí, alguien que se ha convertido en mi GRAN AMIGA.

¿Y qué decir de las participantes? 😂😂😂 El grupo lo forman unas 15 mil personas, que se dice pronto, pero al final, publicamos, con más o menos asiduidad, unas 30 o 40 personas, siendo generosa, pero damos taaaanto juego.... jajajajajaja...

Está el grupo de las empollonas, esas que lo hacen al dedillo, tan bien que dan asco, con platos perfectamente equilibrados, cálculo perfecto de los puntos, menús totalmente saludables... Bajan peso cada semana, salen y disfrutan, y siempre están contentas y positivas. Pa darles con la mano abierta, vamos.

Ensalada caprese
Luego están las hormigoneras, por lo del cerebro más duro que el hormigón. Por más que se le expliquen las cosas, no hay manera de que lo entiendan o lo corrijan. Y ojo, no me quejo de la falta de capacidad, que eso lo entiendo y lo respeto, sino de la falta de voluntad para aprender, de lo tocho, de los oídos cerrados... mira, que es que te faltan hidratos, tienes que meterlos en las comidas principales... ahhh, vale. Próxima publicación: le faltan hidratos.... mira, que es que te has vuelto a olvidar los hidratos... ah, pero es que el chuletón de kilo va empanado, ¿eso no cuenta?

También hay una liga de monjas cartujas. Son aquellas que hacen voto de silencio, nunca dicen ni mu, pero están ahí, al acecho, copiando todas las recetas y trucos desde las sombras. De repente, cuando alguien pone una publicación tipo "antes y después", con fotos del cambio de imagen, aparecen en los comentarios... pues yo llevo haciendo el método dos años, siguiéndoos, y he perdido 20 kgs... ¿hola? ¿¡dónde estabas?!. Muchas no publican por vergüenza, por falta de tiempo, o qué sé yo, pero es una pena, porque el saber comunitario se nutre de cuántas más aportaciones, mejor.

Sofiyogur con melocotón
Pero dentro de ese grupo, hay un subgrupo con más mala intención: las garrapatas. Son como las monjas, pero rompen su silencio únicamente para obtener información... oye, ¿y eso cómo lo haces?... ¿y eso dónde lo compras? sin ofrecer nada a cambio, o, lo que es peor, para criticar algo de tu publicación, que, cuando vas a ver su perfil, ves que es el primer comentario que hace en tres años... Y no publican porque no les da la gana, porque es mucho más cómodo que te lo den todo hecho. Y si las administradoras no les hacen el trabajo, o les dicen que busquen la información en archivos, encima se enfadan. En fin.

Luego están las biopejigueras: mira chiqui, es que ni las judías verdes son sanas... tienen un 3% de E-356, un 30% de clorofila, un 25% de fibra que NO, o sea, NO es integral, y un 6% de colágeno... ¿¿Te has comido esas galletas?? Ten cuidado, ¡son veneno!... Son caseras, las he hecho yo. Llevan harina y huevo.... Ah....  Tened cuidado con el aceite de palma, ¡está en todas partes! Lo mejor es no tomar nada que no provenga de la tierra... menos los gusanos, claro... Tienes razón, yo es que ya no tomo nunca azúcar, ni refinado, ni natural; de hecho, me alimento sólo de algas, y que no vengan del mar muerto, porque si no se traen hasta las malas vibraciones...

Las Marianas tampoco tienen desperdicio. Son esas que dicen no entiendo por qué no bajo de peso... el fin de semana me he pasado un poco, pero ¿¿para eso están los extras no???... (hay unos puntos extras semanales que puedes usar como te convenga, la mayoría los usamos los fines de semana. Son 49 puntos, el equivalente a unas 1.960 calorías aproximadamente). A ver, ¿qué has comido? ... mira, sólo dos jabalís, seis Dunkin Donuts, un costillar del Foster's Hollywood, una paella de marisco, un chuletón de buey con patatas fritas, manitas de cerdo en salsa y dos helados de chocolate, el último ya lo pedí sin nata porque me da que me estaba pasando un poco... ¿Por qué Marianas? Porque descienden de la orden de la Virgen María, que se quedó embarazada y no se enteró ni cómo.


Hojaldre relleno de pavo y queso
Luego estamos (yo me incluyo) las Big Bang Girls, esto es, las frikis que vamos a nuestro aire, hacemos el método un poco como nos sale de la pepitilla, (aunque siempre dentro de unos límites, no como las Marianas) y somos un auténtico misterio para la ciencia. Cuánto mejor lo hacemos, más engordamos y al revés, cuándo creemos que más nos hemos pasado, más adelgazamos. Perdemos peso con la regla y lo ganamos con una gastroenteritis. Bajamos cuando tomamos medicación y subimos cuando hacemos deporte. Queriendo perder peso, estamos en mantenimiento, siempre dando vueltas a un mismo peso. Y aunque intenten entendernos y ayudarnos, el funcionamiento de nuestro cuerpo es una gran incógnita. ¿Os imaginabais que yo podría estar en otro grupo? 😂😂😂

Ahora, con diferencia, mi preferida es la Reina Cuelgapellejos y su séquito de palmeras que le ríen las gracias. Una tía que ya está más que escurría, que de seca da asquito, y que, obviamente, tiene un serio problema psicológico con la alimentación y la autoimagen. Y la pobre, qué penita me da. Chicas, me he propuesto perder sí o sí los 300 gr que me faltan para llegar a mi peso... así que, aquí os dejo mi comida de hoy: ramilletes de brócoli (3) y 50 gr merluza al vapor... (Por supuesto, nunca come hidratos). Chicas, este domingo tengo barbacoa, madre mía, ¡qué miedo! Aunque puedo hacerlo, me como una buena ensalada antes de salir de casa y listo, es lo que hago siempre que voy a salir a comer fuera... Chicas, hoy ha sido el cumpleaños de mi hijo y he sido muy buena, le he hecho este pastel, que está buenísimoooo, pero yo no he probado ni un solo trocito... Chicas, me voy de vacaciones, intentaré controlar todo lo posible!!.....  Que dan ganas de decirle hija mía, pero para qué quieres estar tan delgada si no te cabe la sonrisa en la cara, que pareces una acelga... qué tristeza de platos, qué tristeza de rictus...  Cualquier día la invito a comer a casa. O a casa de mi madre 😂😂😂😂

En fin. Lo mejor de este grupo es que al final somos como una gran familia y yo, particularmente, he conocido a un grupo de chicas maravillosamente maravillosas, con las que se ha forjado una amistad auténtica que ya ha traspasado la barrera de los ceros y los unos. Lo que ha unido Internet, que no lo separe un punto!!!


Tortilla de espinacas rellena de queso de cabra

Nota: Las fotos son una muestra de platos reales que forman parte de mi alimentación cotidiana. Nada que ver con el Verdiplancha.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Un día de mierda. Capítulo 3.


En mi trabajo, a los miércoles los llamamos miérdoles, con "d" de mierda, porque, casualidad o no, suele ser el día de la semana en el que se concentran todos los marrones, los frikis y las cosas raras. Este miércoles pasado, fue un miérdoles en toda regla, aunque no en el trabajo, sino en mi vida. Uno de esos días Marca Yolanda.

El día empieza, como siempre, a las 6 de la mañana. Es noche cerrada, diluvia y hace un viento huracanado. Vamos, las condiciones ideales para salir de la cama. Hay huelga de tren, así que el autobús va petao, llega tarde, sale tarde de cada parada, con gente de pie hasta en las costuras de los asientos. Por suerte, voy sentada. Para llegar a mi trabajo, creo que ya os lo he dicho alguna vez, tengo que coger dos autobuses. En el segundo, obviamente, no tengo tanta suerte, y voy como anchoa en lata. Suena por megafonía: "por favor, avancen hacia el final del autobús", pues sí, cómo no lo hagamos como un gusano o bailando la conga, no sé yo. Tengo incrustado algo en el culo, que no quiero ni saber lo qué es. Sobrevivo como puedo, entre paraguas, abrigos, pelos y pedos. Menos mal que no tengo un TOC de contaminación.

El trayecto total, en circunstancias normales, suele durar entre hora y cuarto y hora y media, depende del tráfico. Bien, pues llego a la oficina al cabo de dos horas y media, y angustiada porque a las nueve tengo una cita concertada con un usuario y ya voy tarde. Pero me dice la secre que el señor ha llamado, que está en un atasco monumental y "se va a retrasar". Bueno, menos mal. Me dará tiempo a desayunar un poco y relajarme. Jo, un poco más y me da tiempo a hacerme la manicura, la pedicura y la declaración de la renta del año que viene. El señor llega a las once y media de la mañana, se excusa diciendo que había un tráfico insoportable (lo sé) y que ha habido un incendio en el puerto de Barcelona (¿es que has venido en barco?). El señor, además, es raro raro raro, y físicamente se parece mogollón al asesino de la peli "El silencio de los corderos", que me da un mal rollo que para qué. Además, no puedo parar de imaginármelo bailando con la polla entre las piernas y no es plan 😂😂😂.

En fin, que el sastre de las pieles me ha desorganizado toda la mañana y mi plan de trabajo, pero es lo que hay. Quiero acabar pronto, porque es Halloween/La Castanyada y he quedado con amigos para cenar. Supuestamente, tengo que llevar algo preparado y no he tenido tiempo ni sé el qué. Así que, cuando salgo, voy a un centro comercial que tengo cerca a mirarme una agenda que necesito y comprar aunque sea unas chuches. Mientras estoy comiendo, cae la tormenta perfecta: se hace literalmente de noche y el cielo se cae. Perfecto, ya mismo conozco a George Clooney y hago el cupo de actores por hoy. Finalmente escampa y decido aprovechar para irme. No he encontrado agenda ni he comprado chuches. Bueno, como voy a llegar pronto a casa...

Cojo el primer bus sin problemas, salvo un yayo que me arrima cebolleta cuando voy a bajar, porque no se puede esperar a que salga del pasillo. En el trayecto de vuelta del segundo, voy charlando en un grupo de wasap que me tiene totalmente absorbida. Es como una secta, no puedo parar de mirarlo y participar... es como un chute de energía, buena vibra y amor en vena. Seis personas, seis amigas, a las que apenas conozco, pero que ya viven en mi corazón. Es así. Me aconsejan y explican cómo hacer unas empanadas rápidas para la cena, así que en cuanto llegue voy al super. Fuera sigue lloviendo a mares, vuelve a ser ya de noche y los cristales del autobús están empañados. Consigo relajarme un poco y me voy partiendo de la risa con una de ellas que "dice" no saber lo que significan estos emoticonos 👉👌, que de la risa que me da, hasta le hago un tutorial en vídeo. Voy sentada al final de todo de un autobús de esos largos dobles, que ya va casi vacío, así que tengo una intimidad que me lo permite. Por cierto, sí que va vacío, sí. Miro por el cristal y veo unas flores metálicas que hay en una rotonda, justo antes de llegar a mi parada... ah, ya llego. Me levanto, haciendo equilibrios, ¿¿por qué gira tanto este autobús si tiene que seguir recto?? Sigo viendo las flores por la ventana. Algo va mal. Está haciendo la rotonda. ¡Mierda! Se ha metido en la autopista... ¡¡está volviendo a Barcelona!! 🙆🙆 Iba tan distraída, que me he pasado tres paradas y ya está dando la vuelta de regreso. Siento una vergüenza tan terrible, que me vuelvo a sentar en el asiento sin decir ni mu. De excursión.

Aviso a J de mi desastre y se lo digo también a las chicas, que por supuesto, se descojonan a mi costa. Intento tomármelo con paciencia y humor. Venga, pues sigo con el móvil. 2 % de batería. Vale, pues leo un rato. Ebook sin batería. Así que me dedico a mirar la negra noche por la ventana, mientras me debato entre partirme de la risa o partirme la cara directamente. Llegamos muy rápido a Barcelona, claro es que ya se han hecho las seis de la tarde y apenas hay tráfico para entrar a la ciudad. En la parada final, el chófer me mira con cara de... "yo te he visto hace muy poco" + "¿te piensas quedar ahí toda la noche?". Así que no tengo más remedio que acercarme y explicarle lo torpe que soy. El señor se aguanta la risa estoicamente. Le digo que no se preocupe, que voy a bajar a comprarme una Coca-Cola porque estoy muerta de sed. También me estoy haciendo mucho pis, pero no tengo tiempo ni lavabo a donde ir. Para rematar, tengo la regla, y llevo puesta mi última compresa.

Unos minutos después, el autobús se ha vuelto a llenar. Me siento junto a un señor de esos que con solo mirarlo dices "este tío trabaja en un banco, en una correduría de seguros o en una funeraria". Joven, atractivo, con un traje impoluto. Lleva una camisa blanca con una fina raya violeta que te apuesto que es nueva. Y cara. Este es como uno que conocí, que para no lavar los calzoncillos, estrenaba unos cada día. Pues este igual, pero con las camisas, para no tener que plancharlas. El trayecto de vuelta se hace eterno. Porque a estas horas la gente no entra a la ciudad, ¡¡pero sí sale!! Y más siendo noche de Halloween. Total, que tardo un huevo. Intento no pensar que tengo mucho pis, pero es como cuando te dicen, no pienses en un elefante rosa. Ya casi llegando, me adormilo un poco, no tengo nada qué hacer y estoy reventada. No me llego a dormir del todo, estoy intranquila, ¡¡¿¿te imaginas que me duermo y vuelvo a ir a Barcelona??!!

En eso que el bus coge una rotonda muy cerrada y se me cae al suelo del pasillo una bolsa que llevo encima con la bufanda, la Coca-Cola y un cuenco para chuches que he comprado (que no tengo chuches, pero sí un cuenco molón de telarañas que pondré vacío). Abro los ojos de golpe y lo primero que veo es el reloj de encima del parabrisas, que pone que son las 23:05 h. Del susto que me pego, casi se me corta la regla. Menos mal que veo al lado la fecha, que también está equivocada, no sé que día de marzo. Recojo la bolsa y veo que ya falta poco para llegar a mi parada. Todos los sentidos alerta para no pasarme. Destapo la Coca-Cola para dar un sorbo y... como consecuencia de la caída, el gas la hace salir a borbotones, ¡¡a explosiones de la puñetera chispa de la vida!! chispas que van a parar entre mis tetas, al respaldo del asiento de delante yyyy.... a la camisa blanca con fina raya violeta del banquero. ¡Tierra trágame! No sé ni qué decir, busco un pañuelo de papel desesperadamente mientras me disculpo. ¿Le froto? ¿No le froto? Él me mira, primero con cara de "¿cómo? ¡no es posible!", después, con condescendencia, puedo leer en sus ojos "¡¡serás gilipollas!!", que me dan ganas de cantarle: "una Coca-Colaaa y una sonrisaaa, la vida se ilumiiiiiina....".

En lugar de eso, cojo el kleenex marrón, la bolsa, el bolso, el abrigo, el paraguas empapado, mis tetas pegajosas y mi compresa a full capacity, y me bajo dos paradas antes de la que me toca, "lo siento, es que bajo aquí". Los rayos de la tormenta de fuera se han metido en sus ojos. Pero yo, divina, como si no pasara nada.

Y nada, a caminar 20 minutos, siendo ya las ocho de la tarde pasadas. Que la única empanada que llevé a la cena, fue a mí misma.