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miércoles, 29 de julio de 2015

Cena de exalumnos: el post.

Qué presión. Hay un montón de gente esperando este post y a mí me está entrando el síndrome de la hoja en blanco... No puede una generar tantos fans... :-)  Vamos allá...

El otro día fui a una cena de exalumnos de EGB, ni más ni menos, que 31 años después. Teniendo en cuenta lo que precedió a la cena (os lo conté aquí), entenderéis que ese sábado estaba de los nervios. Lo primero de todo: ¿qué me pongo? Una cosa tan tonta... Tengo que ir divina, pero informal, que no se me noten los michelines, bueno, disimularlos lo más posible, arreglada, pero tampoco de boda... ¿cómo irán los demás? ¿voy a la pelu? No, es demasiado... Bueno, siempre puedo decir que me he alisado yo el pelo... no, no, pelu descartada. Bueno, a hacerme la pedicura sí, que estamos a mitad del verano y aún llevo las uñas sin pintar...

Promoción EGB 1984 - Las pintas hablan por sí solas

Una de las cosas buenísimas que me ha traído esta cena es recuperar un contacto fluido, aunque sea por wasap, con mis tres amigas del cole: A, P y M  (¡Hostia! Ahora que lo veo escrito, son el APM de TV3... jajajaja...). Les pregunto:

- ¿Qué os vais a poner?
- Ah, yo normal.
- Sí, sí, normalísimas... cuánto más natural, mejor...
- No hombre... hay que ir divinas de la muerte.
- No, no... yo normal, tejanos y una blusa... y plana
- Yo también... falda larga marinera.
- ¡Poneos bien guapas! (dice M, la muy cabrona, como ella no va a venir...).
- Pues yo voy a ir divina.

Y tan divina. Porque soy la única que va vestida de negro discoteca. Todo el mundo va normal, para un evento normal, en un restaurante normal. Ellas, con sus vestiditos de verano tan monos; con bermudas y camisetas, ellos. Yo, parezco la Baronesa Thyssen en Puerto Banús. Sin su dinero, claro. Si quería pasar desapercibida, el vestuario que he elegido no ayuda.

Pero no adelantemos acontecimientos. Quedo con A y P para ir las tres juntas, ya que M, que ahora vive en Galicia, no puede venir porque tiene a su madre convaleciente. Aparte, ¡menudo viajecito! Para una cena, normal que no venga, aunque me hubiera encantado volver a verla. Se nos añade E, que me pide si la podemos llevar. Vamos a un restaurante que está a escasos cinco minutos en coche de mi casa, pero ¡qué cinco minutos más largoooosss....! Voy la primera en mi coche, impaciente porque A va muy lenta, que me dan ganas de bajarme y empujarle el coche... ¿no será que estoy nerviosa? Pues sí. Estoy de los nervios. Tengo miedo. No sé qué me voy a encontrar, ni cómo va a reaccionar la gente. Me siento como si estuviese a punto de hacer un examen muy importante. Un examen que tengo que aprobar. ¿Qué digo, aprobar? ¡Tengo que sacar matrícula de honor! Sigo teniendo sentimientos encontrados:

- no has venido a esta cena a demostrar nada, sé madura, ¡han pasado 30 años! Venga, a disfrutar.

vs.

- quiero que todo el mundo vea que estoy estupenda, que soy divertida y simpática. Que me ha ido bien en la vida, que tengo un marido maravilloso que me adora... ¡Que se jodan por no haberme conocido bien!

Y me río, nerviosa. Y bailo y canto y digo tonterías.

- Buffff.... vale chicas, yo no entro la primera...
- Uy, mira, si ya hay un montón de gente...
- Ay por favor, qué vergüenza... vosotras primero...
- ¡Venga! ¡No seas tonta! Estás supernerviosa...

¿Te has dao cuenta tu también, no?  Y nos dirigimos al porche-sauna dónde ya hay por lo menos 10 o 15 personas. Venga, tranquila, todo va a ir bien. Tú, digna, sin llamar la atención.

- ¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!

Ese grito megahuracanado, ha salido de mi garganta. Mis piernas se han accionado solas (cualquiera diría que tengo fatiga crónica), y me han llevado en volandas a los brazos de M, que la muy capulla ha venido desde Galicia sin decírnoslo, para darnos una sorpresa. ¡Qué ilusión tan grande! ¡Está guapísima! Me abrazo a ella mientras le doy besos y besos, y ella sólo me repite una y otra vez:

- ay, para, para, ¡que me arrancas el pendiente!

Todo muy romántico. Tan romántico como cuando consigo separarme de ella y descubro que TODO el mundo me está mirando, sonriendo, eso sí. La mejor forma de llegar de manera discreta.

- Bueno... hola... os doy besos a todos, ¿eh? (consigo balbucear. ¡Qué frase más inteligente!)

Y voy uno por uno, besándolos y llenándolos de sudor, porque en el porche-sauna dónde estaban esperando debe hacer como 40 grados. Así que, la primera visión que tienen de mí, después de 31 años, es: una bola vestida de negro-gogó y brillantina, un grito de loca, una amiga que se queja de que le arranco una oreja, una cara roja como un tomate, y unos labios y mejillas húmedas y calientes. Genial. Glamuroso que te cagas.

Pero bueno. Esas son la clase de cosas que suelen pasarme. Yo, digna. La gente va llegando. Somos más de 30 personas, todo un exitazo para una cena de este tipo, me consta. Hay gente a la que no había vuelto a ver desde el año 1984, ¡que era otro siglo, coño! La mayoría tienen la misma cara, sólo hay que buscar un poco en sus facciones. Hay algunos a los que no recuerdo en absoluto, y ellos a mí, tampoco.

- ¡Hola!
- ¡Hola!
- Soy Yolanda...
- Y yo tal... pues no me acuerdo de ti...
- Yo tampoco...
Silencio... tic tac... tic tac...

o

- ¡Hola Tal!
- ¡Hola Yolanda!
- ¿qué tal te va? ¿dónde vives?
- tal y tal... ¿estás casada? ¿Tienes hijos?...
- tal y tal... ¿de qué trabajas?
......

y la peor de todas:

- ¡Hola!
- ¡Hola!
- Yo soy Yolanda...
- ¡Claro! Y yo tal...
- mmm... pues no me acuerdo de ti...
- ¿no? si hombre... tal, que tal, y luego tal y después tal...
Silencio... tic tac... tic tac...

Esta última situación me pasa con J, un chico cuya anécdota supera a cualquier anécdota que se pueda explicar de una vida escolar: un día, haciendo gimnasia fuera del cole, o volviendo de una excursión (el escenario exacto es irrelevante), íbamos por un descampado y, de unas cañas, salió un mono que le pegó un mordisco en un gemelo, cicatriz que aún conserva y que nos enseñó.

- ¿Quién es ese?
- J, el del mono
- ah...
- hola, J, no me acuerdo ni de ti, ni de tu mono (dicho con una gran sonrisa. Es mejor ser directa)
- (se ríe) ¡hombre Yolanda! Pues yo de ti, me acuerdo perfectamente...

Y descubro que es un tío interesante, que no suele explicar a la gente lo que le sucedió con el mono, por miedo a que lo tachen de fantasma o psicótico. Le entiendo perfectamente.

Otro de los que no recuerdo en absoluto es a JB.

- Sí, mujer, que era el más guapo de la clase... (pues sería de la A, porque de la B, no)
- ¿No te acuerdas de él?
- No...
- Si hombre... que luego salió por la tele y todo, ha sido modelo... es muy guapo...

Joder. Yo, como siempre en la inopia. Tengo un compañero de clase modelo y ni siquiera me acuerdo de él.

Y esos microencuentros se repiten durante una hora u hora y media, que es lo que tardamos en sentarnos, para desespero de los camareros. Por fin nos sentamos, en una mesa dispuesta en forma de "U", que parecemos una comunión. Por muchos años que pasen, hay cosas que nunca cambian: los chicos por un lado, las chicas, por otro. Los del barrio bien, juntos; los del barrio chungo, juntos también. Echo un vistazo al grupo: en general, las mujeres nos conservamos bastante mejor que los hombres, que han criado algunas panzas y han perdido pelo por el camino.

Me fijo que en la sala hay dos mesas más de comensales, media de edad: 60-70. Pobres, les vamos a dar la cena... Empiezan a traer los platos. Esa noche, es lo de menos, apenas pruebo bocado, ocupada en hablar, hablar y hablar. ¡Cuántas anécdotas! ¡Cuántos recuerdos! Resulta que me encuentro muy a gusto, y eso, no estaba previsto. Lo único que me molesta es la batamanta que llevo en la cabeza, por lo que me maldigo cada 30 segundos por no haberme traído un coletero y así estar todavía más glamurosa...

Anoche, a petición de dG, estuve hasta las dos de la madrugada grabando música de nuestra época en un pen, para que nos lo pongan de banda sonora. Pero resulta que hoy es saturday night en este garito, y el Imserso ya tiene plan... de repente aparece un ¿DJ? entre los 60 y los 70 años, con un modelito imposible, a medio camino entre Paco Clavel y Juanito el Golosina (pantalón rojo, camisa de cuadros fucsia, azul y amarillo), y se pone a cantar y poner música propia de Benidorm en octubre... Claro, como la semana que viene me voy de vacaciones a Marina d'Or, me están ambientando... Nos echamos unas risas.

Baile conseguido, tres décadas después
En algún momento de la noche, el guapo guapísimo oficial de la clase, MG, consigue que pongan un ratito el pen, y, cuando suena una lenta, va y me viene a buscar para bailar... ¡Oh my God! ¡Deuda cobrada!  Porque uno de los recuerdos de la infancia más comentados por el grupo de wasap y durante la cena, es que yo organizaba fiestas los viernes o sábados por la tarde en un garaje que tenía mi padre. Me pegaba el panzón de limpiar, poníamos unas luces de colores, música, ganchitos y Coca-Cola, y nos pasábamos la tarde bailando. Había "momento-lentas", y en ese momento, las feas, siempre las mismas, permanecíamos sentadas en los asientos de la furgoneta de mi padre (que cada vez montaba y desmontaba), mientras mirábamos cómo los chicos bailaban con las guapas.

No tenía ni idea de que eso había causado tanto impacto, pero todos lo recordaban con mucho cariño, como el sitio dónde hicieron sus "primeros roces". Me alegro. No sé que pensará MG mientras bailamos, apenas un minuto. Nos reímos, todo el mundo mira, grita, vitorea... yo, me siento feliz y divertida.

Recordamos cosas del viaje de fin de curso a Mallorca, como que los chicos se colaron en nuestra habitación y uno, con una máscara de gorila (se ve que a nuestra promoción nos iban los monos), me despertó, dándome el susto de mi vida; o que salí de una piscina enseñando una teta sin darme cuenta (ya os he dicho que me pasan esas cosas); que a los chicos les pillaron tabaco y alcohol, que les confiscaron. Que en unas colonias diluviaba como si fuera San Noé, e IV se cayó a un río y un poco más y se ahoga; T, que se cayó a un pozo; la misma IV, que se clavó el hierro de una verja en el muslo en el patio del cole; AC que le pegó una hostia con la mano abierta al MG; la señorita Herminia, que ataba a una silla al JS, que era tremendo... y nos hacía salir al patio a buscar piedras para ponernos debajo de las rodillas, para cuando nos castigaba de rodillas, con los brazos en cruz y libros en las manos... todo muy educativo y muy tecnológico. ¡Qué tiempos!


La noche va transcurriendo, entre un sinparar de hablar y risas, muchas risas. Se respira un buenrollismo difícil de describir. Es como si se hubiese parado el tiempo hace tres décadas, y hubiese sido ayer, que nos vimos por última vez. ¡Hasta ligo y todo! Hay un chico, AA, que dice que no me recuerda para nada. Que qué guapa estoy. Mira, uno con criterio. Está empeñado en sacarme a bailar "El baile de los pajaritos", "Qué viva España" y "La Lambada". Pero me fijo bien, y es que se ha hecho muy amigo de la barra del bar. ¡Qué triste! Pa' uno que me ve guapa, y es que tiene los ojos empañaos... Saca a bailar a todo lo que se mueve, incluida una señora de la otra mesa, a la que ya ha hecho feliz para todo el fin de semana.

La noche sigue en un chiringuito de la playa: risas, confidencias, FM con los calcetines en las orejas, y él y dG, bañándose en bolas. Lo que hace el alcohol. Me voy a las cinco de la mañana. ¡Se me ha pasado volando! Me ha quedado mucha gente con la que hablar, ganas de más. Se ha echado de menos a los que no han venido: AC, IV, FG, RG, CG... Hemos brindado por ellos, y por MR, que murió en un accidente de tráfico cuando íbamos a tercero o cuarto. Ha habido otros que no han querido venir. Después de leer mi entrada anterior en el Blog, algunos/as me llaman valiente, a diferencia de esos que no han venido porque no lo han superado. Yo les entiendo y no me considero valiente. Hay una motivación egoísta en este encuentro, la de pasar página y aprobar el examen.

¿Qué examen? Me doy cuenta de que no me he sentido evaluada, ni quiero demostrar nada de nada. Que me lo he pasado genial, que la gente ha sido majísima, y que si a alguno/a sigo sin parecerle bien, ¡que le den! Me lo he pasado tan bien, que tengo ganas de más. Y al día siguiente miro con una mezcla de temor y nostalgia el grupo de wasap, que tiene una actividad frenética, subiendo vídeos y fotos. Pienso que es cuestión de unas horas que el grupo se muera y la gente se empiece a marchar. Pero más de una semana después, que es cuando estoy escribiendo este post, el grupo se mantiene vivo. Y me descubro con la ilusión de mirarlo cada día, a ver qué mensajes ponen hoy. Y la gente también tiene ganas de más. Y hablan de hacer más encuentros, cenas, barbacoas, fines de semana.

Como dice dG, al que llamamos "el jefe" después del curro de organizar la cena, ha habido un antes y un después de esta cena. Y no se trata de pensar cuánto va a durar este buen rollo o si se acabará pronto, ni siquiera quién te va a acompañar. Como con un buen orgasmo, o una onza de chocolate del bueno: DISFRUTA EL VIAJE.

 
Promoción EGB 1984, en 2015

viernes, 17 de julio de 2015

Cena de exalumnos: el pre.

Es un sábado cualquiera, estoy en la calle, cagándome en la nueva moda de las Shopping Night para fomentar el consumismo, como si no estuviera ya suficientemente fomentado. Está muy fomentado. Exageradamente fomentado, diría yo.


Se me acerca un vecino y a la vez amigo (existen, en serio):

- ¡Yolanda! Oye, ¿te han metido en el grupo?
- ¿qué grupo?  (¿el G8? ¿una secta? ¿soy la nueva presidenta de la escalera?)
- el grupo que se ha hecho de wasap... de cuando íbamos al cole... se está organizando una cena...
(¡¡¡diiiing diiiing diiiing!!! se encienden todas las alarmas) no sé de qué me hablas...
- ¡sí, hombre! ¡Si tú estás en el grupo! ¿No? Yo te he visto... ¿No estás? Sí... ¿no? (típico de los hombres, esa claridad en las ideas y en la exposición oral... me sorprende que no me haya dicho un "eeeh", "aaah") 
- no, no sé de qué me hablas...
- pues el dG, que me lo encontré el otro día y con el MG, y le dijimos, oye, ¿pa' cuando la cena de EGB? y ha organizado un grupo en el wasap con los que íbamos al cole ¡¡¡y se está liando una!!! Hay un montón de gente: la TC, el MG, el MB... (se ríe)  pues ahora mismo te añado...
(¡¡güiiiuuu, güiiiuuu, güiiiuuu!! Esto se pone serio...) bueno... yo... no sé si voy a ir, ¿eh?
- ¿¡Y eso!? (es más una exigencia mezclada con incredulidad que una pregunta)
- mmm... no sé... creo que no me apetece...
- bueno, ¡yo te meto!

Y me mete. Porque meter a alguien en un grupo de wasap es gratis. Y no necesita tu consentimiento. Y me cago en los creadores de wasap. Vaaaale. Me limitaré a observar. Y siempre puedo salirme cuando quiera. Que también es gratis, y tampoco necesita consentimiento.

Rayuela - Juego infantil de cuándo yo iba a EGB

Hay unas 15 personas en el grupo. Y empiezo a cotillear. Abro sus perfiles de wasap para ver las fotos. A algunos los he seguido viendo durante estos años, aunque apenas nos hemos cruzado un hola y adiós; otros, hace 31 años que no sabía nada de ellos. Otros, no tienen foto, o es de un animal, un hijo o una moto, con lo cual, tampoco sé quiénes son. Sé que, en el momento en que les ha aparecido en la pantalla "Se añadió a +34675......" ellos y ellas están haciendo lo mismo, mirando mi perfil. Pues lo van a flipar. Porque no me parezco en nada a la niña que fui. Tal vez me recuerden por el nombre...

Tengo sentimientos encontrados. Por una parte quiero saludar, decir ¡hey, hola, estoy aquí!  Por otro, quiero que algunos se mueran entre terribles sufrimientos. Y es que no tengo precisamente un buen recuerdo de mi paso por la escuela. A mí me hicieron bullying. Bullying del bueno, de ese que, de tan bueno que era, no se puede llamar con este nombre tan moderno e insustancial que recuerda a un restaurante de los caros, sino que era ACOSO. Puro y duro. Se metían conmigo; se aprovechaban de mí; muchos; chicos y chicas; y yo respondía de la peor manera posible: mostrando mi debilidad. Porque la fuerza de los acosadores reside en la debilidad de los acosados. Entonces no lo sabía.

Y no tenía nadie con quién compartir mi tristeza y mi sufrimiento. En esa época nadie hablaba de ello, eran "cosas de críos", y por supuesto, los padres no eran personas pacientes y comprensivas, que asistían a clases de preparación al parto, se preocupaban por tus necesidades y se leían el libro "Cómo hablar para que sus hijos le escuchen...". Ni siquiera te preguntaban cómo te había ido el día. Y si, por asomo, se te ocurría decir que alguien se había metido contigo, te contestaban eso de algo habrás hecho.

He tenido muchos años para pensar sobre ello y he llegado a la conclusión de que, en cierto modo, yo era una víctima fácil: gordita, con gafas, empollona y sensible. Era como si llevara una diana pintada en la frente: meteos conmigo. De hecho, estos días, en el grupo de wasap están subiendo muchas fotos antiguas y, cuando me veo, me digo ¡Dios mío! ¡Si es que, hasta yo misma me haría bullying!  Con esos pelos, las gafas de culo de botella, las faldas escocesas y los calcetines hasta la rodilla... jajajaja... Y doy mil veces gracias a un Dios en el que no creo, de que no existieran en aquél momento las redes sociales. Hubiera sido carne de cañón...

Pero eso no justifica su comportamiento. Ni quiero frivolizar con un tema tan serio. Hay gente que lo pasa realmente mal, gente que se suicida por ello. Hoy en día mi propio hijo sufre un poco de acoso en el instituto, y vuelvo a revivir con él la peor de mis pesadillas. Por eso quiero que se mueran.

Sin embargo, he crecido, creo que soy bastante madura, y además, he hecho un trabajo personal intensivo durante estos 30 años. Sinceramente pienso que ellos, como niños, no tenían la menor idea de cómo puede afectar eso a una persona. No creo, ni por un segundo, que hubiera maldad en ellos, que ninguno fuera un pequeño psicópata. Simplemente, para ellos sí que eran "cosas de niños", divertirse a costa de alguien, en vez de atender a las clases o jugar a policías y ladrones.

Gran parte de lo que soy, de cómo soy, para lo bueno y para lo malo, se debe a mi experiencia traumática en el cole. Aunque no sólo. También ha contribuido en gran medida un padre castrador, machista y poco reforzante al que, a pesar de todo, quiero. Y, cuando me miro, pienso, pues no estoy tan mal. Me gusto. Y compenso mi falta de atractivo físico con una inteligencia supina, una arrolladora manera de ser y un exhuberante sentido del humor... jajajaja...

No. Sinceramente, creo que ha llegado el momento de pasar página de verdad, de reconciliarme con mis fantasmas del pasado y dejar de ver a los adultos que me encuentro por la riera de mi barrio como aquellos críos que me hicieron la vida imposible. Y a medida que pasan los días, me decido a hablar en el grupo, y descubro que son divertidos, que son gente normal, ¡que me tratan normal! (¿qué esperaba, que enterraran una foto mía boca abajo en una maceta en una noche de luna llena?).

Y me doy cuenta de que sí, de que tengo ganas de ir a esa cena, cada vez más. Me apetece mucho volver a ver a las que fueron mis tres amigas de verdad, y a otras muchas personas de las que tengo grato recuerdo. Y me apetece también hablar con esos y esas de los que no lo tengo tanto, porque ya no quiero que se mueran. Forman parte de mi vida, de mi historia, de mi yo. No sería lo que soy sin ellos, sería otra distinta.

Y, probablemente, casi todos son ahora padres y madres, y seguro que entienden que lo que hicieron está mal y sufrirían si les pasara a sus hijos.Y no espero ninguna disculpa, ni quiero ir a esa cena para hacer una catarsis y decirles a todos lo mal que se portaron conmigo y lo mucho que he sufrido por su culpa (sí, sí, reiros, pero me contaron de una cena de antiguos alumnos en la que pasó). Sólo quiero ir, divertirme, reirme y conocer gente nueva, porque, después de 31 años... ¡¡¡coincidiréis conmigo en que es gente nueva!!!

Y sobre todo, sobre todo, sobre todo, por encima de todo... ¡¡quiero ir a esa cena para recoger material para mi siguiente post!! jajajajaja

Deseadme suerte.

PD. También he descubierto que tengo una pesisísima memoria... ¡¡No me acuerdo de la mitad de los nombres ni las anécdotas que explican!!